
Luis Cartañá Otero nació en La Habana, Cuba en 1942. Viaja de muy joven a los Estados Unidos donde
estudia inglés en la Universidad de Georgetown en Washington, D.C. Se traslada a
España, allí realiza estudios en derecho y hace amistad con los escritores Pere Gimferer, José Caballero Bonald, Gloria Fuertes, José Batlló,
Ignacio Gómez de Liaño y Francisco de Asís Fernández, entre otros. Durante su estancia en España publica su
primer poemario Estos humanos dioses (1967). Precisamente, en 1967, viene a residir a
Puerto Rico, donde se dedica a la cátedra de literatura en el Recinto
Universitario de Mayagüez de la UPR. Desde
allí inicia una dinámica actividad cultural participando en numerosos
encuentros culturales y congresos literarios en Puerto Rico, Perú, República
Dominicana, México, Colombia y Estados Unidos.
Junto a otros escritores funda la Confederación de Escritores
Latinoamericanos. En Puerto Rico Cartañá se identifica con los poetas de la Generación de
1960; particularmente con el grupo del Oeste de la isla, representado por
Carmelo Rodríguez Torres, Jorge María Ruscalleda Bercedoniz, Sotero Rivera Avilés,
Juan Torres Alonso, Billy Cajigas, Wilfredo Ruiz
Oliveras, Jaime Martínez Tolentino e Inés Crespo,
entre otros. Funda y dirige la colección
“Jardín de espejos,” responsable por la edición de Antología minuto de Francisco Matos Paoli
y Antología de la poesía sueca
contemporánea, entre sus títulos más destacados. Publicó los poemarios Joven resina (1971), Tocata,
fuga y presencia (1972), Canciones
olvidadas (Chanson Oubliés)
(1977, 1985 y 1988, ésta última con prólogo de Pere Gimferer), Sobre la
música (1981), La mandarina y el
fuego (1983, con prólogo de Francisco Matos Paoli),
Los cuadernos del señor Aliloil (1985) y Permanencia
del fuego (1989), publicado a pocos meses de su fallecimiento. Cartañá propulsó la
candidatura de Francisco Matos Paoli al Premio Nobel de literatura, quien se convertiría en el primer
escritor puertorriqueño en ser considerado para tan prestigioso galardón. La poesía de Cartañá
ha sido incluida en las antologías Poesía
en éxodo (Miami, 1970), 9 poetas
cubanos (Madrid, 1984), Antología de
poesía puertorriqueña 1984-1985 (Río Piedras, Puerto Rico, 1985), Poesía cubana contemporánea (Madrid,
1986), Poetas cubanos en España
(Madrid, 1988), Pulso de poesía
(Mayagüez, Puerto Rico, 1992) y Al pie de
la memoria. Antología de poetas cubanos muertos en el exilio (1959-2002)
(Miami, 2002). En 1988 se traslada a España para realizar
estudios doctorales de Filología Hispánica en la Universidad Complutense de
Madrid, enviado por el Recinto Universitario de Mayagüez. Luego se traslada a la ciudad de Miami donde
muere de un tumor en el cerebro el 11 de febrero de 1989.
SI SUELO CALLAR
Si suelo callar esta palabra
que no brota; si me quedo mirando
extasiado algo que desde el infinito
me hace señas; si entre mis labios
no se suceden las espumas de las letras
de los muertos al expirar; ni si un fino
hilillo de sangre me exuda
entre la comisura de los labios,
es que suelo callar—es que estoy callando—
una palabra, esa forma de muerte
tan antigua y ya acostumbrada.
SÍLBAME UNA TONADA AL OÍDO EN LA NOCHE
Siempre he querido llevarte conmigo
como un objeto, un objeto
sencillo y tan frágil
que sólo mi saliva pueda pegar,
esa saliva amiga
de las palabras y los besos.
Objetos, cosas sencillas,
canicas de colores con que jugábamos
cuando niños, sorpresas que encontramos
en las pequeñas cajas y rincones de las gavetas
de los armarios: presillas, cuentas de un antiguo rosario
partido, una pequeña foto en donde tu cara se
vea
al final del grupo, jugueteando, gomas de borrar,
azabaches, un sello de correo… si quiero llevarte
en un hulillo colgando de mi camisa.
