
LINA
ZERÓN
Nacida en México en 1959. Ha publicado
siete libros de poesía y dos novelas. Algunos de sus poemarios son Moradas Mariposas (UNEAC, La Habana,
2002), Vino rojo (UNEAC, La Habana, 2003)
y Un cielo crece en
el fondo de tus ojos (versión bilingüe,
francés-español; Editorial La Barbacane, Lyon, Francia, 2004).
Su poesía ha
sido traducida a varios idiomas e incluida en antologías en diversos países. Ha
obtenido premios a nivel internacional como el 2do. lugar
de Cuidad Melilla España en 2002, Ciudad de Barcelona en 2003. Sobre la poesía
de Lina Zerón ha escrito su editor: “Los temas en su
poesía se levantan desafiantes, rotundos, porque ha sabido crear un lenguaje
propio de una frescura inigualable, donde sus imágenes conducen al lector al
corazón del epicentro sensible. Unos cuantos versos son suficientes para narrar
los sentimientos más complejos, las sensaciones mas
poderosas sin caer en el intelectualismo de la poesía pura. La escritura de
Lina Zerón es oxigenada, llena de vitalidad porque
ella está viva, porque nace de la vida, también encontramos una poesía de
denuncia, social, que observa con severos ojos la realidad del país, los
desastres de la guerra, la esclavitud femenina, la enfermedad y el hambre.”
UN GRAN PAÍS
Vivo en un país
tan grande que todo queda lejos:
la educación,
la comida,
la vivienda.
Tan extenso es mi
país
que la justicia no alcanza para
todos.
Fui semilla de sol
plantada en la tierra,
parida por un tornado de agua,
entre polvo estelar y alarido de
colores.
Yo quería nacer
mariposa,
águila
y que me crecieran doradas
plumas,
pero nací higuera de enormes raíces
y me salieron ramas
y de las ramas hojas
y me nacieron ojos en la corteza.
De las hojas
brotaron palomas
y acunaron suspiros mis rojos
dedos,
mis manos abanicaron tinieblas
y probé la manzana del edén.
Supe del sabor de
la sangre
y me punzaron los huesos
y aprendí a llorar con mi sombra
y a cargar la cruz del fruto de
María
pero también probé la miel sagrada
de la rosa
y la carne del cordero
y tuve sangre virgen en las venas
y entre mis piernas el jugo de
Adán corrió.
Mi vientre parió
moradas mariposas
que alimenté con savia pura de
abeja
y me transforme en Olmo
para defender los frutos
y ni sequías
ni tempestades
arrancaron mi tronco de la tierra.
Cantaron muchas
primaveras con sus inviernos,
maduraron los higos y a la vida cayeron
y se olvidaron de este árbol
y desnudas quedaron mis ramas.
me crecieron alas
y en las plumas colores
y en los colores agua
y me convertí en pez-golondrina.
Mis lágrimas humedecen las escamas
y los suspiros hacen volar mis
alas
cuando veo las semillas que mis frutos
dieron.
Soy feliz de haber
nacido higuera,
volverme Olmo
y ahora ser pez-golondrina
sin nido fijo y sin cadenas.
CORTESANA
Soy la mujer que
duerme en la jaula con los leones
al ponerse el sol.
Carne cruda como
de sus pestilentes fauces
lamo sus recovecos denigrantes
y sin importarles,
prueban cada mes mi sangre.
Me he dejado
ultrajar por conveniencia,
soy mansa por una retribución,
Abro mis
posiciones
para conseguir prodigios mayores,
mejores pagas.
Todas las noches
meto al sol en mi cama
y caliento deshilachados cuerpos.
A veces suplico
ternura desde el fondo de mi alma,
desde el encierro de mi jaula
repleta de vacíos inconmensurables,
pero ellos no escuchan.
El mundo me
desprecia,
yo lo ignoro.
Vivo para
alimentar a las bestias
soy libre de volar si quisiera,
de escapar,
mas no tengo a donde ir...
Pertenezco a esta
jaula.
