POETA INVITADA

 

 

María Gabriela Piccini  Nacida en Buenos Aires, Argentina, en 1962.  Reside actualmente en Arroyo Corto, una zona serrana del sudoeste de la provincia de Buenos Aires.  Está segura de que el ser humano se salvará por el arte.  Dos pensamientos la acompañan en el camino: “La vida de cada individuo sólo tiene sentido si está al servicio del embellecimiento y la nobleza de todo lo existente.  La vida sagrada, esto significa que es el supremo valor, del que dependen todos los demás” (Albert Einstein) y “No se puede ser feliz entre infelices” (Sor Teresa de Calcuta).  Dice la poeta: “Como filosofía de vida trato de agradecer al pasado, de respetar el presente y de ser responsable con el futuro.”

 

 

 

Decisiones

 

Entonces, será como morder mi cicatriz

o esconder la sombra,

como salar mi  herida.

 

Habré de congelar fantasmas ignorados.

 

¿Quitarle al aire la distancia?

¿Tomar por real una palabra?

¿Fluye el acaso como el agua?

 

Será la misma mano

pero no tendrá la misma luna.

Lamento de mi piel que no vibra

igual  el alba y el ocaso.

¿Mediré causas y efectos sin pasado?

¿Comprenderé sobre posibles, diferencias,

verdades y condenas?

 

¿Por qué las sombras del tiempo

dan portazos al futuro?            

 

 

             )

 

 

El día se escapa sombrío.

Lo sé fantasma.

Chorreando,

se posan mis  manos en la luna

silenciadas,

sin testigos,

inciertas,

con la piel ausente.

Lejos,

brotan llamaradas de salitre.

y me encuentro en  lumbre de verano,

allí,

donde el poema se me arranca

y  la tierra vuelca

un  grito.

 

 

             )

 

 

Cada tarde,

entre sombras

de pétalos

y  aire,

se goza

el instante

que aún roza

mis pupilas.

 

Cada tarde,

la piel

del viento,

es un paso

abierto en la aurora

 

 

             )

 

 

Duermes,

ala regresada

al calor de las horas.

Luz de abrazos

de un  instante

retenido

en las ventanas.

 

Duermes,

viento breve

al amparo del recuerdo.

soplo urgente

entre velas

celebradas

en mis manos

 

 

             )

 

 

Círculo de recuerdos,

la memoria del entonces.

Solo soy ala impar

roída en silencio,

unos gramos de sombra,

aun  deslizados,

donde no truena

el alba todavía

y estorba entre los dedos

el ocaso.

 

 

            

             )

 

Uno es lo que hace con lo que uno es

            Jean Paul Sartre

 

 

Trabaja en intentarse,

no se espera.

Traduce

su  otra

a  limites posibles.

Dialoga

con su mitad amordazada.

 

Forjándose entre  dudas

de verdad ambigua,

                               se da a luz.

 

 

             )

 

 

Habremos de invertir tu fuerza

 

Caminas nuestra piel con tus fantasmas

gritándonos desprecio.

Eres el llanto.

Sin buscarte nos encuentras siempre.

Jamás miras a los ojos pero es fácil reconocerte

cuando furioso revuelcas nuestras ilusiones.

Nos das el hambre, los –ismos, la impotencia,

el desempleo, las guerras y en las misas

impones los amenes mientras a tu derecha

se sienta una lengua de oro y de mentiras.

Estas en el Join Venture, el Hi Tech, en el Know How

y en el Head Hunting encuentras al conserje Pedro,

necesario mercenario utilitario,

a quien le diste algunas tierras

a cambio de las ruedas de la carroza

y ya no podemos ni intentarla.

Siempre nos restas y solo nos dejas tu raíz cuadrada.

Se te ve echado entre almohadones y lujuria,

te mueve la tracción de nuestra sangre,

devoras a los sin pan, a los sin techo, a los sin tierra,

y a todos golpeas con tu no de espadas.

Estas en el racismo, en cada ultraje, monstruo milenario.

Desde estos ojos apretados

debemos desterrarte.

Cada vez que cerca nos amanezcas,

enfrentándote a fieras esperanzas

que te acechen cotidianas.

Entre márgenes sencillos y estaturas posibles,

habremos de invertir tu fuerza

 

 

             )

 

 

Unción

 

Del cielo cae por tu boca

ese instante sintiempo

donde me encuentras absoluta

y asciende tu alarido mis laderas.

Gota a gota

se talla tu espalda

entre mis dedos

y no hay más espacio que nosotros.

El sudor nos resbala

en el cabello,

el puente

nos confunde

las orillas.

El arco se tensa.

Retengo

cascadas

y torrentes .

Insistente,

sabiendo la humedad,

trepándote a mi piel

me alcanzas entero .

Tantas veces desciendo por tu forma

tantas reptas por mi instinto.

Te desciendo

Me reptas

Me reptas

Te desciendo

Hasta arrancarte ese bramido

que sacia los días

ungidos de nosotros.

 

 

Página preparada por Alberto Martínez-Márquez

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