Sandalias en miniatura pero al fin y al cabo objetos
que se puedan llevar en los bolsillos del
gabán,
del pantalón o quizás
en un secreto paraje del cinto
o escondido en el talón de mis zapatos.
Llevarte conmigo para jugar contigo entre mis manos,
tocarte con mis dedos,
posarte en mi dedo índice y decirte
lo que estoy sintiendo,
precisamente lo que estoy figurando
que pienso en ese momento.
Como un pan que se cuece en un horno
cuerpecito de mujer dorada por la luz del sol
como una botella finísima
de cristal en la ventana.
Acompáñame como un objeto.
Hazte ese objeto que yo quiero que tú seas.
Aladina del genio de una lámpara
que noche a noche no tenga que traerte a mi
recuerdo.
No te quedes fila en la memoria.
Deambula por la habitación
como una mariposa nocturna. Sílbame una tonada
al oído en la noche. La simple
tonada del viento
que se hace mujer para dejarse poseer.
He aprendido que nos vamos
quedando estáticos
como guerreros encadenados
por el enemigo victorioso.
La memoria nos va haciendo nosotros
y el día menos pensado nos vamos haciendo
recuerdos y pasados.
Y todos los objetos son hermosos
porque sólo están hechos de presentes.
Conviértete en cualquier cosa encima de mi escritorio
o en mi casa.
Dulce enredadera de piel y árbol
iluminado de luciérnagas.
Llevas estrellas rojas en tu sangre,
purísima. Sangre que aprendiste a convertirla en
madera
en hierros, en herramientas
que van a durar como la tumba de los
faraones
o como la eterna melodía lunar de la luna.
Mujer, tú vas y vuelves
pero nunca te vas. Ahora me he dado cuenta
que solamente tú eres eterna.
eterna.
Eres el libro
que siempre llevo en mis manos
y nunca he llegado a descifrar
(navegante como los equinoccios
y fiel como el calzador que uso en las mañanas).
Un día me comprenderás
y de la misma azúcar te convertirás en ángel
pequeña barcaza de papel
en una charca transparente de aguas.
Te soplo para entretenerme
y me llevas contigo a tu ritual de gnomos
y vitrales.
El cuchillo, el tenedor,
el plato y el pedazo de pan.
Así eres tú y eso me alegra.
Pero no en la memoria.
Tan llena de cosas
que no son tú. Tan repleta
y colmada de sangre y sangre.
Tú no te has sabido guardar
en la memoria. Demasiado dulce
para no ser el zumo de la caña.
Demasiado mujer para no ser
un pedazo de pan con hambre.
Demasiado ser, para no convertirte
en objeto. Toallas, sillas,
jabones,
granos de café, jengibre,
calzoncillos, camisas,
trofeos, palomas.
¡Saltarina! que vas convirtiéndote en cosas. En todas las cosas.
Tú amas los objetos
como yo.
Pero nunca te conviertes en memoria.
Demasiada sangre.
Desbordada sangre
en mi memoria.
DEL PENSAMIENTO
I
Caminando
América
El pensamiento quiere esclarecerse y se
pasea,
abre sus ojos, vuela como la pluma del indio
sin cabeza,
camina con los zapatos de los niños sin pues,
construye con las manos del mestizo sin mina,
detiene el fuego en la pupila misma,
y no pronuncia la palabra del adolescente
sin escuela
o calla con el silencio sentencioso y
profundo del humilde.
El pensamiento sabe, como Dios también
lo sabe,
que andar por estos rincones de América
es perder el pensamiento mismo
o alguien le arranque la crin que lo
peina.
II
Al
poeta Luis Rosales
El pensamiento vuela serenamente
como una mosca sobre el bizcocho
de almendras. El pensamiento va
circunvalando sobre los pequeños
zapatos de hebilla al frente,
las rojas sandalias para corretear
por la arena, el diminuto traje de
bombachos
y la corbatita escolar encima del
escritorio
y los libros. El pensamiento no puede equivocarse
cuando aún entre sus manos ve las manos,
las antiguas manos de la abuela.
