
RAMÓN ZAPATA ACOSTA
Nacido en Cabo Rojo, Puerto Rico, en
1917. Poeta, ensayista y profesor
universitario. Junto a Félix Franco Oppenheimer, Francisco Lluch Mora
y Eugenio Rentas Lucas formó parte del grupo de poetas Trascendentalistas,
que lanzaron su manifiesto en 1948.
Dirigió las revistas Pegaso, Orfeo y Horizontes. En 1956 fundó el
Ateneo de Ponce, el cual presidió durante muchos años. Ha publicado los poemarios Canciones de ruta y sueño (1954), Espejos y figuras (1963), Las luces invitadas (1976) y Temporada en el mundo (1999). Su poesía ha sido difundida en múltiples
antologías de Puerto Rico y el extranjero.
IRA
Alas van incendiadas por un río
de sombra inquieta y ancha.
Relámpagos, buscando
por el bosque minado de la sangre.
Desatados los hilos,
por un viento sin nombre van los ojos.
La voluntad, saltando por las cimas,
en locura de riscos.
El pulso de las luces, detenido
sus claras armonías.
Junto a garras sinnúmero,
dalias decapitadas.
TRENES
Trenes que pasan raudos
con chillidos de hierros,
y se quejan de rieles y de espacios,
en busca de horizontes que se alejan.
Música y ruido, hierros en delirio.
Trenes que gimen ansias de llegar.
Cruzan campos, ciudades
y túneles oscuros:
pasan puentes, huyendo de sí mismos
con vértigo sonante.
Los paisajes los miran asustados
y asustados se escapan con sus verdes,
pero se quedan fijos en su espacio.
Sonar de hierros que se quejan fuertes.
Corazones que miran los contornos.
Esperanza de ver nuevos paisajes
y llegar a otras prisas y otros pasos.
Pero todo es lo mismo.
DE MUNDO A MUNDO
De mi mundo a tu mundo
por el sueño de luz de la palabra,
por el hilo de música que siembra las
figuras
en el centro del alma.
De mi mundo a tu mundo
por una voz de palpitantes alas,
a dar cosas de vida, señales y pasiones,
raíces de la entraña.
La sangre alzando ritmos
por salarse en el tiempo, da su mapa
de islas interiores, litorales y montes,
y de rutas alzadas.
De mi mundo a tu mundo
por el sueño de luz de la palabra.
LA REALIDAD
La realidad se agolpa
como potro de luz en mi presencia.
Los pájaros me vienen con sus trinos,
los árboles con hojas verdecidas,
los ríos con su cauce y sus cristales,
los montes con sus piedras ante el sol,
los rostros con las voces de sus himnos.
Todo pugna por ser ante mi alma
filtrando en mis sentidos su contorno,
su color y su vida pasajera.
Y he de estar ante el mundo
cantando las presencias luminosas,
las sombras y también los claroscuros,
que me vienen rozando con sus alas
y con sus asperezas;
aquí plantado ante la voz del mundo,
dando mi voz, he de seguir cantando.
CENTRO
Las calles van y vienen
desde este centro, donde estatua soy.
Una fuga de coches
roza piedras, con vértigo de alas.
Las cabezas y manos
se tornan, en avance sin sonrisa.
Unas voces esgrimen
sus hilos en el ámbito paciente.
Torres, tejados y ventanas cuelgan
pesadez armoniosa,
mientras cruza la espada de la vida
por aire y tierra, sin cansarse apenas.
GRIETAS
Se oye cómo se agrietan
los adultos cristales.
En las barbas del tiempo
se enredan las raíces de los árboles.
Las tablas más fornidas
se diluyen al paso de los aires.
las mariposas saltan
huyendo de las larvas ondulantes.
Y los ríos se hunden lentamente
en la tierra de nadie.
Primavera invertida
nos deja sin respiro en las profundidades.
VOZ
Con la voz busca el alma
dar su signo en el tiempo;
la voz ata caminos
y penetra en el viento.
La voz pinta futuros
con rostros en el acecho,
y traza sobre nubes
la música de sueños.
La voz mueve las aguas
caídas del recuerdo,
y flechas, largamente,
las brumas y los fuegos.
Y buscando palabras
exactas en los hechos,
se derrama cortando
la tela del silencio.
POEMA INTERIOR
Has venido hasta mí
destrozando los tiempos en tu hora,
como una voz altiva sobre el mundo.
¿Por qué cauces secretos
se destilan tus ritmos ardorosos
como saetas que me hieren todo?
No sé cómo llamarte,
pero eres canción y me has teñido
de alturas y de sueños y de luces.
DESDE AQUÍ
Estoy mirando todo, desde mi roca, inquieto.
Los crímenes del tigre, las flechas impregnadas
de veneno, las masas buscando su equilibrio
feliz dentro del río turbulento de hoy.
Los puños en lo alto, las manos extendidas,
los dedos que señalan, los corazones llenos
de rabia luchadora, la cruz sobre su monte
señalando el estrecho camino que conduce
al puerto luminoso. Escucho las
palabras
quemantes, las palabras tiernas y las palabras
movidas en el dorso de la lengua imposible.
Es un mundo revuelto que busca su presente,
que busca atar su vida a una roca feliz.
EL PODER DE LA NOCHE
I
Quiere salir al mundo.
Dejar esa tiniebla de túnel que lo lleva
bajo una selva inmensa,
que le cierra los pasos de la luz,
que le llena la boca de gritos y de ramas,
que en un temblor de río
hace caer los días sin sentido ni rumbo,
junto a la sangre entera que busca redimirse;
la sangre en agonía que canta y canta y busca
llegar a donde nunca ha llegado, y espera
llegar, cuando las ramas se rompan
y no sea
esa selva una de gritos ambulantes,
de flechas tan agudas,
de musgos bajo el pie,
de noche tan espesa
de lobos y de lobos de cadenas pesadas.
Quiere salir al mundo.
II
Las estrellas le cantan
en la sangre y no puede
mirar, romper la noche terrosa que se planta
neta sobre sus huesos y su carne
y le niega las luces.
En poder de la noche
ambula largamente azotado de todo
lo que azota: las alas de los búhos,
las colas de los reptiles
las ramas en tormenta,
los gritos y los gritos que salen de la boca
del abismo que sueña pesadilla y misterio.
Ambula por los ríos
de tinta dolorosa,
que se lanzan furiosos a combatir las rocas
y a buscar oceanos serenos donde mueren
las fuerzas del espanto.
Las estrellas le cantan
en la sangre, y no sabe
cómo son las estrellas.
III
Envuelto en las raíces,
bajo la tierra oscura,
siente que le penetran todos los males juntos.
Siente que los metales
punzan con alegría su sangre atormentada
y no puede ya solo
defender su contorno de carne que no puede
batir fuerzas extrañas.
En poder de la noche,
en poder de raíces,
en poder de una selva de negrura infinita
que no traspasan astros,
que no tiene cristales ni espejos ni
corolas
ni alas que rediman.
Envuelto en las raíces,
tan sólo cantar puede,
y soñar con las redes de la luz de los cielos.
Preparado por Alberto Martínes-Márquez