
SADÍ ORSINI LUIGGI. Nacido en Utuado,
Puerto Rico, en 1938. Cursó estudios de
literatura en la Universidad Interamericana de San Germán y la Universidad de
Puerto Rico en Río Piedras. Hizo un doctorado en Educación Cooperativa en Clayton University en Missouri,
Estados Unidos. Asimismo, realizó estudios en la Escuela Cooperativa de
Checoslovaquia. Junto a Reinaldo Silvestrí fundó la
revista Llantos y Risas (1959-1965), que
aglutinó a escritores como el periodista y humorista Luis H. Echevarría, el narrador Edilberto
Irizarry, el poeta y pintor Adrián Nelson Ramírez y
la poeta y crítica literaria Iris Zavala, entre otros. Ha publicado dos poemarios: Lamento negro (1964) y El renacido (1967). Tiene a su haber dos novelas: Los integrados (1965), El encubierto (1972) y El obispo, todas las noches (Premio del
Ateneo Puertorriqueño, 1984; publicada en 1993). Su Canto
al Cemí (leyendas y mitos taínos), publicado en
1974 y reeditado en 1993, es uno de sus libros más conocidos y celebrados por
la crítica y el público lector. A raíz
del primer “Encontronazo de poesía joven puertorriqueña,” que tuvo lugar en el
Ateneo Puertorriqueño del 21 al 23 de marzo de 1972, Orsini
decide establecer junto a otros jóvenes escritores la Fundación Nacional de Arte y Literatura Puertorriqueña (FUNDALP),
la cual fue constituiría como editorial alternativa el 8 de julio de ese mismo
año. En torno a su poesía, ha escrito la
afamada estudiosa de la literatura puertorriqueña, Doña Josefina Rivera de
Álvarez: “La poesía de este escritor, al
igual que su obra narrativa, evidencia intensos sentimientos de afirmación
patria y de identificación con la causa del hombre que lucha para liberarse de
las opresiones varias emanantes de la irracionalidad y la injusticia. Así se manifiesta en los versos de Lamento
negro, en disposición su autor de “renegado social” que se hace portavoz de
actitudes de dolor, indignación y rechazo ante el problema específico del prejuicio
racional. Logra imprimir el poeta a su
obra—de contornos nuevos en cuanto a sus aspectos de forma externa—gran fuerza
expresiva y acentos de indudable sinceridad.
En otros poemas suyos de salida posterior—“noemas,” según los designa
con neologismo de su cuño personal en el cuaderno que titula El renacido—, se
reafirma Orsini en sus planteamientos de queja y
reflexión frente al existir del hombre moderno.”
TIEMPO DESNUTRIDO
Ya no me extasía ese cielo,
ni esas
estrellas
ni los edificios
altos,
ni las casas de
concreto.
Quiero otros campos,
otros animales,
otras mujeres
diferentes.
Quiero hoy,
un tiempo de
flores
transparentes,
con pétalos de
aire,
e incienso por
aroma.
Siento tedio del tiempo
que avanza.
Siento tristeza
porque paso,
como las mañanas.
Las redes de un tiempo
desnutrido,
y el espacio
que sabe a
cansancio.
Tschaikowsky
penetra por mis poros,
como una
revolución cósmica,
como la
destrucción
del firmamento.
!
ANSIAS
Tengo ansias de fugarme
de las noches
plenilunios,
y desgarrarme
las venas
hasta que no emanen
más,
ese líquido
transido
de imágenes y
lanzas,
que arrojas
lentamente,
desde un ventanal,
y unos ojos que
no he
podido evitar.
Tengo ansias de encerrarme,
en una concha de
acero
donde tu voz
acerada
no penetre mis
arterias.
Tengo ansias de decirte
de una vez por
todas,
que ha cesado el
martirio
que has impuesto
a mi espíritu.
Tengo ansias de inmolarte,
frente al altar de
la noche,
en que mis ojos
de niño
te miraron
enajenados,
para terminar mis
días
solo, sin que tus
espectros
nublen mi
sueño.
!
