POETA INVITADO

 

 

LAURA GALLEGO

 

Selección y notas de Alberto Martínez-Márquez

 

Nacida en Bayamón, Puerto Rico, en 1924.  En 1952 publica su primer poemario, Presencia,   que recoge su obra poética anterior a 1950.  Le siguen: Celajes (1951-1953) de 1959, Obra poética (1972), Que voy de vuelo (1979) y Arirán (1992).  Además, esa autora de Habla y lengua puertorriqueña: antología manual de práctica gramatical y ejercicios de redacción (1972-1974) y Las ideas literarias de Evaristo Ribera Chevremont (1983). En 2002 fue nombrada Humanista del Año por la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades y homenajeada por el P.E.N. Club de Puerto Rico en 2005.

         

 

LÁGRIMAS

Estas lágrimas suaves

caerán sobre la tierra

Nadie abrirá sus manos para ellas.

Caerán sobre la tierra

en temblor suave y nuevo,

como semillas puras de silencio.

Nadir abrirá sus Manis.

En la infancia desnuda

de su dolor, se irán suaves y mudas,

como niñas de agua

silentes y remotas,

humildes desde el alma de sus gotas.

 

 

 

 

 

NI UNA PALABRA

 

Ni una palabra

Ni una sola palabra.

Con las manos en los ojos

y la sonrisa cerrada.
Sin saber nada de mí

sin desliar mi voz de lana

porque no aparezca yo

con mi tristeza callada.

 

Ni una palabra.

Ni una sola palabra.

Porque no quiero encontrarme

cuando la voz se me escapa,

ave caliente que lleva

vuelo de desesperanza

 

Porque ceñida a mí misma

como el mar a sus entrañas,

todo silencio y cristal,

todo ensueño de playas,

no sé tampoco como él,

lo que dicen las palabras.

Ni una palabra,

ni una sola palabra.

 

 

 

 

 

POEMA DE LA GRACIA Y LA PUREZA

 

 

Para esculpirte en versos leves como las dunas

ahora que me devuelves en tu aire

la fe de las palomas y las palabras,

quiero ser algún día como tú,

roce blanco del más solo latido,

beso y vena tan nuevo que se asoma a la flor.

Como si fueras sólo delgada como un nardo,

un solo nardo negro cincelado en el aire

como ave vegetal,

sin más ojos ni un cuerpo, ni cabeza ni lumbre;

sólo silueta y rastro en levedad

siguiendo hasta el cielo que sube.

Blanda como las blandas marinas de las olas,

como la luz que tuvo una vez fuerza rara,

como algunas palabras que nos bordan al tiempo.

 

¡Tantas cosas que a veces se me tornan azules,

y rosas y amarillas,

y me tiran al suelo como semillas dulces,

otra vez, levemente,

para decir que todos los ríos llaman dentro,

y hay que correr de nuevo y saltar en las piedras,

aún con el corazón casi sin serlo,

aun hecha muerte,

pero muerte virgen de belleza,

que es ya resurrección!

 

Todo esto soy y he sido,

y tú vuelves a hacerme ver mis ojos de sueño,

a acariciarme el alma que es hoy sólo poesía,

sólo sola, tan sola

como se siente el aire en sí mismo.

 

Gloria de ser sentida sintiéndome palabra,

dulcedumbre, sollozo que hace nacer el alma,

emoción y fatiga de saberme viviendo

aún sola y elocuente de dolor tan vencido,

desde esta muerte, aún sola.

 

 

 

 

 

POEMA DEL SILENCIO

 

Con el silencio puedes hacer sueños

o perfumes dormidos de fragancia,

puedes hacer un nudo tranquilo de palabras

que se callan en ti y tiemblan del miedo

de llegar a ser voz.

Puedes hacerte brisa o larga lejanía

o ser un árbol sostenido en tierra.

Si miras hasta el cielo

sentirás esa abierta constancia de silencio

tan enorme de paz;

y si miras el polen y las nubes,

y si sientes el vago espacio de la música

te ceñirá su mudo genio astral.

Hasta el mar mismo y los ríos que hablan en su gemido de agua

van atados al tiempo desde un viejo silencio que los nació.

Tu yo mismo, si buscas en tu perfil de sueño

verás que no es el yo con que caminas,

es otro, solo y quieto.

 

 

 

 

 

Nítidamente triste

como un ave remonta suspendida en la tarde.

Con un silencio de contornos vagos

dibujada en el aire.

Sabiendo íntimamente mi vacío de cielo,

la gloria del espacio que se abre

como un abanico de viento diamantino

azul de mapas blancos y volantes.

Fantasía de altura en las pupilas

y en el alma un anhelo azul de viaje.

El corazón jugando con las nubes

a destrozarse.

 

 

 

 

 

ANUNCIACIÓN DE OTOÑO

 

En las frutas amarillas,

bajo el frescor amado,

en los altos aleros del aire

donde amagan palomas,

en el pecho mismo de las rosas

hay una tristeza diminuta.

Se abren los ojos suaves como flor

y se perfuma el alma

entre las ruinas de las hojas.

