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La pareja masculina y la intimidad por: Mario Luis Heredia Filio Lic. en Psicología
Amar implica la capacidad para estar solo sin sentirse solo. Necesitar a otra persona solo por compañía significa dependencia, no amor.
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Uno de los factores que motivan al hombre al establecimiento de relaciones intimas y constructivas ya sea con los demás o con una persona en especial para constituir una pareja, es el rechazo a la soledad; sin embargo la solución es mucho más complicada de lo que parece, ya que el sendero a la intimidad esta lleno de barreras producto de la cultura del individuo, de sus necesidades y temores personales.
El desarrollo y supervivencia de la pareja tiene un futuro desolador cuando uno o ambos integrantes de ella han experimentado sentimientos de desconfianza, de aislamiento y de rechazo o han desarrollado mecanismos protectores indebidos de retiro y de introversión.
Las relaciones intimas, profundas y satisfactorias entre amigos ofrece un gran sentido de bienestar, pero cuando se establece una relación entre dos hombres o dos mujeres, puede provocar la necesidad de una mayor intimidad, la cual en una relación amorosa representa un fuerte potencial de gratificación.
La intimidad no representa sólo "estar juntos", sino el establecimiento de un vínculo emocional, lazos afectivos, una preocupación mutua, responsabilidad, confianza y comunicación, es decir, un intercambio franco de información sobre acontecimientos emotivos significativos.
De acuerdo a las investigaciones en este campo, existen dos requerimientos básicos para la evolución de la intimidad: el tiempo y la privacía, ya que proporcionan la oportunidad del desarrollo de sus cinco componentes primarios que son: Selección, reciprocidad, confiabilidad, mutualidad y gozo.
La selección se refiere al proceso mediante el cual dos personas se encuentran, se gustan, establecen posibilidades para formar una relación más cercana intercambiando ciertas confidencias.
La reciprocidad se desarrolla cuando cada parte de la pareja confía, comprende y otorga en igual forma a la otra. A medida que cada uno reconoce que las respuestas del otro son consistentes, se comparten sentimientos más profundos.
La confiabilidad surge a medida que aumenta la confianza de ambas partes. Se experimenta el gozo cuando dos personas están colocadas recíprocamente en un ambiente de seguridad afectiva y confiable. Esto encierra el concepto de mutualidad también. Si la intimidad se desarrolla y persiste a través de los años, ni los trastornos físicos graves, ni el envejecimiento, ni la reducción del potencial sexual y ni siquiera la infidelidad destruirán esa relación.
Una barrera contra la intimidad es la ira. Los pleitos y discusiones constantes y los esfuerzos de uno o ambos miembros de la pareja por recordar quejas o resentimientos del pasado, con frecuencia conducen al desgaste de la relación amorosa. En contraste, las palabras bien escogidas y los intentos de ambos miembros por reconocer los aspectos positivos de la relación generalmente conducen a una comunicación más eficaz y menos defensiva y son mucho más efectivas que el abuso del lenguaje y la agresión.
El temor también obstaculiza la intimidad, primordialmente el temor al rechazo, se teme la posible humillación pensando que pueda aparecer estúpido, débil, o carente de todo valor algún integrante de la pareja. Se manifiestan opiniones que no se creen y emociones que no se sienten porque pensamos que eso es lo que acepta la persona que nos interesa. Se trata de impresionar a la pareja en lugar de relacionarse con ella. Como resultado final no sabemos quienes somos en realidad, ni tampoco lo saben los demás.
Muchas parejas piensan que han logrado al intimidad por que están juntas constantemente, pero esto no significa compartir sentimientos verdaderos, que provienen del aprendizaje de confiar recíprocamente. Lo que han logrado es el alivio temporal de los sentimientos de soledad. Lo que realmente sienten es la cercanía física de uno al otro basada en una posible atracción sexual.
En la intimidad dos personas están constantemente diciendo una a la otra, sin palabras: "gozo contigo en tu totalidad y te deleitas en mi y puedo y deseo y quiero expresar este gozo en tales y tales formas". Las gamas individuales de sensibilidad, la cognición de sí mismo y la emotividad varían enormemente. Mientras más se asemejen en estos aspectos dos personas, mayores serán las oportunidades de que evolucione una verdadera intimidad.
Otro aspecto importante es el conocimiento del concepto amor, algunos emplean la palabra amor con tanta libertad que tiene escaso significado, otros la recubren con un valor tan especial que nunca pueden llegar a decir con honestidad "yo amo". Todavía otras personas consideran a la palabra como un compromiso irreversible hacia otro semejante y se asustan por la grandeza del mismo y por las responsabilidades involucradas; no sólo evitan mencionar la palabra sino también rechazan inclusive los sentimientos amorosos más superficiales.
El amar implica la capacidad para estar solo sin sentirse solo. El necesitar a otra persona sólo por compañía significa dependencia, no amor. El hallar las necesidades emocionales legitimas de otra persona es un asunto bastante diferente al de tratar de resolver sus problemas emocionales. El llenar los vacíos de uno a través de otra persona, en lugar de desarrollar los recursos propios, es colocar a la otra persona en un nexo esclavizante. En el amor maduro la sensibilidad a las necesidades de los demás es constante y uno se entrega sin egoísmo con el fin de enriquecer la vida del otro semejante.
Se han descrito varios tipos de amor, uno de ellos es el amor romántico, que se identifica como un fuerte nexo emocional a la otra persona, una tendencia hacia la idealización y una marcada atracción sexual. Otro seria el amor donde la pasión ha evolucionado a sentimientos más profundos de espiritualidad, de respeto y de contentamiento. En la descripción del amor es interesante e importante describir los niveles de amor. El primero se llamaría sentimentalismo, está muy limitado debido a que enfoca el amor sobre el ego con la cognición de los propios sentimientos. Está centrado en las necesidades del amante, no en las necesidades del amado. Puede significar simpatía para el otro semejante, pero no involucración, ya que el amante continúa preocupado con sus necesidades, temores e inseguridades.
En un segundo nivel, el amor ha surgido por arriba del sentimentalismo a través de una cognición creciente del yo y de los demás. El compartir y el querer se desarrollan, emergiendo en hechos, no simplemente en impresiones. El siguiente nivel es la involucración, el producto del cariño y del saber compartir. Se ve lo que se necesita y se desea ofrecerlo inclusive con gasto de energía considerable. Otro nivel es la dedicación, cuando el ser amado, es tan significativo, que el amante desea entregarse al amado dedicando seguridad y bienestar. El ultimo nivel seria el compromiso, el cual implica el intelecto, las emociones y el cuerpo, en donde la pareja se entrega teniendo como base el crecimiento de su relación.
En el amor se realiza la paradoja de que dos se hagan uno y no obstante sigan siendo dos. Para que el amor perdure debe mantenerse la individualidad, aunque nutrida por el calor y la aceptación del otro, cada integrante de la pareja debe preservar su independencia y estimularla, de manera que el potencial de cada uno pueda desarrollarse.
Entendido así, el amor es la más noble profesión que el hombre pueda ejercer jamás.