SIN SENTIDO
Liviandad de hombres:
pobreza de espíritu.
Desde el tronco limoso
caminé hacia la
guardarraya,
buscando el horizonte
de una
existencia
sin sentido.
!
LA NOCHE
El oscuro musgo
descendía; emanaba
como una mancha
por el fértil
tronco
del flamboyán
anaranjado…
y la noche,
la noche estaba
celosa
de nuestras
salidas
fortuitas…
!
DIOS-MENTE
Te reconozco Dios,
porque yo soy Tú,
soy mente
y te recuerdo.
¡Amén, Dios, Mente!
Recuérdame,
recuérdate,
que yo también sé
recordar
y soy mente y
Dios,
y me destrozo
contra las rocas
como Ícaro.
!
¿TRASCENDER?
Buscar trascender
para mí
es un mundo duro
y tosco,
es querer
atravesar el átomo,
intentar volar
después del sueño,
buscar agua en un
desierto,
clavar las uñas
en una lámina de
acero…
Y me pregunto:
¿Para qué trascender?
¿Por qué no
mejor hundirme
en las
profundidades
del mare nostrum?
¿Quién pensó
primero trascender,
y para qué,
y por qué,
y hacia dónde?
¿Es que fue
falaz
sueño de un
moribundo,
o la visión
mística
de un anacoreta
en una cueva
milenaria?
Quizás, un hombre primitivo
sin alas,
abrigó la vana
esperanza
de un saltar al
inmarcesible.
Mas, para qué
buscar contestación
si el aire se
lleva mis versos.
¿Hacia dónde? No sé.
A lo mejor trascienden,
o desaparecen
en las cavernas
de un
inconsciente
que surgirá en el
futuro,
en algún sitio,
aquí o allá,
siempre o nunca.
!
NOEMA A UNA ARMÓNICA DE MARFIL
Los coquíes de tus dientes
lamen el limo del
marfil
mientras lejanos y
tristes
como volantín
alado
gimes y gimes así:
despierta está la
mañana,
y despierto el
niño está,
mi mujer se fue
hace tiempo
al lugar del más
allá.
Y débil oigo el gemir
de las bocas
blancas, blancas,
largas, tristes,
y la tarde que
se va…
!
NOEMA A CAMPOS PARSI
Cantar es tu existencia;
fluir en el espacio
teñido.
Lluvia eres
y vienes de Pan
llorando.
Acumulador de estáticas
has tomado las
esferas,
en equilibrio,
aplicándoles tu canto,
¡circunvalador
de galaxias habitadas!
El potro de tu sinfonía
jamás se cansa,
jamás se cansa.
Desconoce el silencio.
Sólo sabe trotar alado,
como Alisión sobre las montañas,
sobre el invierno,
sobre el tiempo,
porque eres llanto
de recuerdos
en un tiempo sin
esperanza.
!
LOS DOS VENÍAMOS
Los dos veníamos,
ay, los dos
veníamos danzando.
Tú punzando mi espalda
con la espina que
cogiste
del rosal de la
montaña.
Yo delante danzando,
tras de ti,
con una rosa en
la mano,
la rosa que
cogiste
del rosal de la
montaña.
Y bajamos al acantilado,
cerca del agua,
y nos sentamos,
a mirar el
correr de las olas;
la blanca
azucena,
amante del molino…
Los dos veníamos tarde
del campo, sin
cuerpos.
!
VANIDAD
Hoy me he visto Hombre
fuera de mí, Ser
eterno.
Descubierto tiempo externo
de mí y de Él.
Hombre joven me ven mis ojos.
Hoy soy más Bello que mañana.
Mañana seré más Bello,
¡quiero serlo!,
más Bello que
ayer y siempre.
¡Ay, existencia
mía,
dale canto y sol
a este Hombre
de afuera!
!
PUERTO DE NUEVA YORK
Nueva York
estaba obnubilada
mientras el Geiger esperaba.
Sonidos y bocinas de barcos,
pero no veía la
Estatua de la Libertad
ni arcos en el
espacio.
