
Raúl Grau Archilla nació en Morovis, Puerto Rico, en 1910. Murió
en la década de 1990. Algunos de sus
poemarios son: Noche, tu poema
(1952), Vértigo de la nube (1954), Golondrinas (1956), Destierro de lo inútil (1962), Regreso
de la noche (1964), Taj Majal a una sombra (1974), Caléndula y otras flores poéticas
(1981), Ipoema azul (1983), Arpa de la luz (1984), Desde
mi inmóvil soledad (1990 y 1992) y Caminante
del vacío (1997).
SOLITARIA
Yo te soñé insumisa… rebelde a todo dogma.
Hija de las estrellas más lejanas,
en el azul más puro divagaba tu alma
y así de solitaria hablabas a la mía
en tu perdido idioma.
Yo te soñaba pura
en la expresión más noble.
Infusa en la ternura del ave
que transita por el azul más alto,
lejos de los escombros de la podrida tierra,
cerca de la orilla donde duermen las penas
como olas vencidas por la fuerza del viento.
Yo te soñaba sola
sin el lastre que el tiempo deposita en las
venas
y que nubla los ojos.
Yo te soñaba sola…
sola y buena. El cuerpo limpio.
Un claro pensamiento
y un alma tan sencilla
como la hélice quieta.
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CEMENTERIO DE ARLINGTON
Todo se muere
y en la estepa impía
todo, todo se muere,
hasta la luz que hiere los sentidos
con su fulgor se muere.
El agua que dormita en las orillas
de la laguna azul,
tiembla y se muere.
También las azules campanillas
son llegar al balcón,
tiemblan y
mueren.
Y mueren todos los que aman
contemplando la nieve,
y todos los que esperan en la vida
un cambio venturoso de la suerte.
Y el cementerio es gris en esta tarde
cerrando los caminos de la muerte.
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SINFONÍA H
Regresaba la noche y en el azul poniente
mi barca toda velas y perdida su ancla
navegaba en las olas con la esperanza sorda
de vencer en la vida con la verdad por norma.
Era firme el guía por sobre la voluble,
blanda y frágil cáscara de espuma de las olas
y la voluntad triunfaba en marcha insobornable
desalando lo infame de las salobres ondas.
Y llegaba la hora en que duerme la muerte
y la vida sincera reposa. Y estaba
sola el alma
sin prisas ni temores cantándole a la vida
y alabando sus flores, cuando llegaba el alba.
Una luz nueva, insomne, venía de otra vida el aura
y en los fulgores de un astro que nacía
en medio de la noche rompiendo de la niebla
la mística agonía, el Sol resplandecía
anunciando la aurora que redime a los hombre.
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PRESENTIDA
Algo de ti renace en mí todos los días,
raíz de lo infinito que vive en lo inefable,
destino que nos lleva al mundo del espíritu
donde una puerta inmensa con el amor se abre.
Sirena, que acaricias las orillas del mar
de lo insondable,
donde el alma se pierde sobre el mito que
puebla
las
edades.
No sabes de aquellas apartadas soledades
que rompen
sobre un mundo de mentiras, verdades
inmortales.
Tus manos ya me hieren con sus nieves
de cálidos
regazos maternales.
Cabellera de bucles enmielados caídos
tiernamente,
musicales guirnaldas, adornando
de mis sueños los lunares
donde viven felices los pájaros
que endulzan las escalas
en vuelo de canciones imposibles,
soñando con los besos de tu alma,
¡claridades!
Nube de incienso núbil,
rosa fraguada en nívea castidad de otro
mundo,
clavel de lo imposible,
dormido en el destierro de lo inútil
para besar la tierra con pétalos de aire.
Sirena, rosa, pétalo:
síntesis de lo bello
iluminando el viaje.
Detén tu pie en mi vida, pon sobre mí tu talle,
hable la fe perdida, despierte el peregrino
para emprender de nuevo el misterioso viaje.