DESOLACIÓN
Dios ¿dónde estás?
Acaso en la débil
ala de una mariposa,
en el monótono zumbido de la abeja
o en la gaviota que roza
vagamente la playa.
Te busco
en el crepúsculo vacío de
invierno,
en la luz sin frontera de mis
ojos,
en la melancólica sombra del
ciprés.
Palpitan en mi
pecho reflejos de aurora.
y no estás.
Tampoco en el alud
de tatuados dolores,
en el breve escalofrío de mis
párpados azules,
en la marimba interna de mi
cuerpo.
Tal vez mis rezos
llegaron tarde a la cita,
tal vez eres pedestal de oro
inaccesible,
anzuelo en el fondo sin carnada
y yo hambriento pez en la noche
del océano.
Tal vez seas
omnipotente campo y yo roja hormiga.
Tal vez seas flama
desprendida del sol
y yo ciego espejo incapaz de
reflejarte.
AHÍ, DONDE
En la blanda cavidad de mi cuerpo
ardes.
En el espacio donde impera la noche
tiemblas.
En las sombras donde los dementes clemencia piden
te arrodillas.
En la profundidad del sueño roto
apareces.
En nombre del Maestro que llegó a salvarnos
imploras.
Ahí, donde el olvido a jirones llega
palpitas.
Ahí, donde tu memoria no tiene sosiego
existo.
Ahí donde el alma absorta se ciñe uno a uno
yacemos juntos.
Ahí donde mi corazón oprimo antes de que el llanto llegue
y me avergüence
te desconozco.
Ahí, donde mi
delgado silencio te interroga,
te perdono.
AÑADIRTE A MI PIEL
Quiero hervirte
en el centro de mis suspiros,
desgreñar tus ansias en mi ansiosa piel,
y encender piras infinitas
en la avenida de mis piernas
para guiar tu clavel por mi noche.
Desmadejar tus besos con mis besos,
en la flor de mi naranjo adormecer tu sed.
Sentir en mi elástico triángulo
azules bocanadas
y convertirte en amaranto ocaso,
para deleitarme con tu espuma,
para echar anclas,
para perseguir gaviotas,
para morir en ti.
¿Qué harás
Si sobrevivo sin
ti a la furia de la noche,
y desnuda atravieso entre balas
este campo minado de recuerdos,
si descubro un aljibe de amor en
el desierto
y a solas bebo en la noria de las ansias?.
¿Qué pasará amor
Si mis pies a
seguir tu huella se afanan
y mis manos en perseguir hojas al viento,
si convierto atormentadas nubes en
llovizna
y desquebrajadas olas en huracán
sin dueño.
Si mi voz repite
que te amo en la penumbra,
y tus besos es lo único que quiero?.
Si busco tu nombre
en el sueño que se extingue
y tu aroma de violetas mientras
duermo,
Si al probar la
madurez de mis mares
tus labios enmudecen de ternura
y de tanto amor se desorientan
las gaviotas
que descubren al vuelo el secreto
que nos une.
¿Qué ganaría
Por coser
atardeceres al diván de tu regazo
ofreciendo devorar a besos la nostalgia
mientras someto torbellinos corazón
adentro.
Si vendiera como espejo mi rostro en el mercado
y dibujara tu imagen en el
corazón de mis entrañas
para que pueda este poema soportar
tanto tormento?.
¿Cómo
continuar
Ahora que la
ausencia es la única que ama
en esta soledad congelada de
suspiros.
Si no hay mas desiertos ni lluvias en mi alma
y tu recuerdo es derramada
oscuridad sobre mis ojos?.
¡Dime amor cómo recuperarte!...
Tal vez regando mi
piel por los
caminos
hasta ser cadáver mezclada con tus
huesos.
IMAGEN COTIDIANA
Este desánimo
eterno y pegajoso,
esta intransigente búsqueda perfecta
de ti.
Ya no hay lunes
malhumorados
ni
eufóricos viernes
ni
domingos depresivos.
Ni siquiera soy
simétrica como los miércoles
ni me
parezco al aburrido jueves.