El ancla vayó
pesada
hundiendo sus entrañas
en el agua fría,
cenagosa;
recordaba a Benarra,
un pueblecito de
España.
¡Oh, mi Dios,
Europa mía!
Quita este velo blanco
de la faz neoyorkina.
¡Deja que
penetren mis ojos
en el cuerpo de
esta tierra
americana,
donde Owen y Lincoln
han destrozados
sus “brains”
proyectándolos al infinito.
Alrededor de la nave
77 gaviotas blancas,
llevaban en sus picos,
una guirnalda de
plata.
Esto divisaba yo
por el ojo del
camarote;
el viento
azotando frío,
mis pestañas
somnolientas…
¡Las olas de Hokusai,
las olas de Hokusai!
!
NOEMA BARROCO
I
Vive, máquina, vive,
que los hombres
despirituados
quieren dañar tus
palancas
de aluminio, y aceramiento
de tornillos.
Detrás de los mosquiteros verdes,
cuando la noche
desata cadenas,
un cohete surgió
de la nada,
y decía: vive,
máquina, vive máquina,
vive máquina, vive
máquina,
vive máquina vive
máquina,
vive máquina, vive
máquina,
¡ ¡VIVE MÁQUINA!!
Pero en las casas maderadas
del Fanguito y de
la Perla,
unos niños leían
versos de Verlaine,
prosa de Nietzsche,
poesía de Palés Matos,
y NOEMAS orsinianos.
Niños de pies desgajados,
pintados de fango y
bacterias,
jugaban con canoitas
sobre las aguas que
apestan.
Y una barcaza llegaba
de mar adentro,
con pescado
barato
¡que estará
podrido,
que estará
podrido,
por falta de
venta,
por falta de
venta!
Porque se come trucha
en mi tierra,
de ríos del
norte,
que apesta, a Bruto,
que apesta a denarios…
!estamos
entruchados!
(Ver el Vox,
para “entruchados”).
II
El Josco
emitió un bufido
pero un Jet
surcaba el aire,
y el silbato de
la fábrica
se impuso en el vallemiseria.
Sólo una cancioncilla
oíase afeminada:
“tuerquita que rodaste
mohosa por la tierra
aceitada,
tuerquita de círculo
inconcluso,
que te bañas en
el lago de grasa,
y te vistes con
túnicas marronas,
bellas túnicas
sucias y verdosas…
Y las túnicas cesaron
y se limpiaron
las caras
las tuerquitas…
Un silencio en el valle.
El libro Cauce sin Río,
volaba sobre las
fábricas,
desparramando sonidos
de naturaleza...
¿Para qué naturaleza?
si tendremos
tuercas y grasa.
Y Caude sin
Río, ondeaba el océano,
límpido océano,
y trepidante
sonaba
su voz “Desvío
las aguas
de mi río hacia
la salubre
del mar común…”
¡Ojos
tronchados
por el
cibernético mirar
profano!
Una sonata de trepidantes
sonidos de tuercas y
tronillos
llenaba la noche!
Una sonata sin música…
Hueca y sorda: mata-cultura.
III
Ni los árboles hablan,
ni hay poesía de
piedra y cemento,
aceras, clavos,
y pedazos de
aluminio que caigan
desde el cielo.
Ya no hay lágrimas sinceras,
ya no hay circos
de pueblo,
sólo veo antidioses,
y bestias,
y
carnestolendas diabólicas…
¡Que no traigan
los
jinetes que cabalgan
por la niebla!
Ahí están esos jinetes,
cabeceando sobre las
yeguas…
Que ya no se quieren dioses unidos,
ni monotoísticos,
ni politeísticos,
ni diabólicos,
sólo muerte
animal…
con la barriga
llena,
y montado en
carro de oro.
¡Que vengan
esos jinetes,
los de las
máscaras negras,
porque es llegado el
tiempo
de la cosecha!
Porque no creemos en espíritus,
porque las almas no
vuelan,
como decían los
viejos.
Espíritu, alma,
son ya númenes de
leyenda…
¡Venid, jinetes, venid a vuestra fiesta!
