POETA INVITADO

 

 

MARICEL MAYOR MARSÁN

 

 

Nacida en Santiago de Cuba en 1952.  Poeta, narradora, dramaturga, crítica literaria y editora.  Residió en España entre 1970 y 1972.  A partir de esta última fecha reside en los Estados Unidos.  Ha publicado los siguientes libros:  Lágrimas de papel (1975), 17 poemas y un saludos (1978), Rostro cercano (1986), Un corazón divido/A Split Heart (1998), Errores y horrores/Sinopsis histórica poética del siglo XX (2000), Gravitaciones teatrales (2002) y En el tiempo de los adioses (2003). Ha publicado en publicaciones y antologías en Argentina, Canadá, Chile, Colombia, España, Estados Unidos, Francia, Italia, México, Puerto Rico, República Dominicana, Suecia y Uruguay.  Sus obras han sido traducidas al inglés y al italiano.  Actualmente es directora de redacción de la revista Baquiana (www.baquiana.com).  En 1996 fue galardonada con el Editor’s Choice Award por la Biblioteca Nacional de Poesía de los Estados Unidos. 

 

 

 

 

EN EL TIEMPO DE LOS ADIOSES

 

En el tiempo de los adioses

no hay mendigos, ni pudientes

ni escépticos, ni agoreros.

Sólo cantos, sólo voces

se despiertan en el alero de los días.

 

En el tiempo de los adioses

no hay miradas, ni riesgos

ni obligaciones, ni metas.

Sólo recuerdos que se entremezclan

y se descuelgan de los besos.

 

En el tiempo de los adioses

no hay profetas perfumados

regalando epitafios prehechos,

de esos que se pierden en los siglos,

puliendo y purificando cadenas.

 

En el tiempo de los adioses

no tiene una diana certera

aquel cazador de almas,

hereje que lleva el símbolo

del saber sobre su frente.

 

En el tiempo de los adioses

hay un contorno divino

en el exclusivo vivir de la distancia,

dulce, amplio, alucinado,

de un marcado silencio que la anula.

 

En el tiempo de los adioses

un hombre se escapa de su destino

al más allá desconocido.

Una mejor suerte busca fuera de su carga

qué interiores le devora.

 

En el tiempo de los adioses

se acerca el suicida a su camino.

No pide detalles, ni comparte pesares.

Va por la ruta del silencio

y no nos deja tan siquiera una pista.

 

 

 

 

EL ADIÓS A LA PUBERTAD

(CRÓNICA DEL TERCER ADIÓS)

 

En un final breve y lamentable

dejamos atrás la inocencia.

Las sorpresas dejarán de serlo

para convertirse en teoremas.

La fantasía cede su espacio,

surge entonces el asombro

que nos acompañará de por vida,

lento viaje al universo sin tregua.

 

 

 

 

EL ACTO DEL ADIÓS

 

Pienso en el adiós

tengo congoja.

 

Me hablas del adiós

tengo temor.

 

Hoy digo adiós

tengo tristeza.

 

Siento tu adiós

tengo un espanto.

 

Vengo del adiós

tengo un vacío.

 

 

 

 

PROHIBIDO DECIR ADIÓS EN EL INVIERNO

 

El invierno clausuró todas sus ganas

de entregar adioses en sus filas/

Torpe, terco y vacilante

rechaza a los amantes

que se dejan y no se abrazan.

En la época perfecta

del decir “te quiero” bajo las mantas.

Anda bandido y errante,

entre la lluvia y la nueve

a la caza de navegantes de soledades.

Es más porfía que carestía.

Anda diciendo que es cuestión

de tacto y perseverancia.

Los adioses no se entregan

en esta estación, ha dicho.

El hombre necesita remediar su frío

aquel que le hiela el alma

para no prolongar su propia ventisca.

 

 

 

 

EL ADIÓS EN PERGAMINO

 

Todo tan disperso en la memoria

en el mapa de la vida

y de este tiempo que apenas

ha llegado, cercenando incentivos

y se nos va de entre las manos.

Hace un ademán aquel que parte

de su tumbo nunca certero,

flor de vaivenes en adioses.

Transcurre el sol de un mediodía,

un hombre viene y entra cabizbajo,

aguantándose las ganas

de llorar en sus abismos.

Tiene una carta, un pergamino,

un mensaje que vacila, se pierde

entre sus yemas que se queman

con noticias que perforan.

 

 

 

 

EL ADIÓS A LO PERDIDO

 

El adiós a lo perdido

marca su precio, es objetivo,

irrefutable tema de dilemas,

un epitafio que dicta el subconsciente.

Es un perverso rojinegro que rueda,

se desliza, se vuelca, llega.

Es un nuevo capítulo en la historia

que define un final irrevocable.

 

 

 

 

VIVIR DICIENDO ADIÓS

 

Del campo a la aldea,

de la aldea al pueblo,

del pueblo a la ciudad,

de la ciudad a la capital,

de la capital de un país

a otras naciones,

de mar en mares,

de océano en océanos,

de año en años,

tiempos que transcurren,

mientras un inmigrante de tantos

se desplaza por el mundo

repartiendo alegorías y cansancios,

adioses pesarosos de su irretornable vida.

 

 

 

 

EL ADIÓS A LA VERDAD

 

Ya no hay basureros sino rellenos sanitarios,

No hay corrupción sino equívocos legales,

No hay pobres sino personas de bajos recursos,

No hay obreros sino trabajadores no calificados,

No hay presuntuosos sino clase media,

No existen empleadas domésticas sino asesoras del hogar.

Todos sofismas ridículos, cínicos, casi obscenos,

Verdades a medias o mentiras parciales,

Soplo a destajo, ajo en la herida.

 

 

 

 

EL ADIÓS A LA SINRAZÓN DE LA VIDA

 

Vivo o muero

Muero o vivo

Sólo pervivo

 

El tiempo se hace largo

atardecer de sueños acumulados

anhelos difuntos que albergué

experiencias que no se dieron

días que parecieron noches

y noches parecieron días.

 

Vivo o muero

Muero o vivo

Sólo pervivo

 

Incauto nacer y renacer fue mi vivir

constante aspiración en falso huir

lamentando inalcanzables logros

lucha sin tregua por tantos años

olvidando lo intranscendente y minúsculo

de este universo inmediato.

 

Vivo o muero

Muero o vivo

Sólo pervivo

 

 

 

 

EL ADIÓS A LA VIDA

 

Del sagrado río Ganges me llega

una invitación muy formal.

Cuando la muerte me anuncie

su irrevocable visita

he de purificarme en sus aguas

para morir en salvación.

Envuelta en fino brocado de seda

dirigiré mis pasos a la antigua Benarés.

Caminaré por sus estrechas calle,

circundaré las galerías colgantes,

confesaré todos mis pecados al viento

y contemplaré el esplendor de la vida

desde el umbral de un ocaso dichoso.

 

                             Página preparada por Alberto Martínez-Márquez

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