
MARÍA ARRILLAGA
Selección y notas de Alberto Martínez-Márquez
María Arrillaga.
Nace en Mayagüez, Puerto Rico, en 1940.
Poeta, narradora y ensayista. Tiene a su haber los siguientes poemarios:
Vida en el tiempo (Primer premio del Ateneo Puertorriqueño, 1974), Poemas 747
(Mención de honor del Instituto de Literatura Puertorriqueña, 1977), Cascada de
sol (1977), Frescura 1981 (Primer Premio del Instituto de Literatura
Puertorriqueña, 1981) y Yo soy Filí Melé (1999). Se destacó como Presidenta del PEN Club de
Puerto Rico entre 1989 y 1991. Su novela Mañana Valentina, publicada en 1995,
mereció los premios del certamen Letras de Oro (Miami, 1994) y del Círculo de
Escritores Latinoamericanos de Nueva York
(1996). Asimismo es autora de dos importantes
libros de crítica de literatura femenina puertorriqueña: Los silencios de María
Bibiana Benítez y Concierto de voces insurgentes. Su poesía ha sido recogida en
importantes antologías como En una sola torre (1987) y Papiros de Babel (1991).
PORQUE YA NO SE
PUEDE CREAR MÁS
Las palabras se
vuelven cuentas
y las camándulas permanecen
junto al río.
El rosario de
la aurora no se oye
y el camino sobre cuencas.
Con pie de
pájaro o de tortuga,
los
pies sucios
de
tanto andar descalza
de
tanto andar caminos.
Construyendo al
paso
(porque ya n o se puede crear más)
nuevas realidades junto al caos:
de
lo soñado,
de
lo vivido,
así ligero, así lentamente.
HUYÓ MI VIDA DE
MÍ EN OTRO SUELO
Huyó mi vida de
mí en otro suelo,
en ligeras alpargatas de otro
tiempo.
El tiempo me
aprisionó en su hora,
las horas como aritmética larga,
en años.
Años que volviéronse pasado,
pasado que sin ser mi tiempo se
hizo mío.
Viví mi vida en
el espacio,
en los espacios múltiples de
gravedad y sueños.
Gravedad de
realidad con sueños del momento,
momento de la carne y del espíritu.
Huyó mi vida de
mí en otro suelo,
con civilizaciones opuestas en
planeta fragmentado.
CIRCULOREVOLUCIÓN
Le falta pan a
mi cuerpo.
Me ahogo en el
abismo de mi río
que sale dentre
mis piernas
desde mi vientre que se fertiliza
solo.
Y corro loca
con la energía desde torrente mío que no se acaba
mientras no viene nadie a quererme.
Y en mi rebelión
de soledad yo corro mundos
donde los pobres esperan que les
venga el pan de cada día.
Los pobres y yo
nos hablamos
y nos decimos que pan es pan
que si nos falta somos pobres y
oprimidos.
Y trazamos
círculos con pan del agua amarga de la tristeza
de la opresión-soledad de los
desposeídos de la tierra
como hermanos-compañeros de
infortunio.
Y mi amor se
les va abriendo como arquetipo
de ondas tiradas en el espacio,
mientras se formas ritos primitivos /comenzando con hambre-amor
JAYUYA
Sobre la piedra
escrita
me vuelvo
materia
del pasado.
Soy tierra o
árbol
palpada
por las manos
de otros tiempos
PÁJAROS SIN
SOMBRAS
Quisiera estar
en un sitio donde no impere más que el silencio.
Pasar el día
mirando el pasar de los pájaros,
esperando las estrellas, esperándote a
ti junto con ellas.
Me alegro de
esta aquí junto contigo,
la punta de mi lengua besando
la punta de la tuya.
Sentirte
penetrándome moviéndome yo tan libremente
al compás de las aguas del
tiempo.
Me imagino
cantos de jilgueros que nunca jamás antes había oído.
Mientras el
resplandor oscura va creando aleteos de pájaros sin
sombra.
Yo había querido estar en la casa
y es casa el mundo.
Es ilusorio el descanso.
Titila el nervio en la rampa fraguada
de sol.
Querido Pedro, tus accidentes
inevitables
muestran que eres valiente.
Sólo la lucha existe de pan y ojos que
miran el universo todo que crece.
Esta
guanábana es una variedad silvestre,
amarilla y más pequeña que la blanca.
Confirma lo que María Bibiana sabía:
Nuestra tierra es, no cabe duda, “suelo
de oro.”
Añade
un poco de miel criolla,
el jugo de un rezagante dorado
limón;
bebida de orgasmo mañanero eclipsa
el extraño black
raspberry agrio y semilloso
que nos deja el bolsillo triste,
el paladar retorcido de
asperezas acres.
