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«...Habian
transcurrido dos meses y ese dia se habian suspendido los trabajos en el templo
de Jupiter. Sobre la ciudad se cernian negros nubarrones, anuncio de la terminacion
del verano. Los relampagos surcaban el cielo como flechas encendidas y pronto
descargo sobre la ciudad una lluvia torrencial semejante a un muro de agua.
Los
temporales que se desataban sobre Pompeya, al pie del Vesuvio, eran temidos
por su violencia y solian contarse historias espeluznantes al respecto: como
la de Marco Herrenio, el prestigioso concejal, que fue alcanzado por un rayo
y quedo muerto, de pie, en el Foro; de la Drusila, una embarazada a quien
rozo un rayo a consecuencia del cual murio el fruto de su vientre, pero ella
siguio con vida. Tambien se hablaba de rayos que no caian del cielo, sino
que emergian de la tierra pompeyana, que escondia sustancias impuras de la
Naturaleza.
Durante el consulado de Manlio Acilio y Cayo Porcio habria llovido sangre
y leche, en medio de zigzagueantes relampagos, y durante el de Lucio Pablo
y Cayo Marcelo, piedras.
Muchos pompeyanos guardaban pieles de foca, pues se decia que los otarios
eran los unicos animales que jamas eran heridos por un rayo.
Otro de esos cuentos era que el rayo abria los ojos de la persona a la cual
sorprendia dormida, en tanto a la que alcanzaba en vigilia era hallada con
los ojos cerrados. Las victimas del rayo eran las unicos cuyos cadaveres no
se cremaban, sino que se enterraban.
Tales
historias exacerbaban el temor de los pompeyanos ante las tormentas y los
inducia a ofrecer sacrificios a los lares. Como el abandono de la casa se
consideraba un sacrilegio, miraban al cielo amedrentados, explorando la direccion
de los relampagos, pues de acuerdo con la ciencia etrusca los que iban del
oeste al norte, eran portadores del mayor infortunio, y si volvian al punto
de partida anunciaban gran felicidad (un signo que le habria sido propicio
al gran Sila) |
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«...En
aquel momento, la tempestad comenzo cernirse sobre ellos. El sordo retumbar
de un trueno les anuncio la lucha de los elementos: en un abrir y cerrar
de ojos, se amontonaron sobre sus cabezas grises y siniestras nubes, que
fueron surcadas por el rayo en todos sentidos
Lo repentino de las tempestades en aquel clima tiene algo de sobrenatural,
y las supersticiones de las primeras edades pudo ver en ello el efecto de
una potencia divina, sin que tal cosa le admirase...»
Bullwer
Lytton
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Pompeya
parecia desierta. Hasta los perros y los gatos que por millares formaban parte
del paisaje de la ciudad, permanecian ocultos en sus cuevas. Las angostas
calles anegadas semejaban arroyos en los que los transeuntes se hundian hasta
la rodilla, y solo sobresalian los sillares colocados para vadearlos.
De repente, se hizo noche cerrada y amaino la lluvia. Solo caian algunas esporadicas
gotas aqui y alla, que chasqueaban sobre el suelo como huevos de pajaros arrojados
por un cucu fuera de un nido ajeno.
Afrodisio volvio a sentir ese inexplicable apremio que desde hacia semanas
lo empujaba hacia las ruinas del templo.
Escoltado
por su guardia personal se encamino al Foro. Formaban una silenciosa procesion
que avanzo por la penumbrosa via Consularis y a lo largo de la calle de las
Augustales hasta el santuario destruido., El ocasional relumbron de los relampagos
iluminaba de vez en cuando las casas con una luz vivisima.
Afrodisio
se detuvo a la espera de otro relampago que iluminara las columnas truncadas
del portico. La mayor parte de los escombros del zocalo, que tenia la altura
de un hombre, habian sido removidos y solo sobresalian aun algunos muros aislados.
La reconstruccion del templo llevaria muchos años y tal vez habria
cinco o diez cambios de duunviros hasta que el santuario de Jupiter volviera
a brillar con su antiguo esplendor...»
Philipp
Vandenberg, "El pompeyano", cap. VIII |
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