Lo que debes saber sobre las nalgas.

Atracción trasera
Las preferencias por la forma y el color del trasero están bastante influenciadas por la cultura. En Occidente, por ejemplo, resultan más estimulantes los traseros de tamaño medio con forma de guitarra y con un tono de piel rosado o moreno. Sin embargo, los árabes prefieren los glúteos redondos abultados y de piel blanca; y los bosquimanos del Kalahari enloquecen con los de dimensiones desmesuradas.
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Los dos hemirferios suaves, carnosos y bamboleantes que forman nuestro trasero nos sirve para movernos y sentarnos y son también una valiosa señal libidinosa para hombre y mujer. ¿Por qué? |
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Del latín culus. Nalgas, "carne mollar que, en las personas y en ciertos animales, está situada en entre la parte final del espinazo y el nacimiento de los muslos". De este modo define el culo el Diccionario de la Real Academia de la lengua. Una definición precisa pero a buen seguro insuficiente para describir la masa muscular más importante de la anatomía humana, un depósito inagotable de energía del que echa mano el organismo cuando menguan las reservas de combustible.
Los dos hemisferios carnosos que asoman en la parte posterior de la pelvis son además, un alarde de anatomía. Hacen las veces de mullidas almohadillas para que permanezcamos cómodamente sentados y su potente musculatura permite que nos levantemos, que nos mantengamos de pie, que movamos y crucemos las piernas y que caminemos.
Pero sobre todo, el trasero es un instrumento infalible de seducción.
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"Aprisionado en unos pantalones; ajustado en una falda; transparentando su masa bamboleante bajo el tejido sutil, el culo habla y dice: '¡Sigueme!', y la mirada al menos, lo sigue" |
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Protección para el tramo final del aparato digestivo
En realidad este poderoso objeto del deseo no es otra cosa que una masa musculosa formada por tres músculos: en el plano superficial, el glúteo mayor; en el plano medio, el glúteo mediano, y en el plano profundo, el glúteo menor.
Los glúteos mayores son los músculos más grandes y potentes de nuestro cuerpo y los que proporcionan un buen almohadón para sentarnos. También son necesarios para enderezarnos cuando estamos agachados, pararnos si estamos andando y subir cuestas empinadas.
Injustamente se ha designado el trasero como el lugar donde la espalda pierde su casto nombre, al considerar la función fisiológica de la defecación como algo sucio, indecoroso y que hay que ocultar. Nada más lejos de la realidad. Las nalgas constituyen una protección perfecta del tramo final del aparato digestivo. Si el ano estuviera en otro sitio es probable que desprendiera un hedor insoportable. El repliegue que forman los glúteos hace las veces de la tapadera del inodoro, pues impide que se escapen los olores.
Los glúteos y la zona anal tienen un alto poder erógeno, ya que son especialmente sensibles y, por ello, susceptibles de provocar placer. El trasero no es sólo un deleite para la vista, sino un reclamo para las caricias.
No hay que olvidar que el ano está profusamente inervado y es muy rico en vasos arteriales y venosos. Esto hace que bastante gente tenga mucha sensibilidad en la mucosa anal y anorrectal.
Desde el punto de vista fisiológico, los circuitos neurológicos que conducen el estímulo anal a la medula sacra (el lugar desde donde se envía el estímulo sensorial al cerebro) son idénticos a los circuitos vaginomedulares.
En la actualidad las formas voluptuosas son por lo general rechazadas. Actualmente se aspira a tener las posaderas como las que exhiben los modelos en las pasarelas, es decir, se valora más un traserito discreto, firme y moreno que uno fofo, pálido y con una gruesa capa de grasa.
Colita limpia, Colita sana
En la higiene corporal, la limpieza del ano es la que más descuidamos y la que peor hacemos.

La correcta limpieza del ano resulta fundamental para mantener el trasero sano. Las infecciones causadas por hongos son frecuentes tanto en las personas que abandonan su higiene como en aquellas que la cuidan en exceso, ya que el constante lavado del ano destruye o debilita las capas y mantos que protegen el ano de infecciones.
La limpieza del ano debe hacerse exclusivamente con agua y jabón.
A las personas que manchan habitualmente la ropa interior con restos de excrementos se les recomienda que no se limpien con papel higiénico, sino con toallitas húmedas de bebé. Estas hay que introducirlas en el esfínter y repasar con cuidado por la zona perianal.
Precauciones para una práctica sexual
Su mala práctica puede provocar lesiones en esa región anatómica.
Para los sexólogos, el coito anal es una alternativa saludable a otras prácticas sexuales.
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