Cosas de la diplomacia y los diplomáticos
I. José López Portillo. 1988. Mis Tiempos,
Vol. II (p. 963, anotación del 29 de mayo de 1980)
En Suecia, confirmada región de Selma Lagerlof y Axel Munthe, lo más dramático desde el punto de vista humano es el Rey. País espléndido que pasa por etapa dura de la que sin duda saldrá poniendo a prueba todo su potencial. Pierden competitividad. Son pocos pero grandes. Gran país con triste porvenir. Tengo la impresión de que ya llegaron a su cumbre y su mérito será mantenerse en ella y no resbalar.
El Rey y la
Reina dos desamparadas figuras símbolo de gala y ceremonia. Ella una bella
mujer inteligente y suavemente femenina. Se le ha metido al corazón de los
suecos, que la quieren a pesar de ser germanobrasileña. Pero fue una mujer que
trabajó más de cinco años de su vida, sabe actuar y le ha insuflado vida al
enternecedor Rey que cada vez que se ríe se le caen a pedazos las rigideces de
su rostro como si fueran de escayola. No sabe reír. Hace una mueca rara. Nunca
termina una frase. Dice saber pocas cosas y tiene el grave complejo de ser
nadie y así me lo dice paladinamente, cuando le comento que yo como Presidente,
soy Jefe de Estado, de Gobierno, del Ejército, del Partido, durante seis años y
después seré nadie y él me dice amargamente: "Yo seré nadie toda mi
vida". Conmovedor.
La Princesa no sé qué (esposa del tío del
Rey que lo formó y fue Regente), una deliciosa y alegre señora de edad, que
parece hada madrina y con la que hago excelentes migas.
El palacio vivo. El país lleno de agua. Gente buena. Igual Canadá. Auténtica democracia y conciencia cívica. Agua como insumo. No hay países desarrollados que no tengan agua en abundancia. Es lo único que no se puede importar. Sin agua no hay progreso sólido.
Trudeau inteligente, fino. Agradable. Pendiente
para más adelante. Buenas reuniones, buenas conversaciones. La tesis y el
análisis sobre el Caribe montado en procesos simultáneos de colonialismo y
descolonización, áreas de influencia y hegemonismo, con sus alternativas
represivas en cuanto al orden, no garantiza la quietud norteamericana, fue bien
entendido. El Gobernador bien. Regreso bien.
Aquí y hoy me encuentro con el gran lío de los
maestros de Oaxaca. A partir del error de no pagarles, levantan banderas en
torno a los controles del SNTE que capitanea Jonguitud. Hay una parada
permanente de niños y hay diálogo pero también tensión.
Todo
parece indicar que todo se suspende cuando está ausente el Presidente y en
cuanto llega, se desatan otra vez las presiones. En fin. Así es esto.
WashingtonPost.com: Latin America http:/ /washingtonpost.corn/wp-srv/interact/longtem/horizon/010897/lamerica.htm
During a visit to Latin America in 1982, President Ronald Reagan toasted "the people of Bolivia" at a state dinner. The only problem was that he was in Brazil at the time. He attributed his slip to the fact that Bolivia was his next stop. Actually, Colombia was his next destination; Bolivia wasn't even on the itinerary.
On his way home, Reagan was asked what he had leaned from his five-day swing through South America and Central America. "you'd be surprised," he said. "They're all individual countries."
Well ...maybe. Or it could just be that the then-president, like many of his countrymen, was confused because there are too many "individual countries" down there.
For
many North Americans, Latin America is a crazy quilt of strangely named
countries whose inhabitants speak Spanish and eat tacos--an extension of
Mexico, which serves as a prism through which all Latin culture is viewed.
This is not
the kind of generalization that people tend to make about Europe. Every body
knows the difference between French and Germans, between Italians and Irish.
But how many gringos can tell a Uruguayan from a Peruvian?
This
unfamiliarity with the landscape and people south of Mexico has practical
consequences for Latin Americans. Because there are so many countries (20 of the
35 countries in the Organization of American States are cultura11y Latin) and
many of them are so sma11, their governments find it difficult to be taken
seriously in world affairs. South America tends to be the last place that U .S.
presidents and secretaries of state find time to visit.
Let's face
it. Latin America is the Rodney Dangerfield of geopolitics. Or, as Henry A.
Kissinger has been quoted as saying in reference variously to South America,
Argentina and/or Chile: "a dagger pointed at the heart of
Antarctica."
Is there anything that Latin Americans can do to raise their profile on the world stage?