
Silsh
Silsh (Silvia Spinzzola),
nace en Argentina en 1958. Ha sido publicada en Libertad
bajo Palabra: antología de Vigilias (Argentina) y en IV Antología
Sensibilidades (Madrid-Argentina).
Mención de honor en el "26º Certamen Internacional de Poesía José Pedroni- ACEBAL" (Santa Fe-Argentina). Participante de
"Arte Poética 2003: Jornadas Nacionales de Poesía Comunal" (Mar del
Plata- Argentina) y en el "IV Congreso Internacional de Poetas y
Escritores de San Marcos Sierras 2003" (Córdoba-Argentina). Su sitio web es: http://silsh.webcindario.com.
POR
PLACER
Espasmódicamente
abierta en sus mitades
la mano se desliza
caricia de papel aniquilado
temblor ante lo ignoto
se apresura la piel
hasta aferrar el verbo
mordisquear despacito
aligerar el pulso
vuelta hacia atrás
recomienza su labor
se eriza
escribe en libertad
atada al fondo de su médula.
JUEGO DE SOMBRAS
Cabalga por tableros
se confunde
ciego a los pliegues
de reina cenicienta
cortesana del
arte.
Lo distrae un enroque
sobre el mármol bicéfalo
de piezas en
marfil.
Sin jaque o mate inclina
trofeos para el juego
con magias al trasluz.
Ella esconde su blanco
y de negro
se viste
por peones que mueren
detrás de alguna torre
donde descansa el rey
perdido
en las tinieblas
del silencio.
AÚN LLUEVE
Estábamos los dos
en carne viva.
El duelo ya sin
armas
era estaca en pedazos.
Una calma
entreabierta
debatía las sombras
y la lluvia
(esa
lluvia con su cofia de otoño)
salpicaba zaguanes.
Sé que buscaste
entonces
caricias entre líneas.
Que rozaste
impaciente
el reloj del abismo
y un suspiro de luna
apartó los espejos.
Pero aún llueve
(pendular
monótona viciosa)
con hebras de cristal.
Cercada por
la noche
supe
porqué el gatillo
se suspendió irascible
entre tus manos sordas.
Acomodé las huellas
debajo del ciprés
e impaciente de ausencias
desacuné cansancios.
Pero llueve
como si el universo abriera
sus fauces sin colmillos
por tragarse el océano.
Se fraguan las
cenizas
se erigen puentes turbios
y los ojos se añoran
y los dedos se escapan
y la lluvia no cede.
PUDIERA O PUDIESE
Pudiera ser
que en el declive manso de
los días
alguna hilacha
quedase en los bolsillos
o un papel arrugado
entre las prendas
-minúsculas señales sin ruptura-
nos pudiese acercar
al tiempo del amor
que duerme en los cajones.
Pudiera ser que una tarde
el destino nos
cruzara en el atajo
por donde escurren huellas
de olores que reinciden.
Tal vez
sólo un segundo
de rabia en la
nostalgia
pudiese derrotar tantos
recuerdos
y así
pudiera ser que en el camino
nos despidiéramos al fin
como quien mira
los últimos peldaños de
la vida.
Pudiera ser que la memoria
se detenga
si no pudiese soportar
el infinito goce
del
reencuentro.
EN FUGA
Huyo de lo
perverso / lo dócil
de los amores dudosos
de miradas que no miran
más allá
del borde de sus pies.
Y me salgo del espejo
para dejarme ser
libre
de ternuras / con dolores
traviesa / bestial / humana.
DESDE LOS TALONES
Me gusta verte
apoyado
en tus talones
cuando bajás
hasta la línea
donde miran
los ojos
de tu niño.
ALGO SE VA GESTANDO
Algo se va gestando en los zapatos
trepana la vergüenza por los huesos
hace implosión
en la codicia de las tripas.
Un presentido anuncio
despeina el tiempo laxo de su sueño
irrumpe por rincones
hasta vaciar el ciclo.
Gira su elíptica agonía cotidiana
por abrir las sentencias
en estadios cóncavos
que aguardan por el hombre
en carne viva.
DONDE ME ESPERES
Allí donde me esperes
asomará adolescencia en los bolsillos
del delantal que esconde la sorpresa.
Me crecerán violetas en el pelo
mariposas
derramarán colores imposibles
mojándonos de estrellas sin paraguas.
Será la noche
quien descienda a los suburbios
del filo de la copa
sometida al roce de burbujas.
Y sabrás
del sabor a pimientos
en los labios desnudos
al sazonar la aventura cotidiana.
Junto al horno
que cuece nuestros cuerpos
amasados de magias pendulares
aprenderemos del sosiego
en este oficio compartido de rutinas.
Allí donde me esperes
rescribiré
mi ideología entre tus
brazos.
PALABRAS A DOS AGUAS
Sobre el techo a dos aguas entre tejas bermellón
me he quedado columpiando en bisagra que cruje en las rodillas con las manos en
anzuelo para atrapar hilos de espuma-escarcha-brasa-piedra que regalan las
palabras cuando se anudan al hablarnos de puntillas desde el centro de la raíz
que en trompo gira en infinitos recorridos de labios túneles por vías sin
andenes de estaciones solitarias multiplicadas de rostros sin más gesto que el
de la soledad a contramano cruzando avenidas sin ver al obelisco que grita para
ser reconocido por aquellos que jamás serán turistas al quedarnos atados a esta
bruma porteña sin salida abierta a la boca del océano donde la marea nos
devuelve trozos de humanidad con sabor a exilios que no cortan piolines al badajo que en pactos íntimos golpean las horas para anular
el espanto sin estrellas o estrellatos de miel o trementina por donde la
palabra se reabre se siente se conciente en cincuenta pares de ojos que
descubren infinitas curvaturas en los trazos que la tinta despliega en el agua
que no disuelve que no destiñe que no se aparta de las líneas de papeles
limitantes que suman afluentes sin restarles su artificio impredecible por
unirse en infinitas voces que salen de los rostros de la unidad que habitan
hasta alcanzar la rebeldía de mis manos.
DICEN
Dicen que me buscaste en los rincones bajo jazmines vestidos de
septiembre mientras ardían holocaustos por los ríos. Que ofreciste rescate por
mis ojos y una pasión rotunda por mi boca.
Que provocante la tarde creció entonces por maniatar los bordes de la duda,
mientras adormecías al eco en los suburbios de la noche. Que
estableciste puntajes al suicidio hasta burlar la finitud frente al
espejo.
Que un feroz aluvión de madrugadas pudo tapar con cenizas tu
cabello a la espera de un puñado de ilusiones.
Dicen que vas dejando marcas en la corteza de los árboles. Que
cambiaste calendarios a las flores por no saber que hacer para encerrarme entre
lanzas de acero y azulita.
Que hay lluvias que cercaron mi música junto al declive de
balanzas certeramente infieles. Que sobornaste a la luna cuando te dio la
espalda con su cara más triste junto al muelle. Que la espiral antigua con
sabor a esperanza, trepó por tu dorsal hasta encenderte en la espera peculiar
de lo negado y cien rayos partieron tus arenas hasta licuar el sol frente
a las olas.
Dicen que regalaste tus proyectos al no encontrar timón que los
sostenga mientras la bruma dejó rastros en los labios, envilecidos por
una brújula sin norte de palabras. Que aún quedan caricias
entreabiertas al lenguaje por no haber sido profanadas ante la terca
rebelión de la distancia.
Dicen... que aún me estás nombrando. Pero sé que malvendiste cada sueño
en el costado sepia de un verano.
Preparado por
Alberto Martínez-Márquez