Ésta es la fiesta de ustedes.
Hemos preparado las mesas,
están repletas de
manjares,
escoged las mejores
mujeres,
los mejores
hombres,
los mejores niños
y saciad la sed
en ello…
esa vuestra sed
de justicia
al espíritu de
vida…
¡Multipliquen!
¡Restes!
¡Quiten!
Cinco denarios; diez.
Dos denarios; para el anterior.
Uno vendido; para el primero.
¡Sieguen ahora las cabezas!
Mil años de dolor-dolor…
¡Los demás, galaxiales!
IV
Sócrates, que estás hoy
enmanicominado,
sal y da un grito
por los patios de
las casas,
por los portones
de palacios
gubernamentales.
Sócrates, niño aún eres
en la historia.
No has evolucionado,
ni evolucionarás
jamás.
Destinado estás
a ser veleta
del tiempo.
Aunque por momentos se estremezca
el espacio,
como se estremece
el viejecito en sus
últimos días.
Sócrates, no digas más maravillas,
que mis ojos no
pueden ver tanto.
Aturdes este pensamiento limitado;
mirífico y portentoso
eres para mis oídos
legos e ignorantes.
Fuiste Noema, como lo soy yo.
Como lo somos todos.
Un Noema repetido,
y sin
comprensión.
Un Noema de manufactura
industrial y portátil.
Te pulso en lo que fuera
la languidez de
mi espíritu.
Pero ya no hay más intuición,
ni espíritu, ni
alma.
Sólo Noemas, estados de praxis
y Proyectos Pentámicos,
y un echarnos
al bolsillo
los dineros del
mes;
comprar propiedades;
y
derrocharnos-trasnochados.
(Insisto que en la China
están pasando
hambre.)
Y proseguimos trasnochados-
desmochando.
(Insisto en que hagamos
meditación de todo.)
(Insisto en que amemos la patria.)
Y si no queremos poesía –Poemas—
tengamos ahora Noésis –Noemas.
(Estoy secándome en materia,
Dios mío, nuestro, de todos,
danos más
espíritu-Espíritu;
más alma-ALMA.)
No lean más este NOEMA…
NO LO LEAN…
Es un disparate,
para disparateros…
Mi tiempo, ¡hay
mi tiempo,
que se está
desgajando,
sin alas, sin
sueños!
V
Enturbiada tarde aquella,
la del primer
árbol erguido en el montecito.
Recuerdas. La tarde aquella enturbiada,
de dolores
siniestros,
y cabellos de nilón y gasa.
¡Dime si la recuerdas!
Piensa en las lágrimas que vertimos los
dos, frente a la biblioteca,
frente a Baudelaire cercano,
que miraba
impávido por los
rotitos del cielo.
¿Para qué tenía
que ser cielo
y no celo, ese negriazulado
y decursado espacio,
móvil-inmóvil,
intelecto y nadería de
la vida?
¿Por qué tenías
que ser tú,
la pura imagen
pertinaz
de mis adueñadas
dormitaciones?
QUI NON EST MECUM,
CONTRA ME EST.
Pero tú estás conmigo
en este
impenitente tiempo,
de dolor
invisible
a veces
sistemático
trashumante,
y a veces
merodeando las iglesias.
Brumazón de puertos
era mi vida.
Pero ¿ETIAM PERIERE RUINAE?
No. No han perecido las ruinas.
Las guardo como símbolos-sonidos
en las alforjas
de mis oídos.
Añoranza y pena de ausencia,
con técnicas de motores,
rugen ambos en un
tiempo
de Estado
Praxis,
de niños que
salen de tubos,
y milagros cientificados.
Penarte no. Amarte sí.
Moverte y moverme, movernos,
circunvalando planetas,
penetrando
átomos-dioses,
barnices de luna,
cuernos inmaculados y
aros
silogísticos del cerebro.
Refugium peccatorum
es la
existencia.
Expiación amarga y agria y dulce,
como el tamarindo.
Necroscópica visión
de un némesis desconocido…
es la
existencia.
Página preparada por Alberto Martínez-Márquez