
RAFAEL ACEVEDO nació en Santurce, Puerto Rico, en 1960. Dirigió la revista Filo de Juego (1983-1987),
una de las publicaciones más importantes de la Generación de Poetas de los Ochenta. Ha publicado los poemarios: Contracanto de los superdecidores
(1982), El retorno del ojo pródigo (1986),
Libro de islas (1989) e Instrumentario (1996).
Sus poemas han sido incluidos en varias antologías, entre las que
figuran prominentemente Antología de
poesía puertorriqueña (1993); Mal(h)ab(l)ar, (1996), El límite volcado (2000) y Los nuevos caníbales, vol.
2: la más reciente poesía del Caribe hispano (2003). Su novela Exquisito
cadáver fue premiada en el certamen Casa de las Américas, de Cuba, en el
2001 y publicada ese mismo año por la editorial Callejón, en coedición
latinoamericana. Por más de una década
dirigió el suplemento cultural En Rojo del
semanario puertorriqueño Claridad. Ha escrito obras teatrales como “Tres pájaros
en una rama” (1990), “Crónica natural” (1991) y “Aló quién llama” (1994), que
han sido representadas en Puerto Rico,
Colombia y las ciudades estadounidenses de Nueva York
y Filadelfia. Es miembro de la junta
directora del teatro estudio Yerbabruja. Actualmente se desempeña como docente de
lenguas y literatura la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras.
PEQUEÑO POEMA QUE PARECE TRISTE
En un tiempo de cangrejos y árboles
se habló de
un padre y de un hijo y de un ángel furioso
como de un ave
marina sin alas
en el cielo
azul y multicolor.
En el momento del trébol común
se habló de
cuatro hojas y de un ojo curioso,
del espejo
roto en su doble añejo
y hasta de
la cara o cruz de los días.
En esta víspera de siempre o nunca
hablemos de lo
tibio de este enojo hermoso
que se lanza a
la vida y a la muerte
y a la
suerte sin patas de conejo.
R
SOBRE LA CLARIDAD
Claro es el sol y nadie lo mira
de
frente. La luna no tanto y
está llena de
postales y
cuentos góticos y
caminantes en cámara
lenta.
R
EL PODER INDESCRIPTIBLE DE LA PALABRA
La sombra te simula
y mi ojo
disimula.
Digo, él no se alimenta de ti,
por eso el
tacto se inventa
y la palabra
conduce
a tal
estado.
R
ERRATA DE FE
El Marx
es
azul.
R
ARQUEOLOGÍA
Una vasija de tierra en las uñas
tiene el trabajo
de mujeres hombres untando de siglos.
De lo que hay en el suelo ahora
recogemos lo más valioso,
lo dormido
hasta caerse de la mata
en un fruto
reposando bajo la sombra
(feroz e
iluminada semilla).
La más hermosa de las cosas dañadas es
una cosa en el suelo
que ya no cabe
en el instante y se deja para que el tiempo
la convierta
en yacimiento.
Dependemos de lo recogido del piso para
alzarnos
con otro
árbol, con otra madera aderezada para el viaje
a la pesada
ancla de corazones vivos que uno conoció
y necesita.
igual que un candungo lleno de peces de colores
con sus
suavidades de seda en el camino
o su
aspereza de luces en escamas.
De lo que hay en el suelo ahora
se busca lo
más valioso, lo mineral que pueda tener lo perdido,
lo de madera
quieta que pueda tener una cosa
para alzarse
sobre ella y tocar con la punta de los dedos
aquello sobre lo
que vive.
Como ahora, que recojo mi corazón del
suelo,
y me levanto
sobre su color de pez rojo fuera del agua
a recuperar
esos siglos en que camina la ausencia.
R
LOS MOTIVOS DE CAPERUCITA
Hoy caí malo con la luna
sin el hilo
rojo que lo confirme.
Café amargo la mañana
el lobo se
quedó esperando
esperando que la
navaja asuma
su crema de
afeitar y afirme:
“Caperucita está sana.”
El lobo se quedó esperando.
Será leche almacenada, la suma
de cosas que
esperan que firme;
trasquilado soy de
lana.
Hoy caí malo de la luna,
el lobo sale
saliendo
sin el hilo
rojo que confirme:
Caperucita está esperando.
