POETA INVITADA

 

 

 

       Nina Reis (Rosangela Alves Domingos) nació en Minas Gerais, Brasil en 1955. Escribe en portugués y en español y desarrolla proyectos culturales y sociales de carácter internacional. Es autora de Segredos-Secretos (poemas, edición bilingüe español-portugués, 1998).

     Sus poemas han sido publicados en  antologías, revistas, periódicos en Argentina, Brasil, Cuba, México y Uruguay. Ha participado en Letras Uruguayas (muestra de poesía y cuento breve, 1997), Espejos de la Palabra (poesía bilingüe español-portugués, 1998); Cuatro disparando lunares (poesía y prosa, edición bilingüe portugués-español, 2000), Letras de Babel (antología multilingüe, 2000); Mujeres Poetas en el país de las nubes, (antología 2001); Tracción a 4 poemas y una cuerda (poesía bilingüe español-portugués, 2002), 38 Años Antología Casa do Poeta Rio-Grandense (2002), Casa del Poeta peruano, Antología (2003) y Entresiglos II (selección de poetas contemporáneos, 2003).  

     Poemas suyos han sido leídos en "Rincón Literario: tus poemas por las ondas" http://www.uned.es/cemav/radio.htm, Radio Nacional de España y es parte del libro electrónico editado.  Su textos se pueden encontrar en las siguientes páginas web: http://abrace.topcities.com, www.elcalamo.com y www.misescritos.com.ar.

     Se desempeña como editora titular de Edições Pilar. Es Directora, conjuntamente con su colega, el poeta y editor Roberto Bianchi (Uruguay), de aBrace, movimiento coordinador para la edición, publicación, promoción y edición de obras culturales.

 

 

 

 

Sobre el agua

 

 

Y tú pensabas que yo estaba loco

porque transitaba en el abstracto

leyendo todas la palabras de antes.

 

Álvaro Castro

 

 

Ocultos  líquidos

que recorren el aire

porque sangra el agua

alquimia

mujer en migración

animal y laguna

que ya no necesita

apuro.

 

Pronta al diluvio

disuelta y líquida

agua nocturna.

 

Dentro de la  tierra

animal invertebrado

mitad nómada

y la otra vientre de luna

inevitable consecuencia de mareas.

 

Mujer te pensaba

cuando escribí

bajo la espuma.

 

Después de tantas tormentas

aprendí  a vivir

y me vino una alegría  de pez

en tu sombra  reencarnada de lluvia.

 

Mujeres descalzas

 

 

 

 

 

Fantasmas

 

Desde que deje  a mi madre

con sus flores siemprevivas

ojos de pez y agua

ya no soy la misma.

 

Todo es pura invención

nacida de los instintos.

Aunque sea río

lengua de piedra

herrumbre

animal nocturno

insecto

todo es perjurio.

 

Después del vuelo

la vieja casa

está cansada

y el gorrión picotea en otro sitio.

 

Las figuras de mi hermano

todavía colgadas

hace veinte años que duermen.

 

Las mariposas de las tazas de café envejecieron

y junto con la alfombra siguen cómplices.

 

No me reconozco

por eso ando sobre mis huellas

como las raíces

hurgando la tierra para construir panales de savia

porque las abejas beben restos de memoria

para volver a casa.

 

La paciencia amenaza

soledad de esquina

de cama

de cada mueble

antes de celebrar el arrebato del viento

espiral de olvidos.

 

Frente al espejo

mi madre, yo y los fantasmas 

que nos hacen disminuir el timbre de la voz.

 

En la despedida

no importa quien pierde o es ganador.

Somos.


 

 

 

Mujer

 

profesa hacia adentro
todos sus amores de lunas
transmuta lluvia de extraños cielos
aunque florezca y sangre
cíclicas mareas.

Por detrás del silencio
la carne  es un animal azul o verdes delirios
polizón  de huracanes
de atentas llamaradas.

Mujer oceánica
pechos de sirena
metáforas
doblemente rebeldes.

Esencia
rumor de tempestades
adonde nadie se esconde.

Santificada entrega
transgresora
bebida de su propia boca.

 

 

                  I

 

Las mujeres de Atlántida

lejos de sus hombres

guardan silencio

y a nadie confiesan de la lluvia

se ríen de los demonios

que escupen en la tierra y con saliva bañan sus pies.

Las mujeres de Atlántida

tejen con hilos de sol en sus palacios de gotas

todo es sombra bajo el agua

sus hijos despiertan diluvios

a sus perros ladran lloviznas.

Aunque no crean sus cuerpos son vapores

ante la tormenta sus cabellos se despeinan

y contra todas las cosas

la tierra pare sola.

Las mujeres de Atlántida

cuando escuchan los lamentos

cobijan la carne

de los que no duermen debajo de la lluvia.

 

 

                  II

 

Las mujeres de Pompeya

anticipan su vigilia

toda agua es un furor uterino

que guardan con fidelidad de lluvias.

En las noches de luna nueva

insensatez de mareas

ellas perciben

en las pupilas de los gatos

sus hijos que partieron adelante del sol.

Las mujeres de Pompeya

duermen con el oído pegado a tierra

y el cabello hilvanado con cenizas.

Hay cosas que no comprenden:

el camino del fuego por adentro de la tierra

el estéril temblor de la brisa

las mentirosas palabras

cuando se comen las ocultas.

Las mujeres de Pompeya

vuelven de noche

para arreglar la casa

cubrir a los niños

y juntar la leña

 

 

                  III

 

Las mujeres de Hiroshima

no labran más la tierra

no comparten el sol

ni las ruinas de la lluvia.

Ya no cantan

hijos arrozales.

 

Hace medio siglo que duermen

consumidas en sus historias.

 

Hay tres cosas que todavía no saben:

que su piel es azul

que las hormigas sobrevivieron

y las palomas no tienen memoria.

 

Las mujeres de Hiroshima

vuelven cubiertas de espumas y dolor

y antes del crepúsculo

aguzan los sentidos

afilan sus lenguas

y preparan la pólvora.

 

Los hombres entristecidos

soplan toda la arena

que cubre sus párpados.

 

 

                  IV

 

Las mujeres de América

todavía preservan la lluvia

germinan y paren como los manantiales.

 

Sus temores hartos de líquidos

encierran el viento

y sus gargantas construyen pañales.

 

Apuradas amamantan sus hijos

temen que estrangulen sus perros

quemen sus gallinas

o escondan el agua.

 

Aún se visten de pajas

nadie decreta nada a los muertos

tampoco las consume el fuego

que cohabita con sus raíces.

 

Beben lo que no tienen

porque hay goteras en sus casas

llevan aguaceros en sus espaldas

aunque el cielo no las deje                       

 

La mujeres de América

antes que se oscurezcan el sol y la luna

mezclan sus óvulos

transbordan

multiplicadas

permanecen intactas.

 

Son testigos  sus nietos

del frío de  las polillas

de sus tierras codiciadas

herederos

de la otra mitad del sol

donde las viudas pueden bailar.

 

 

Página preparada por Alberto Martínez-Márquez

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