Hoy comienza en mi vida a llenarse un vacío
con un vuelo de alas de inmensas
claridades.
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INVOLUCIÓN
Van las noches pasando en círculos de fuego,
el tiempo va en carrera de galgo hacia la historia
y el hombre triste y solo se enfrenta a su destino
con músculo de sangre y sangre de calvario.
Sigue el río su cauce, sigue el agua su curso…
El hombre sigue indómito a su ideal, su pulso.
Van los hombres pisando las estrellas sonoras
y en los trinos se escapan por sobre de los yugos.
(Razón de la existencia, el amor impoluto,
la mujer hecha ángel, el ala de la música
y el tiempo convertido en beso de absoluto.)
Y en medio de las ruinas de un mundo de mentiras
el hombre hecho el escudo de verdad contra el mundo.
No me detengas en el muelle silencio de la alcoba,
mi destino es la lucha, mi razón es la gloria.
Pueriles los designios de lobos hombreados
de hombres que mintieron en tierra socavados.
No vieron de la sangre el ímpetu de púrpura
ni dieron al combate su fuerza de titanes.
Murieron olvidados. El amor les negó su
diadema de nardos y la estrella azulada
les negó hasta la tumba el silencio soñado.
Descansa en paz, apóstol, poeta, profeta.
Que las togas cobardes se convierten en rabos.
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NUBE FINGIDA
¡Oh! ardiente sueño del ayer perdido,
nube fingida en oro guarnecida,
blanco pañuelo roto en la ausencia
por el llanto vertido.
Apagóse la luz en tu agonía
marchito el aire por amor desierto,
el sol cayó dormido en la tiniebla
del corazón herido.
Llegó la paz. Pasó el último
latido
de la tormenta, y en sus rachas
de fuego iba una loca mujer
de albos destellos, de bruma cabellera,
de andar incierto, de palabra buena
buscando en primavera
la huella dulce, el paso leve,
la sonrisa tierna
del ángel del amor dormido siempre
en cráter de dolor sobre la muerte.
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LUZ AUSENTE
Vuelve sobre el nivel quebrado un día
la corriente de fe que lo despierta
y el equilibrio muerto es mi guía
por los caminos vivos de tu ausencia.
Mi flamígera suerte nace, y viva
te busca con la luz del meteoro
en la fatua estación que se bifurca
donde la luz se quiebra en sombra incierta
y tiembla, y se trueca en mariposa, y vuela
como sobre la llama del amor y besa
apasionadamente, la celosía abierta de tu puerta.
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SU MES SE LLAMA MAYO
Más allá de las nubes que se agitan,
un cielo de difuntos.
Mi corazón contra el ocaso estrella
mi sueño diminuto.
Blanco cendal de limpios algodones,
su traje viaja en indeciso vuelo
dando vueltas sus pliegues en tumulto.
Y en el vago canal de los desvelos
se me obscurece la razón dormida,
turbio rielar de lunas, alfombra de rubíes…
Sueño.
Duerme a tus pies de nueve y terciopelo
mi corazón mendigo y prisionero.
Vuelve tu voz; rumor de ángeles,
azul orquestación, diana en desvelo.
Hija del templo de los silencios cálidos
desplomada en mis cráteres austeros.
Tus manos, nieves, azucenas azules.
Asomadas al balcón de Eros.
Mayo, mayo, mes de flores, su nombre
es el misterio mayor, su nombre es
el silencio mismo de lo eterno.
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BAUTISMO
Tus verdes ojos, tus ojos verdes,
votivas luminarias del presente,
llegaron a mis ojos en vértigo de azules
en un otoño intenso.
Venían de un ensueño,
de un país de sueños;
de atávicas nostalgias
que viven en el alma bien adentro.
¿Comprendes el misterio?
Ya sabes del pasado que nos une
por encima del tiempo.