El pensamiento no puede equivocarse
porque sabe que una vez se pensó niño.
PEQUEÑO CANTO A LAS PALABRAS
Si uso las palabras
es para emplumarlas
en forma de palomas,
engarrarlas
en las patas del tigre
y perturben la selva
donde los hombres sueñan.
Hacerlas rosa o sol
en las mañanas cuando el viento
derrumba las ventanas,
y desnuda que entre mi voz
a poblar multitudes.
Si uso esta voz de letras
con las que canto
y camino
y veo
y sufro
y te poseo
en pleno coito
te exijo pronuncies
mi nombre.
AUTORRETRATO II
Por amor
y para caminar
por la tierra,
me descalzo
las sandalias
teresianamente,
me limpio la cara
monalisamente,
y me descrucifico
como no hizo Jesús.
A TERESA
In memoriam
Como si hablar fuese
estrictamente
necesario para vivir.
¿Hacia qué jardín de luces?
¿Sobre qué senderos se encontrará
la luna entre los jazmines? ¿Hacia qué regiones
a donde caminemos una rosa no es una espada de fuego
clavada en el esternón? De qué material está hecha
el ala de un ángel que llora,
eternamente llore su olvido, el exacto camino de
regreso
donde en luz los cuerpos se intercambian
sonrisas
y sea paz el espacio
y esté de paz rodeado el tiempo.
Ahora, precisamente ahora soy
ese ángel de losa y vacío. Ahora cuando la luna es árabe
entre las fuentes y las estatuas del patio,
y se va llenando la luna
mientras sobrevuela sobre los olorosos pinos
y cabe su imagen entre las manos cuando llevamos
agua de los ríos, ríos que corren lentamente
hacia las iluminadas estancias donde
pernoctan las almas.
Almas justas. Cruza un vientecillo apacible
que es indicio de arcángel.
¿Es cierto que el cielo es azul
o no conoce más remota región
que el mar en calma?
Una mano no basta para sostener los recuerdos, para agrietar la pared
llena de raíces. Ahí están siempre presentes
los caballeros del olvido,
soterradas todas las caricias, de ese miro hacia
allá
nace la pregunta: ¿Es que me debo extirpar
de mi cuerpo
la espada de la rosa, el lirio sofocado del pecho,
el farol de los ojos para buscar la senda
de los jardines árabes que surcan los caminos,
de los surtidores de agua y miel, maná de este desierto?
La rabia de las crines encrispadas de los
caballos
que cruzan volando la playa, el fuego de
los dragones encendidos
como luces para iluminar los caminos no
bastan
para señalar adónde se van las almas.
Qué se han hecho de los brazos, de todos los brazos que alzaban?
Qué se han hecho de las luces que componen la carne de los cuerpos?
Dónde están las mismas figuras repetidas a diario en el espejo?
Dónde están los espejos adónde se van a verter las figuras
repetidas y perdidas para siempre? ¡Ah, sí, los espejos
del uno,
del diez, mil veces millón de aves en
retroceso
hacia la cuna volando, hacia la cuna de la
muerte creciéndose!
Del manantial hacia el infinito seco,
círculo preciso a la inversa cruzando.
Si estamos hechos de ti, madre de espejos,
¿qué te has llevado de mí?
La imaginación es igual a la realidad
y sólo el dolor y el dolor no son imaginarios. ¡Luz, luz
para aceptar la vida y no precisamente luz
para morir!
Todos los días, cada día
es más silencio la vida. Todo ese
tiempo creciente
de murciélagos devorándose las mentes,
agitando los dúctiles esqueletos, chupándose
lentamente
la arena de las costillas,
van convirtiendo en frágiles los remos,
haciendo polvo la barca, derritiendo las anclas.
De fango a fango las dos riberas.
