
Marigloria palma
Nota y selección
de Alberto Martínez-Márquez
Marigloria Palma (Gloria María Pagán Ferrer). Nace
en Canóvanas, Puerto Rico, en 1921. Poeta, narradora, ensayista y artista
plástica. Estuvo casada con el filósofo
austriaco Alfred Stern. Publica su primer poemario, Agua Suelta, en
1942 (Premio de poesía del Instituto de Literatura Puertorriqueña). Algunos de sus libros de poemas son Voz de lo
transparente (1965), Canto de los olvidos (1965), Árboles míos (1965), San Juan
entre dos azules (1965), La razón del cuadrante (1968), Palomas frente al eco
(1968), Los cuarenta silencios (1973), La noche y otras flores eléctricas
(1976), Versos de cada día (1980), Aire habitado (1981) y Bolitas de papel
(1989). En lo que respecta a la
narrativa, publicó las novelas Viento salado y Amy Kootsky, así como el volumen de relatos Cuentos de la abeja
en cinta. Murió en 1994
INFINITA
Tú de mí no
tendrás la frase amarga,
ya que no puedo darte el pino
seco y la paloma parda.
Tú de mí no
tendrás, como semilla, las manos encerradas,
porque me he de rasgar, como
bellota, a tu primer mirada.
Tú de mí no
tendrás, como las piedras, el alma rezagada,
porque toda estaré, como la espuma,
florecida en el agua.
No te he de dar
mi espina, mi ceniza, ni mi fruta más agria,
porque sólo por ti yo crío el trino
y amamanto la parra.
Porque sólo por
tu yo cazo abejas donde todo es retama,
y le pongo a mi voz cuando te
nombro la más leve tonada.
¿Cómo podré yo
darte el pino seco y la paloma parda?
HASTÍO
Esta casa me
chipa la quietud,
me enardece, me alza.
Sus paredes se
cierran sobre mí
que soy débil muñeca de papel
en su jaula…
¡Qué terrible y
qué grande se me antoja la casa!
—Como bruja de
piedra sobre mí se abalanza,
y me tuerce los brazos y me
pincha y me escarba…
Yo le suelto
las bridas a mis piernas
de garza, agitando los cuervos
que de mí se desbandan.
Le tiendo coco
y pecho a la pared que avanza;
sacudo cascabeles, aprisiono
naranjas…
La bata me persigue abierta y olvidada
detrás de mi figura histérica y de
nácar.
Me siguen en mi
fuga zumbidos y chicharras.
De las lámparas
verdes las cotorras me hablan.
Las cortinas me
tienden sus levísimas zarpas
y los perros de palo se
despiertan y ladran…
La llama del
ladrillo me alumbra y me señala
la puerta que prendida sonríe y
se desgarra.
Y yo como
muñeca de papel desbocada,
me trepo a lo más alto como una
loca impávida
y arreo hacia al camino
mis ojos de sonámbulas.
AGUA SUELTA
Nuevamente mis
ríos se despejan y avanzan
por los libres senderos que le
traza mi alma.
Fui muy breve
en la huida y en la entrega fui rasa.
Hoy retorno
conforme… En mi pecho con ansias
mis dos mil golondrinas se
sacuden y cantan.
¡Qué inquietud
de partida le fustiga las alas!
—Golondrinas:
¡silencio! que han entrado en la jaula.
—Amad sólo el
remonte por la dulce llegada…
No conviene
troncharse la raíz o la rama
por mudarla a otra tierra donde
crezca más brava.
Ni arrojar la paloma
que circula la casa
por el águila incierta que voló
a la montaña..
Ahora creo en
el juicio de la vieja llamada:
“Agua siempre
corriendo no tendrá nunca lama.”
Y pensar que yo
pude contenerme empozada
por estar como un fardo,
suspendida a tu espalda
¡Ah, qué suelta estoy toda, y
qué libre, y qué vasta:
tal parece al retorno me han
crecido las alas!
PERSISTENTE LA
IMAGEN…
Ayer salí a
buscar golondrinas…
Pétalo azul me
hirió, campo ahuecado
y eterna voz tendida en el
crepúsculo.
Ayer salí a
buscar mis golondrinas..
Sombra de ala
en tus ojos deshaciéndose
como si fuera llanto entre el
celaje.
Ayer salí a
buscar mis golondrinas…
Y era tu sed
disuelta en el paisaje
como joya apagada en la lluvia.
