POETA INVITADO

 

 

 

 

SALVADOR VILLANUEVA

 

 

Nace en Arecibo, Puerto Rico, en 1947.  A comienzos de los años de 1970 fundó la revista Ventana, junto a José Luis Vega.  Fue fundador y director de la revista En el país de los tuertos.  Publicó en varias revista bajo los seudónimos de Ricardo Garúa y Arturo Cadalso.  Ha publicado Poemas en alta tensión (1974), Expulsado del paraíso (1981), Fin (1987) y La comatosa noche/Libro de los delirios (1989).  Su poesía figura en Inventing a Word: An Anthology of Twentieth Century Puerto Rican Poetry (1980), Antología de poesía puertorriqueña. Tomo IV. Contemporánea (1993) y Literatura puertorriqueña del siglo XX (2004).

 

 

 

LO QUE SOMOS

Somos ese pez que nada contra la corriente

ese oscuro milenario que clama desde su noche     tenebrosa

somos una sombra

         un jilguero fatal

somos dos veces el alma

         la consecuencia

                  el empedrado

somos desde el fondo de los siglos

         el ave torturada

         el hilo conductor

somos sin cesar

         la fuerza

                  el músculo

                  el biento que circula

matándole a la noche

         sus ojos de crueldad.

 

 

 

 

 

Aquí estaré

renegado

desdeñoso

regañadientes

yo amiba

coliflor

aquí estaré

hasta que salga el sol

a media noche.

 

 

 

 

 

El templo está lleno de sangre

un orificio está lleno de sangre

nuestros brazos son aspas llenas de sangre

los niños construyen su montoncito de sangre

el mundo es una aurícola congestionada de sangre

dondequiera nos nace un lunar de sangre

nuestros suspiros son de sangre

el sudor es sólo sangre

un brindis es un acto de sangre

la vida del hombre es un solo y continuo camino de sangre.

 

 

 

 

CINCO PREGUNTAS PARA UN SUPLICIO MAYOR

 

¿No serás tú la fea

y yo el más bellos de los dos?

¿No serás tú el problema

y yo la brillante solución?

¿No serás tú la carencia

y yo la abundancia o el don?

¿No será tú la fría

y yo el cálido siempre y en flor?

¿No será que hoy tengo ganas

de un impotente y definitivo adiós?

 

 

 

 

 

Estuve masturbándome

toda la mañana

con los versos

de Parra,

con los versos

de Borges,

con los versos

de Constantino Cavafis,

con los versos

de Oliverio Girando,

con los versos

de Fernando Pessoa,

 

hasta que salió sangre

por la chimenea.

 

Estuve leyendo

toda la mañana

el clítoris

de Pamela,

las nalgas

de Isadora,

los senos

de Clotilde,

la abrumadora selva

de aquella cuyo nombre

no me fue dado conocer

y que distingo ahora

por el mote de

“la de la linda sonrisa,”

 

hasta que la chimenea

hizo su entrada triunfal

en el campo de batalla

y entonces hubo paz

y el cuerno advino en río

y el babote de sangre

en lago verde y cristalino

y arriba el sol

con sus deslumbrantes matutinos

y abajo esas siluetas

esa embriaguez de letras

fornicantes

y esas zonas de cuya mística

de algún modo se ufana

este poema.

 

 

 

 

 

Amargado

muy amargado.

 

En este vergel no fue posible otra rosa.

 

 

 

 

 

REUNIÓN IDÍLICA

 

Yo, el que anda siempre por las nubes

Yo. el que cualquier día se le olvida la cabeza

Yo, el que no tiene ambiciones

Yo, el devastado por la brisa

Yo, el complicado

Yo, el que vive tenso como un pene en estado de erección

Yo, el de los raros desquites con el sexo

Yo, el lóbrego sin alas

Yo, el animal que repta que funde su plácida bombilla

Yo, el muy jocundo lanzado como un grito al centro de la noche

Yo, el que celebra de igual modos las alzas y bajas de la sangre

Nosotros, incendiamos el mundo a su momento.