Tus ojos verdes, votivas luminarias
del presente, me hablan de un pasado
siempre vivo en ráfagas de incienso.
Tus ojos verdes me llegan aromados
del pasado, de un pasado de verdes.
Me hablan de esta tierra irredimida
en un sueño de verdes.
Me hablan de los campos arropados
por un verdor de verdes,
de esta tierra vestida
por verdes promesas
de los verdes cantores
que han cantado, la verde sinfonía
de lo verde, dormida en la agonía
de los campos.
Las aguas de tus ojos,
verdes cristales de sagradas visiones
que corren por el tiempo sin tiempo
de las aguas primeras,
donde el hombre besó en el pigmento
de la flora refleja,
la imagen inmortal de la vida
en dulce primavera.
¿Comprendes el misterio?
Tus ojos me bautizan con sus verdes reflejos.
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TRÍPTICO AMARRADO AL ÁRBOL
DE LA ESPERA INSONDABLE
Somos como un silencio desdoblado
en los témpanos grises de la ausencia,
exactamente eso, páramo yermo, sicomoro
con raíces dobladas en las playas
desiertas.
Con las ramas al sol febril levantadas
al aire y la tormenta, sin temor
al calor que calienta las arenas
ni al frío sedicente de la noche
ni al alba que alimenta los simunes
en las horas cruentas, cuando la palmera
después de un largo sueño disfrutado
junto al callado oasis se despierta,
canta una canción de pájaros perdidos
aprendida en el eco de un viejo dolor
que arrastró de tu ayer una tormenta.
Negra raíz quemada, yerta y ciega
caminando en la noche, ala perdida
y negra de un ave que al morir pasó
junto a la puerta de un palacio
enterrado que surgía en la memoria
desdoblada en tu ausencia.
II
Y voy sin ti, mi vida, caminando en la noche
paso a paso, en tu sombra, prisionero,
más allá del silencio de los astros
del azahar de luz del limonero.
No me detiene el tiempo con su diente
de dura fiera hambrienta, husmeando
su presa en la obscura cisterna
donde tiembla el fuego plástico
de los luceros muertos, destemplados
por los metales claros de la luna,
manteados por el viento pueril
que hiere los yagrumos sepultados
en la plata inmóvil del nocturno.
Caminar en la noche sin ti,
no es vida sosegada ni altar de plata,
¡amada!
Es desandar lentamente
y hundir la frente en fuego ya apagado,
y las manos romper en tinieblas adustas
donde el sueño quiebra sus cristales
desvelados en obstinada búsqueda
de tu
efigie de azucena amanecida,
a mover las cuerdas en música celeste
con nieve de sangre coagulada
en música de lirios y deleite,
por la fiebre de amor recalentadas.
Andar sin ti en la noche, amada,
es sepultar la luz con nieve derramada.
III
Apagaré la lámpara para entregar el alma
en silencio, al reposo de la tranquila almohada,
y cuando de las sombras mensajeras surja
con leve paso tu silueta altanera,
y desfiles con aire de elegante muñeca
y perfume de mujer que alcanza horizontes
de niebla, que nubla mi entendimiento de poeta
y no alcanzo en la sombra a besar tu cuerpo
no en la cruz la cintura que aprisiona tu alma.
Ni oigo la voz que acrecienta la sed
del espíritu que busca las verdades
eternas.
Entonces, sólo entonces, por tus bucles
descenderá a la tierra el ángel que te guía,
el sueño que te mece, la nieve que florece
por la tristeza tuya derretida en tus
versos
y en tu vida el silencio silenciará tres veces.
Un ángel, otro ángel y el último ángel,
el primero saludará la aurora en tus ojos,
el segundo llorará por un beso de tus labios
y el último, pensativo a tu lado
llorará mientras ora.
Oh fugitivo sueño, en tránsito de lágrimas
por las paredes horras de mi habitación
de hombre soltero en actitud de roca.
Página preparada por Alberto Martínez-Márquez