ENTRE LA SAVIA
VIVA
Corazón
abrigado.
Manzana y trino
nuevo.
Trino nuevo y
manzana.
Perdida entre mi sangre me persigo;
abatida en mi sangre me revelo.
De pie y nacida
sobre mis canciones,
abriéndome en gigante rosa nueva
entre la savia viva.
La incesante
pregunta incontestada
repica el son nativo…
¿Dónde cuelga
la nada su sombrero?
… Su sombra es
de vidrio.
GOTA DE LUZ
PERDIDA
He vuelto del
espejo.
El espejo es mi
herida: por él sangro.
¡Oh abejas sepultadas dentro de mis manzanas!
¡Oh esclava y vieja herida por donde pasas tú
soplando estrellas cuando la noche
rasga!
En formal mil
diversas te derramas: esencia,
verso, confesión, siluetas, azules
lejanías
y sonrisas disueltas entre
llamas.
He vuelto del
espejo, recogida,
con un poco de lluvia en
laminada.
Con tu recuerdo
como flor crecida
que me lastima a veces el
costado.
Leve nostalgia
cuelga firmemente
del hombro frágil que la carga
lleva.
En bruma,
siempre tú, ¡oh siempre tú!
proyectando tu sombra el
ave.
SKETCHES
I
Oculta entre el
boscaje alzaba el grito
Ya espigado y
azul.
Pupilas
transparentes se asombraban
de ver caer su faz en quieta
flor.
Sacudida de
pétalos volcados
deshizo la mañana en trino gris.
Amarga está la
casa.
De sus ojos en
vuelo enrojecido
revienta cada clavo en un clavel…
¡Ay parece llorar aunque no
llora
su párpado de nuez!
La luz ha dado
a luz en la ventana
la voz de una mujer…
Circular y
volátil se levanta,
pero vuelve a caer como gotera
recién decapitada.
VI
Toda su
convicción en frase erguida
y albo mariposeo en
consonancia
de voz violeta en trino
escaló por sus dedos
—enjoyados de nueces—
cayendo en el reposo de la axila.
Murmullo de
cristal exhaló el pecho;
rosada sacudida,
y en rosas despeinadas
se rompió despeinadas
TRADUCCIÓN DE
UN SUSPIRO
¡Cuántas cosas me
duelen cuando entro a la sala!:
las sillita frailera con su
asiento de cuero
de color naranja…
Es tan mona y
tan vieja, con sus cortos bracitos
que remedan el bracito de un
gato jugando a la lluvia…
La polilla se
ha comido con sus dientes de garfio
la adornada paciencia de su
antiguo respaldo.
Y el aliento
marino con su diente sensual
va dejando su baba, su mordida
azulosa,
en el pie desafiante de una
lámpara amada:
candelabro que cruje por la llaga
amarilla
con palabra profunda, que en su
escala de bronce
su registro es la herida.
¿Y por qué el escritorio de
encendida caoba
donde el tiempo escribiera con su
antigua mirada
un paisaje biográfico con un
ave, una ardilla,
un discurso elevado de palomas
de roble?
Si lo ama el insecto:
¿por qué ahueca su envidia?
¡Cuántas cosas
me duelen cuando entro en la sala!
Aquel vaso de
oriente de amplia cintura
donde bailan con énfasis unos
budas amables;
donde tórtolas vivas han perdido la arqueadura
del cuello.
Otro crimen del
cuchillo del tiempo; otro tiro del
revólver del cambio; otros labios de
polvo que
sonríen en la sala con crujido de
muerte.
CONFESIÓN DE LO
OBSCENO
Mi tristeza,
ese cartón mojado que gime
contra el muro;
esa fusión de lluvia y árbol
muerto,
esa perra perdida en un bosque
de humo,
ese trozo ensuciado de amarillo
periódico.
Tiene nueve
caderas mi tristeza sin alas.
Su solvencia es
de ajo: es humilde y es sobria.
Siete bocas
pregonan su humedad en la esquina
superior de mis párpados.
No conozco la
lágrima ni su química esencia.
Leo los
titulares: crimen, bombas, incendio
y me quedo despierta
empotrando quejidos
en el vientre sin sombra de mi
pena aritmética.
Y en esta
realidad de huevo y lágrima,
de metales que sienten y se
expresan,
de numérica frente
ensangrentada,
mi tristeza es la cosa
pestilente
que disuelve la lluvia.