 

 

 

 

 

EROSMANÍA

 

El sexo es todo.

Mi relación con el mundo

ha sido puramente erótica.

El sexo hace girar las amapolas,

hace posible reír a lágrima viva,

llorar muertos de la risa.

El sexo es infalible,

nos permite ver tras de los muros,

en la costra de los días.

Todos mis descubrimientos

los he hecho en momentos en que he estado

arrebatado por el sexo.

Cuando prosterné ante la trágica belleza de las cosas,

cuando canté o blandí mis armas más secretas

e hice bien o mal

les juro que estaba arrobado por el sexo,

poseído por el sexo,

erecto como un sexo.

 

Hasta la revolución la vi venir toda manchada de sexo.

 

 

 

 

FIN

Escribí como un búho en la penumbra,

secreto y clandestino.

Escribí llevando el tiempo,

la ceniza de sueños ya maduros.

Escribí con otra piel, con otro nudo.

Escribí como un animal salobre y disgustado.

Escribí ásperas ruinas, paisajes desolados.

Escribí como si al término

o también como su al fin y al cabo…

Escribí: Aquí estoy, entre tantas cruces

y tanto peso muerto.

Escribí con un humor diabético,

gloriándome de escombro y de canalla.

Escribí, escribí, escribí.

Desaparecí.

Fui un oscuro fantasma momentáneo.

Pero es mío el tiempo de las apariciones.

 

 

 

 

 

UN OJO PERMANENTE ES LA POESÍA

 

Todos los días recorro distancias increíbles.

Pienso en la justicia de mis propias convicciones:

Si es verdad que mayo es una botija de agua ardiente.

Reviso en original a mi consciencia.

Evoco pétalos que nunca fueron,

También momentos en que he sido bárbaramente feliz

Como una copa de flores matutinas.

Todos los días revuelvo un panorama de estrellas indecisas.

Me exijo yo mismo el rigor de las abejas.

Construyo sombras, gredas, manos

y deltas de ríos colosales.

Todos los días del hombre es mi palabra.

 

 

 

 

 

DELIRIO SEXTO

 

Ahora

voy hacia

acá.

 

Ahora

entro en

mis salidas.

 

Ahora

salgo para

adentro.

 

Ahora

me subsumo,

me aniquilo.

 

Antes

y después,

desaparezco

en todas

esas

direcciones.

 

 

 

 

 

DUODÉCIMO DELIRIO

 

Desaparecer

calcinado

por esta

forma

magra

del poema

es un acto

de salubridad

inconmensurable

en

un mundo

hediondo

de

palabras.

 

 

 

 

 

DELIRIO POR UNA MUERTE MÁS

 

Me esperan

la orina abundante

y espumosa,

las piernas tumefactas,

los cráteres idiotas,

el riñón

loco de percance,

el cuerpo

edémico y umbrío,

las uvas del delirio,

la comatosa noche,

el corazón en huelga

y la muerte

que nada tiene

de extraordinario.

 

 

 

 

 

Mientras contemplo

esa imagen estridente y agresiva

que tanto me gusta

y cavilo sin discordia

que hoy mi humor,

es laxo y diluido,

suave y cansino mi talente,

mientras desplazo con descuido,

abandonada y errátil la mirada

y juzgo vago el cuerpo,

el ánimo pesado,

mientras concurren

tranquilas derivaciones,

suasorios los recuerdos;

mientras estas pequeñas

e insignificantes cosas suceden,

quizás alguien

puede estar ya reclamando

mi cadáver

mientras yo sigo y paso

y hago lo que inevitablemente

habré de hacer

como quien no quiere,

con esa clara claridad,

con esa brisa dulce

con la que me finjo

el desentendido.

 

 

 

 

 

Anoche hice el ridículo.

Leí mis versos a una turba

de insensatos.

Hoy he querido estar solo

para reflexionar.

 

 

        Preparado por Alberto Martínez-Márquez

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