Y ahora yo
frente al mar batiente, frío mar de diciembre,
la noche cerradamente noche,
los enormes y más refulgentes luceros,
supuestamente ardiendo,
en el abismo. Frente a mí, aun
salto, el vacío eterno
de la noche, del tiempo, del minuto,
exactamente sesenta segundos de oscuridad, vacío y
zozobra.
CANCIÓN 1
Alimentar mi ser de una ventana
tras otra, por donde voy mirando
el suceder del las cosas, el suceder
del tiempo y del espacio. No hay arpa
ni una animosa flauta suena en la habitación
sino está junto a tu cabellera, recordándome
esta acumulación y suceder de vida.
La dicha es tu
presencia. Esta delimitada perfección
de contornos y suspiros: oler cada momento, tocar cada segundo,
mis poros de pronto, oyen tu melodía. El amor es lo que proviene
de ti y está en todas las cosas: ese milagroso suceso
al mirar el antiguo gran farol de la esquina y oír otros pasos
que serán tus pasos. Ese oculto sonido del agua
en la canal que me recuerda tu voz
viva y cascabelera
Toco tu piel
para atemperar mi rebeldía, oír pasos de
pasos subiendo las escaleras que
sin embargo, ahora conmigo, no traerán la
muerte. Y al final del último
escalón mirar y ver iluminado el mar hasta el
confín.
El amor es abrir una
ventana y una puerta
que nos lleva al vacío, donde vamos
situando a diario
las sensaciones, en tu iluminado
circuito. Es guardar
debajo de la almohada una llave y soñar
que tu sueñas con mis sueños. Y ya amanecido
tomar la llave, abrir la puerta de la casa,
salir,
dar un portazo a mis espaldas, abandonar la
casa, el pasado sin ti
ese ya olvidado infierno.
VISIÓN
Un niño me entrega un pájaro de fuego
en una caja; otro niño juega
con un enorme aro de platino;
es un malabarista sobre una cuerda
estimula mi imaginación. Sé
que sólo agrego recuerdos sobre recuerdos
y al llevar al espejo ya no encuentro
mi foto. Miro la ciudad ardiéndose
de lejos. No encuentro dentro de mí
el espacio donde iban uno a uno tus besos.
Indefectiblemente me entrego
a la tristeza. Cierro la ventana
que da a la ciudad quemándose
y ahora han quedado en bruma
todas las cosas. Sostengo en vilo
mis ojos.
¡Oh Dios,
por qué se me habrá olvidado llorar!
IMAGEN Y RECUERDO
¡Cuánto duele a la rosa
abrirse
en pétalos!
ofrecerse
en belleza cada día;
erguirse
corazón de la planicie.
Tan pequeña
adulterando el fango; y un pájaro
de sangre sobre el tallo.
¡Cuánto tiembla mi mano
en tus espinas! No alcanzan
mis labios a posarse en tus pétalos
y me esfumo en la brisa que la envuelve.
Mis ojos,
adueñándose la hieren.
¡Qué comunión perfecta
de hombre, vida y sacrilegio!
DONDE SE HABLA DE LA BELLEZA PURA
A Ruth y a Carlos Bousoño
Criaturilla Thou
beauty;
Criaturilla thou
Wonder.
Criaturilla de la más lejana voz.
Criaturilla salvaje de pechos
de azul roca, en tu vuelo
vas ensartando pájaros con tus alas de
fuego
y en una alegría perenne, mientras vas volando, vas huyendo;
y yo te miro encender en las alturas, almas,
y en las almas, fuegos. Deslizarte
entre los seres
y casi burlante de todos, si ni supiere yo que
vas vacía
de gentes y de cosas. Vas mirando
vivirte
en otros ojos como Narciso al agua.
Y en ella te recoges y te mojas el cabello
para ganarle el tiempo preciso a las
charcas.
pero en el tumultuosos mar
no te reflejas. Pero en el
tumultuoso mar
te brotarían chispas en la cara; pero en el tumultuoso mar
te sangrarían las cicatrices
que él mismo te rasgara. Yo puedo relatarte
qué hay bajo sus aguas: están los peces
sables,
el pez cuchillo y el pez uña de gatos…
A gran profundidad está el abismo
fantasmal que no se devora a sí mismo.