Debería inventar
otros nombres a los días,
restarle semanas a los meses,
abolir las tardes de lectura,
los arrumacos en los parques
de parejas clandestinas.
Abolir nuestra
imagen cotidiana,
tal vez regresaría el ánimo de continuar
aquí.
LA CASA
Llegó el momento
de partir
el hogar en dos.
Bien:
Comencemos por los
rincones donde las arañas
tejieron también su historia.
Hablemos de los
muros y sus cuadros.
¿Cuál eliges?
¿El del día de la boda,
el retrato de la niña
o el de vacaciones en verano?
Quiero el antiguo
bodegón
para recordar las comidas
familiares.
Mira la casa:
permanece ahí
de pie
pero sin alma.
¿Con cuál alcoba deseas
quedarte?
¿Aquella donde los gemidos
algunas vez fueron música perfecta?
¿O el cuarto azul
donde echó raíces la cuna para
siempre?
¿O el jardín
donde todavía se columpian las
sonrisas?
Te regalo los
espejos
saturados de susurros, ecos familiares,
desfigurados rostros
que hoy se desangran en reproches.
Deseo la terraza,
esa roja plataforma de minúsculos
ladrillos
donde lluvias y palomas encontraron
su refugio,
donde todavía transpiran las
estrellas
y no hay sombra que oculte los
engaños.
Pero tienes razón:
Tal vez aquí ya
nada nos retenga.
A la frontera tal
vez llegamos
entre el amor que vacila y las
cenizas.
Viéndolo bien,
no puedo partir en dos la casa:
te la regalo
con todo y promesas de futuros.
Como cortinas
viejas
te regalo lo que queda:
este sombrío cielo
y este desvencijado viento
que dejaste al cerrar la puerta
principal.
Me lastiman tus
ojos que destrozan
con impaciencia mis contornos.
Tus manos que
pordioseras sobre mi cuerpo se tienden.
Tu sexo
que falto de esplendor,
prefiere
huir temprano de la fiesta.
Qué lástima saber
que ningún poema recuerda ya
en mis
adentros tus espasmos.
Salvo yo en ti
nada eres.
Reina de las
profundidades de la tierra,
fiera devorando la vida,
brazo de río en medio de un océano
enfermo soy.
No siento mi
carne.
Nada sostiene mi
esqueleto.
Mi lengua está
agrietada y ciega.
Mis abismos en
silencio te reclaman.
A la rosa rosa dejé de contemplar,
al verde campo verde.
Me volví sombra.
En blanco y negro
vivo.
Y el miedo no se
aleja.
Este miedo habita
lo insondable,
se vuelve ojera en mi rostro,
aire inerte en mis pechos,
maléfico recuerdo.
Ahora un vendedor
de sueños
gesticula tu nombre en el vacío.
(Y yo me he
quedado sin monedas).
ASTILLA DE FUEGO
Dejé de ser sombra
confundida con la noche,
vigoroso tacto en la entrega,
loba devorando los restos de la
Luna.
Raíz enferma eres,
repudiada agua por las piedras,
astilla de fuego en las heridas.
El magnífico
tornado
hoy es lágrima de espuma.
El olvido es una
ola que nunca se detiene.
COSAS DE VIEJOS
Cosas del alma
- me dijo mi madre -
dolores del alma
que sólo entendemos los viejos.
“Quisiera contarte
pero
no me alcanza el recuerdo”.
Supliqué con los
ojos,
y de su mano llegué
al jardín de los muertos.
”Hace ya muchos años
viví la agonía de un amor secreto,
de los que siembran cruces
e incienso en la carne.
Tengo las manos
cansadas
de acariciarme en su nombre
- me dijo mi madre
bajito-
de aquellas caricias
que incendiaron las noches.
Como apagada risa
de niño
el dolor de perderlo inmenso fue”.
- Pero no llores-
,
me dijo mi madre;
esas son cosas del alma
qué sólo entendemos los viejos.
Preparado por Alberto Martínez-Márquez