La abeja en su punzada

marca un final del tiempo estremecido,

y en flor final la voz final

se pinta de amor como las rosas.

 

 

 

 

 

Estoy sola.

Es como estar muerta.

Llena de unos silencios

pegados a la entraña.

Fijada en aire quieto

frente al espejo

de mi tristeza.

 

 

 

 

 

Esta oscura puerta de aire negro

abierta en un ámbito de inmensidad

con silencio enorme de estrellas,

por donde voy y vengo de mí misma,

abre hondos caminares a mi sombra

lenta de libertad

por donde asoman mundos remotos revividos

y quiméricas huellas de pasos de otras sombras.

En el cadáver fino del tacto de mis ojos

hay sólo un vivo espectro de luz fina y punzante.

Una voz infinita que gime desde dentro

no sabe que allá, al borde del corazón afuera, nadie escucha,

que a veces ni yo misma la escucho

poblada de su plena sustancia azul de sombra.

 

 

 

 

 

Ya mi boca sin fruta,

ya mi garganta sin madera,

sin sed, sin que haya bebido

ni pueda yo beber nunca

el agua sostenida,

ni comer cielo, ni tatuar

palmas en mi corazón.

 

 

 

 

 

Esta sed que evocaba cántaros bíblicos

y mares de sonido,

rumbos, rumbos de agua,

miles de rumbos de agua

ríos abiertos como vientres

de azogada criatura.

Esta sed sin palomas en reflejo,

lameduras de sal por las espaldas,

ni yerba de la lluvia,

ni cabeza inundada,

ni musgo cristalino,

ni flor húmeda.

Esta sed donde yacen muchas lenguas

disecadas de ríos,

donde el cristal se ha muerto

como un ojo duro en el aire.

 

 

 

 

 

AQUÍ TIENES MI MUERTE

 

Aquí tienes mi muerte mutilada,

víscera cruel expuesta en este aire

de tiempo consumado.

Una muerte hierática y sencilla

que no estalló de sangre,

que se me fue saciando duramente

en holocausto solo de cuchillos.

Se iban clavando en gozo torturado

como una maldición inconsolable.

La pasión asesina, mató el dolor

y destrozó la muerte.

Y me siento a mirarme las entrañas

sin el viejo furor desmesurado,

sin lívida erupción, como el que mira

por el coágulo negro del granate.

 

Vieja sangre homicida

me envenenó con vinos iracundos,

enramada en el cráneo,

apretada en red negra, en zarza ardiente.

Comí el temblor caliente

y la arena que raspa la garganta,

pero así, lentamente,

me apagué al tiempo a espaldas de la muerte.

 

 

 

 

 

URDIDA EN SOLEDAD

 

Urdida en soledad por unas manos

que anhelan levar móviles quimeras,

la red, la telaraña de los mares

se hace del sortilegio que la sueña.

 

Va sobre el hombro alzada

junto a la playa tensa-gris del tiempo.

Cae hiriendo la cara luminosa del agua

como un panal vacío despejado de viento.

 

 

 

 

 

MIRANDO UN RETRATO DE JORGE SAND

 

Tienes algo de mi soledad, Aurora Dupin.

Te rodea un vacío amarillo

y te pesa todo el cuerpo negro

como una ansiedad.

Tienes algo de mi soledad, Aurora Dupin.

Tu perfil que se cierra rendido

me parece un filo de guadaña así.

Ahora que te miro

tu cabeza densa parece morirse de ti,

Tienes algo de mi soledad. Es verdad,

tienes algo de mí.

 

 

 

 

 

Dios silbó al mundo

y se quebró el cristal de la tristeza.

Los cadáveres eran ecos hondos

plagadas de silencio.

Sacudidos corrieron como ratas

imantado el estiércol.

Fue succionado el caracol del silbo

la espiral lacerada.

Quedó tan solo como el cuelo

cuando traza algún ave.

 

 

 

 

 

Viejos rinocerontes se bostezan el mundo.

Yo detesto este sol amarillo de tiempo.

Nada es tan arduo como no ser nada,

escanciada el alma hasta el último encuentro.

Yo detesto la masa multigrafiada en mueca.

Vivo aún tanteando como una ciega antigua.

Aún me toca la cara alguna brisa fértil,

arada hasta el encierro de mi semilla única.

 

 

 

 

 

He bebido tu odio

como un pomo de sangre,

y me he adensado negra

en tu marisma.

Quisiera despojarme de ti

bajo este plomo

de carne corrompida,

como este cuervo acérrimo

hediéndome, la última sonrisa.

Ya no soy un velero,

ni una copa de llanto,

ni una esquina del mundo

donde gritan

los pájaros la vida.

 

 

 

 

 

Podridos hasta las sienes

la piedad es más fuerte que todo

y nos devoramos sin piedad.

 

la vida es simple como una oveja,

o una mariposa,

o una mano sucia de niño.

 

Cada día es una franja

y luego metemos la cabeza de avestruz.

 

Queremos asesinar el miedo

y no podemos con su cruz.

 

Queremos hacernos Dios

estrellando a Dios

como una bomba de cristal erizado.

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