
NORA
MÉNDEZ
Nacida
en San Salvador, El Salvador, en 1969. Su
primer libro Atravesarte a pie toda la vida apareció en 2002, editado por la Universidad
Tecnológica de El Salvador (UTEC), para su colección “Juntas llegamos a la
palabra.” Su poesía figura en Poets of Resistance, antología de poesía
latinoamericana y africana publicada por la Universidad de Michigan.
En 2004 publica su segundo poemario La
estación de los pájaros, en la colección “Nueva palabra” de la editorial
CONCULTURA. Desde 1986 Nora Méndez ha
integrado varios grupos de música.
Fue anunciada tu llegada
desde lejos
los caracoles del sol
Un animal rasgó los días
de su madriguera deshabitada
fiestas y disfraces
sorteo de corchetes y poleas
Y corrí a encender sumisa los claveles
repasé las mentiras frente al ojo de la Luna
ya no pude saltar de la estatura de sus ojos
Se ha instalado en el centro
queriendo decir corazón
Alza sus brazos
repletos de signos que nunca viajan
y sonrío
dispuesta a bailar…
Mi risa ha espantado todos sus pájaros
Sé que arriba hay un nido
pero yo nunca he cabido en esos artefactos
Vive en una torre de papel
conspirando contra el Rey
de las plenitudes y el agravio
Hace años llegó con el circo
vivió con la mujer barbuda
y con ella parió dos siamesas enanas
que detienen como portalibros
el tomo I y II de su ternura
Un día de plenilunio
se enamoró de una cabra
que masticó todos sus libros
y las rosas que guardaban
Ahora vaga solo con su maleta de sueños
en ella atesora tachuelas amarillas
de donde penden fotos de antiguos amores
y una que otra confesión fracturada
Realmente una mujer lo habita
yo la he visto salírsele por las manos
cuando escribe versos y una vez
que dejó caer su piel sarnosa
abrazada con mi ropa
Sobre azul pelaje de unicornio
vamos tres haciendo cruces
templando el remo incansable de la vida
sobre huraños acantilados
Iris cautivado
por el vuelo de garzas blancas
con memoria de picos muertos
en el preámbulo de los altares
en ese cofre imaginario
encontrarás listones
y pequeñas frases que murmuran
son el delicado tesoro de los que esperan
una carta sin respuestas
pero con la inconfundible voz
Andrés le teme a las maletas
Llora si del árbol cae una hoja
Abraza las cosas viejas las
bolsas de papel y los recortes
Pone límites en todos los cuartos
Para que no se pierdan el polvo y las hormigas
Andrés me pide luz tibia para beber todas las noches
Mi hijo no está enfermo
Sólo tiene un apego profundo en las heridas
MI CASA
La inauguro a diario
bajo la cascada y el gallo
cambiantes los vecinos
alguna vez fueron buenos
Paredes modelando en blanco hueso
platicando con olores serenos de mediodía
abren y cierran ventanas cristalinas
por donde pasan largas colas en triciclos
descalzos
La cama barre
la cocina duerme
el timbre huye tras las calcomanías
de un taxi…
El jardín aún no ha sido inaugurado
las flores han llegado
deslizándose en el aire
Mi casa
sonrisa de algodón
que al mojarla se deshace
Mi casa es mi cuerpo
totopostes híbridos
puentes movedizos
donde sola me duermo
y resucito
POENAUTA
En cuatro cuerdas
surgen sus poemas
sin vértices
en rítmica emoción
desfragmentada
La ola blanca de sus manos
acaricia la sed
y en los poros camina
libre la lluvia
Por sus palabras
cuela el sol
y una cometa traza acústica
la memoria de la tierra
Que no reclame la brisa
que esté consciente el amor
el poeta abre sus puertas
y el mundo se siente
gravitando
PRIMERA ESTACIÓN
Ojos tus ojos
como el alba dormida
tu boca quieta y pájara
se desviste de asombros
me enredo y caigo
sin piedad sobre ella
En el incienso de la noche
se sujetan entre sí nuestras caricias
quieto vas
quieto te veo partir
bajando tibio en el puente imaginario
de mis ritos
En ese cruce rítmico
de dos corazones
que acaso aman
escribo este poema
que será para ti
como un vestido
Ajustado a tus nervios
a tu olfato de fauno
herido como tú en el centro
No hubo tiempo
de bordar iniciales
sólo madrugadas
en los ruedos ojerosos
tálamos
en el calambre de las despedidas…
Tanto amé tus movimientos
que adivino a lo lejos
el infalible equipaje
Afuera
gotea el amor de la noche
blandiendo la mecánica celeste
de una constelación silenciada
amarra entonces la piedra
con la cual sumergirás tu cuerpo ingrávido
cuerpo de plumas
cuerpo de palabras
cuerpo que nunca saldrá sin sus huesos de
alondra…
El invierno ciñe largos cuellos
a una orquesta de trompetas
con sus muros de Alcatraz
puedo leer el número en donde preguntarás
por su boleto de vuelta
es imposible deletrear su nombre
es infantil contar ovejas
tarde o temprano
encontrarán
nuestras seis diferencias
Preparado por Alberto Martínez-Márquez