El pez luna seca, el animoso pez silencio
y los cetáceos diablos y el tiburón no llanto.
Ay, ¡si los conocieras tú, pero… no se te dejan ver, ni se te muestran!
Salvaje criaturilla thou beauty,
salvaje criaturilla thou Wonder,
tú eres la criaturilla más hermosa de la tierra,
pero eres mariposa de pantano y viento
y necesitas del viento que te devuelven otros pájaros,
criaturas de cercanas y lejanas voces. Necesitas
el agua quieta del reflejo, usa el agua mansa, ¡corre!,
tu piel es importante. Tus ojos
importantes
y contemplar tus pecho de azul roca,
tu cinturilla de rubí ardiéndose: ante mi lengua bípeda;
frente a tu ombligo, solamente hallarás mi
lengua deseosa y bípeda
y mi deseo. Después de mi deseo,
vengo yo, ese fantasmal abismo, el mar.
Yo puedo relatarte qué hay bajo mí mismo:
solamente en mí el deseo existe.
Y así comenzarán a brotarte y te sangrarán las cicatrices,
cicatrices que el mismo mar te hiciera.
JUICIOS
SOBRE LA POESÍA DE LUIS CARTAÑÁ:
“Poeta superrrealista
con actitudes románticas, neobarroco, siempre devela a cabalidad su mismisidad sin olvido del hombre que sufre explotación y
miseria. Sabe jugar demiúrgicamente
con las palabras logrando plenamente un ritmo que a veces se torna sincopado,
diseminando elementos sustantivos o verbales en las estrofas que reunía o
recoleccionaba magistralmente.”
Francisco
Lluch Mora. Cuatro estaciones en la poesía de Luis Cartañá (Fundación
Puertorriqueña de las Humanidades, 1995).
“Le gusta a Luis Cartañá
que se le reconozca en esa especie de abandono lírico con que quiere significar
los aspectos más específicos y puros de su idealismo neorromántico: su recogida
del amor, en los espacios lúdicos, secretos y el desmelenamiento del idioma en
el ejercicio de sus riesgos, de sus luces y sombras fragorosas. Tal vez, y aparte de sus frondosidades
léxicas, de su cosmovisión expresionada a pie de
letra, de su fuego verbal y permanente, sus mejores virtudes poemagógicas estribe en la manera de acercarse, emocionada
y peligrosamente, al intrínseco acto creativo.”
Rafael
Soto Vergés, prólogo a Permanencia del Fuego (Madrid, 1989)
“Luis Cartañá
nombra las cosas. Encuentra revelación paladina en las cosas. Su abundancia formal emerge de una
consistencia interior llena de palabras como sombras. Así se desparrama. Y se esclarece, a pesar de la penumbra velada
en que está inmersa la imagen múltiple que se desplaza continuamente…”
Francisco
Matos Paoli, prólogo a La mandarina y el fuego (Mayagüez, Puerto Rico, 1983)
Dos notas finales:
1. En la nota biográfica incluida en Pulso de poesía escribe Guillermo Martínez
lo siguiente: “En una ocasión, un poco apesadumbrado, Luis me dijo: ‘En Puerto
Rico no me incluyen en las antologías porque no nací aquí; en Cuba porque
abandoné el país y hasta creen que soy del C.I.A., y
los cubanos de Miami, tampoco, porque dicen que soy comunista’.”
2. Cuando fui contratado como docente en
el Departamento de Estudios Hispánicos del Recinto Universitario de Mayagüez de
la Universidad de Puerto Rico en 1995, se me encomendó la preparación de las
obras completas de Luis Cartañá Otero. Lamentablemente las luchas internas
departamentales (al parecer perennes) y la crisis por la que atravesaba dicha
institución en aquel momento imposibilitaron que llevara a cabo este proyecto.
Es imperioso rescatar la obra de Luis Cartañá y consignarla dentro de la historia literaria
puertorriqueña. Cartañá
dejó una huella notable innegable en la poesía del setenta y del ochenta. Una edición crítica de sus obras completas
aún espera.
Página preparada por Alberto Martínez-Márquez