R
HOY HE APRENDIDO ALGUNAS COSAS
Ya es tarde en mi sillita.
Escribí mi nombre con los siete colores.
Al abecedario lo puse todo en un círculo
y los
lápices están en mi mochila.
Ya es tarde, la escuela está llena de
hojas,
mis hijas no
vienen a buscarme.
R
MATERIALES PARA HACER UN JARDÍN
¿De rosis nascentibus?
Gather Ye Rosebuds
Herrick
¿Será la rosa?
Anjelamaría Dávila
En la vieja antigüedad
había una flor
que mordía luces y esferas.
Adelgazaba con el agua que era su madre,
lo mismo con el
fuego que era otra cosa, es decir,
su padre.
El relámpago, su lámpara,
apretaba en sus
pétalos duros como la cal
el ruido
donde ella
mascaba temblorosa.
Muy poca cantidad de aquella
dicen que hace
una rosa
pero otros
dicen que es un error:
la rosa es una
virgen de medianoche.
En bocanadas azules
ella escupía un
polvo de estrellas
que sólo el
tiempo pegaba al firmamento.
La flor se acumulaba igual que una
sortija en un dedo,
en todas las
esferas que derribaba
con su espada de
ganchos y un escudo empapado de abejas.
Alarmada a veces alguna de sus hojas
ensayaba en el
viento un vuelo sobre el que palidecía
hasta caer en la
tierra
para hacerse
polvo, tierra o gusano,
que no es la
muerte ni la brevedad.
Muy poca cantidad de aquella flor,
por ejemplo
en el aroma
de una cábala
produjo tantos
emblemas como para cubrir una isla.
Esa flor, como dice literalmente la
tradición,
no se cultivó
en una feria suntuosa de Alejandría
sino en el
mercado negrero del siglo XVIII
o entre la
venta de verduras del siglo siguiente
o en esta
mañana en que salimos a buscar trabajo.
El agua y el viento lamen las hojas.
Ya es selva… azor, ala, rosa… ya es selva.
R
ESPEJO
Tampoco el otro lado del sueño es el
mundo.
Tampoco desde el cielo se ven las
estrellas de mar. Tampoco
la lluvia es
el animal exactamente enemigo de la llama.
Por eso a ella no le basta mirarse en el
espejo
y me
pregunto.
R
CAMA
En su lomo de elefante acostado
he quedado
dormido con todos mis sueños.
En su lomo de ballena en tierra
hemos formado un
trío
sin saberlo.
R
CERTEZA
Cuando la duda se desnuda suda
se encadena
como la arena y nunca se serena
legaliza su teoría
y la agonía se hace espejo día a día.
Si uno en un giro de tomar respiro
hace alarde de
lo mucho que arde y arde
uno dice y
nombra y hasta asombra
de tanta
abeja loca que le sale por la boca
y deja sordo
al que asalta y al que espanta.
Si la duda sale ilesa después de la
tristeza
imagina lo que puede
causar una certeza.
R
LOB IS A MENI ESPLENDOR SIN
No sé si harpo, si carlos,
si groucho
pero en un
clásico se lee:
“Un negro es un negro.
Sólo bajo ciertas circunstancias
se convierte
en un esclavo(…)
igual que el oro
no es intrínsecamente dinero,
ni el azúcar
es el precio del azúcar.”
Habrá sido uno que pensó:
¿Cuánto
algodón recogió una negra o un negro
para que un
siglo después alguien tuviera su blanca
camisa de
oficina?
Habrá sido harpo o carlos
o groucho diciendo:
¿Cuánto de
máquina tiene una o uno
si sus
horas/trabajo reducidas al mantenimiento
y cuotas de
construcción
menos el yate de
los inversionistas y el jefe,
menos el por
ciento de obras públicas
multiplicado por los
hijos es igual a menos nada?
Habré sido yo quien dijo:
“Mamita, no hay azúcar para este café
o no hay
café?”
Ella fue la que me dijo:
“Negrito, te quiero aún en la
necesidad.”
No sé si fue un clásico que dice:
“El amor es el amor, sólo bajo ciertas
circunstancias
se convierte
en otra cosa.”
Página preparada por Alberto Martínez-Márquez