Mi
articulación de este gusto por lo nuestro
ocurre y vive ahora y no se ampara
en la nostalgia del pasado.
Es una conciencia segura, vibrante y sin
pena
de que esta tierra nuestra
disfruta la verdadera capacidad
de participar
de la libertad de orgasmo
sin discriminación por causas
de raza, sexo, religión u
origen étnico.
Hoy
me vestí para mí
para esperar en el carro
en la línea del Banco
cogiendo sol.
Alucinaba
posibles sublimaciones
que pudieran calmar mi ira.
Tenía
coraje con todo
el mundo; por mi impotencia,
por ser anómala en tiempo de
mercancía.
Vulnerable
recordaba
aquello del cuarto propio
entre realidades que negaban
mi instinto de articular
esa rabia que sentía
por la vigente violencia
que se vuelca avasallante
cuando decidimos ser
auténticas.
A las poetas de
mi generación
Me moriré con mis sueños
Es un desierto
Las luces se ven a lo lejos
Me crece el cabello
Lo suelto, lo peino, lo aprieto
Me aprieto, me suelto
Me escapo corriendo
Regreso despacio
Camino
Me pienso camino de todos los míos
incluyendo aquellos que son
enemigos
Qué mucho y qué poco sabemos
Qué poco decimos, qué mucho pensamos
Me duele tu frío contigo, conmigo
¡Qué pena que nos falte amor!
Hablarte, tocarte; tocarme y hablarme
Escucharte, escucharme
Saber tu belleza, que sepas la mía
la pienses, la digas; la
piense, la diga
la nieve que cae construye
silencios
creando el vacío
No es tuya ni mía, no es nuestra
No hay forma que sepa, querida mujer,
sino hincar tu cuerpo, que
hinques el mío
con tus trinitarias, con mis
trinitarias
para hacer el mundo que nos
corresponde
mientras revivimos el mito del fuego
que
mata el dragó, para liberarnos e
ir en
busca de eso que yace incompleto
mientras
no se cumpla en solidaridad
valiente
desafiante el mundo de nuestra poesía
que hinca y que cura, que cura y
encanta
que encanta y asciende seguro —intercepta
a Ícaro— para establecer el
vuelo feliz
donde somos:
chiringas de pueblo, valquirias del trópico,
mujer maravillas de símbolos autóctono
desde nuestra tierra que clotoriaremos
con la construcción de nuestra
verdad.
Los sapos y culebras
que salen por mi boca
son flores encantadas.
No se esconde el príncipe
azul bajo el hechizo.
Sale a flote esta mujer
que se enfrenta a no ser
dulce,
desmitificando el dulce
para hurgar en la miel
elemental.
A Carmelo Rodríguez
Torres
y a Vaslav
Nijinsky
Es la rosa el hombre que tú sueñas
Una rosa es un hombre que se sueña
El hombre es una rosa.
Fragancia del embrujo de mi memoria
de ese pétalo te hace
movimiento
enamorado, enamorado movimiento de
tu cuerpo cadencioso de
hermosura
que segura te convida al éxtasis
del
baile. Unidos y libertos, arabesco
concertado, en ritmo acompasado de
dulzura asciendo creando aso a paso
el salto que tú sueñas y se sueña
—El sueño de la rosa que es un hombre—
fragante y delicado a tu sentir
fragante
y delicado cuyo cuerpo en
movimiento
enamorado te convida —enamorado
movimiento— al éxtasis del baile.
Déjame tomar un poco de agua
Déjame beber del jugo de mi sexo
Atentos al llamado de fábula
En bienaventuranza.
Me da tanto placer mirar tu cara
hermosa me sumerge en hondo mar
para ser pez violeta y
cosquillear
las yemas de tus dedos coralinos
Amor de oscuro bosque desvelado
en mi quietud.
EN EL MUSEO METROPOLITANO DE NUEVA YORK
Cómo te enfrentarás, Van Gogh,
a la gran amenaza de la flor…
II
En una selva luminosamente exótica
come el león al tigre
directamente
bajo un perfectamente blanco sol.
Florecen exquisitas de color
las flores encantadas.
Incandesce el movimiento de la línea
en hermosura descansada.
III
Medusa está triste en manos de Perseo
Le ha quitado el cuerpo
Sigue viva la cabeza
hermosa, esplendorosa.
Tu rictus de tristeza asciende la alegría
al escuchar las nobles voces de
serpientes
que en concierto de armonía
victoriosa
entonan un silbido pregonero:
—Es nuestra cabeza lo que quieren —dicen—,
Está viva, intacta, hermosamente
esplendorosa la cabeza.