
LÁSZLÓ DÉAK
Nacido en Budapest, Hungría, en
1946. Se inició como pintor, realizando
varias exposiciones de 1968 a 1976.
Ejerció el trabajo de redactor en la prestigiosa editorial Magvetó. Actualmente
dirige la editorial Orpheus. Entre los años de 1979 y 1988 publicó cuatro
poemarios. En 2004 la editorial
puertorriqueña Isla Negra publica por primera vez una edición bilingüe de los
poemas de Déak bajo el título A media voz, traducidos por María Teresa Reyes y Georges Ferdinandy.
AL SIGLO XX
Nuestro siglo perece en grafitos
Que la muerte le sea leve.
La fanfarronada que acaba un día.
No sabemos lo que vendrá después.
Tal vez algo, tal vez nada.
Como lo auguraron muchos hace tiempo ya.
Todas las puertas están abiertas.
Y todas las ventanas, cerradas.
A MEDIA VOZ
Veo en ustedes
cuán profundamente extraño soy aquí
y a pesar de todo
estoy como embriagado por una infinita
felicidad
con cada voz, destino, gesto perecedero
y las caras, los cuerpos desnudos
melodrama de los párpados abiertos
dedos que buscan en la luz
manos y muñecas que caen
encuentro de torsos temblorosos
y la ausencia eterna de la memoria
porque ya tengo asco de los veredictos
duermo y sueño oyendo dictámenes
sobre mí una sarna de habladurías incesantes
entre insidias enmudezco como un pez
rebuzno como un asno.
EN CASA
Si su fotografía viera todo
lo que acometo día tras día,
se convertiría en estatua de sal
voluntariamente
para no ser testigo nunca más
en ningún momento de nada.
Yo, aunque no la miro,
la veo siempre, viva,
y clamo, aunque no se mueva
como sólo claman los vivos
en la proximidad ferviente
de la que hace ya tiempo murió.
ACCIDENTES Y EXCEPCIONES
Lo digo con la humildad del que respeta
la ley:
confío en los accidentes y en las excepciones,
y sólo en ellos creo.
Todas mis esperanzas están puestas en lo
incalculable.
Educo mi cuerpo y mi alma en la
templanza constante,
para que esperen preparados su llegada.
Porque en los momentos más absurdos,
en soledad o en compañía, sofocado,
en cualquier instante, hundido en la
depresión,
en el éxtasis de la alegría desenfrenada,
a pesar de piedras, escombros, yerbas,
desechos, pantanos
matorrales, reglas, barreras aparecen
y me liberan si se percatan de mi simpatía.
CANCIÓN DE FIN DE SIGLO
Vergüenza me da en lo que me convertí,
cantor mezquino de coplas insignificantes.
Medio ratón de biblioteca, medio soñador
de quimeras,
ganado atado, cerdo de grasa omnívoro.
Caminante sufrido, ser silencioso,
especie paciente,
quien toma por nubes los polvos de la
carretera
duerme a su tiempo, se despierta tarde.
Ese siglo tierno me crió ejemplarmente,
designó mi lugar, mi tarea, hasta dónde me
puedo estirar,
tapó mi boca abierta con paja,
me envió al oportunismo sereno.
Si mi tiempo pasa de cualquier manera,
mejor si no tengo nada que explicar.
¿Por qué al amanecer convulso, rabio, me
sobresalto
como si en sartén de huelo se cocinara mi
espalda?
DESPEDIDA
Una sola semana en todo
y ya, me haces falta cruelmente.
¿A qué llegaré de ahora en adelante?
lo pienso una y otra vez.
Apenas te alejaste
y ya no te entiendo.
Por primera vez.
Rueda una película muda.
CALMANTE
No es una luz que se apagó, sólo la
juventud.
Llórala, que delire o no.
Ya tú tampoco serás el que fuiste.
Llegan nuevos inquilinos y la casa se
derrumba.
Milagro es un retrato del tamaño de la
mano.
Cuántos botones deslumbrantes y cuellos,
¡Qué caras y qué gran bigote!
Muertos y viven en nuestras gavetas.
Muerden hasta el fondo lentamente.
El tiempo ya no consume sus dientes.
De viejas promesas, una nueva locura.
La flor fresca, al pensarse, perfuma.
O miras tu mano en el mantel.
Juegas con una pequeña pelusa.
Buscas en vano la mano compañera, y
luego,
Terminas la comida empezada.
No es una luz que se apagó, sólo la
juventud.
Te quedas aquí en esta nocturna
meditación.
Qué gran frío de pronto.
Te pones el pulóver y te calienta el
verbo.
LLEGADA
Estás alegre has entrado en la estación
por fin llegaste te escribieron
te esperan te quieren te echan de menos
hace tiempo llegar aquí es la única
meta que acaricias
estás de pie, en el verano fresco, sobre el
andén desierto
con tres pesados baúles buscas moneda
para con el autobús inmóvil llegar a la
ciudad
donde—tardío amargo descubrimiento—
no tienes ningún protector, ningún
pariente
ajeno y antipático es el idioma que
farfullan, gesticulan
una semana más llegarán las lluvias
implacables
te das cuenta no reservaste alojamiento
con una confianza exagerada todo lo
abandonaste
en manos de tus anfitriones
te pusiste a su merced completamente
mientras el autobús repleto y sucio te sacude
miras asustado a través de un pedazo de
vidrio limpio
casas idénticas en largas filas
contento saliste
para no llegar a puerto jamás.
CONTRAPUNTO
In
memoriam Parancs János
Las grandes ideas conducen a la trastera
de la Historia.
Lo que era humano, olvidados destino y
nombre.
Los libros se reducen a cenizas o llegan
a la basura.
Las imágenes se disipan, los contornos
se esfuman en la nada.
El producto de una vida no vale ni un
centavo.
Monstruos pasan por encima del jardín
florido.
A su paso, frutas podridas,
El moho mancha los trajes viejos en el
armario.
Muerden la cara de lo que quieres
Tus esperanzas se desvanecen
Entre chiquillos que juegan con huesos
gigantes
Riéndose a carcajadas ¿qué buscarías?
Y ¿qué
buscarías entre los ancianos sucios
/en su campo lamentable?
Los años no cosechan la sabiduría, ni la
paciencia,
Ideas fijas y codicia guían la vida.
Ojalá de tu tiempo corto
como rabo de liebre
Quede algo, una mancha pura, limpia.
USTEDES TAMPOCO OLVIDARÍAN
También hay siempre melodías
Para apresurarme a que prorrumpa en
llantos
Pues me pego a lo que ya pasó
Quedando así, abandonado.
Vivo donde vivían ellos.
Van y vienen, me hablan todavía,
A veces, como antes, me animan
Luego me regañan otra vez.
No son sombras, ni fantasmas ellos.
Son reales, si yo lo soy.
Y me deben una mueca terrenal.
Y yo quedo para siempre su deudor.
Página Preparada por Albero Martinez-Marquez