POETA INVITADO

 

 

JULIO CÉSAR LÓPEZ

 

 

Nace en Cayey, Puerto Rico, en 1926.  Poeta, ensayista, editor y profesor universitario.  En la década de 1950 residió en Venezuela, donde trabajó en la Biblioteca Nacional y en la Universidad Central.  Estando allí colaboró en diversos proyectos de investigación cultural, como la edición de las Obras completas de Andrés Bello.  Retornó a Puerto Rico hacia la década de 1960.  Fue profesor del Departamento de Humanidades de la Facultad de Estudios Generales de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras.  En 1988 fue nombrado Editor-jefe de las Obras Completas de Eugenio María de Hostos.  Ese mismo año fundó el Instituto de Estudios Hostosianos.  Se destacó como poeta: Fogatas del tiempo (1972), Escalas de la semilla (1975), Geografía del vértigo (1976), Un blanquecino vuelo (1977), Amor, tus campanitas navideñas (1977), Alamor (1980), Poemas de tránsito y otras dolencias (1985), Cien desvaríos de la noche amante (1989), Estaciones de la vigilia: obra poética, 1975-1985 (1990) y Aniversarios e interferencias (2002).  Como ensayista produjo: Pasión de poesía (1960), Temas y estilos en ocho escritores (1967), Peregrino de sombras (1967), La patria en dos poetas y un paralelo modernista (1968), Pulso variable (1980) y El ensayo y su enseñanza (1980), Simón Bolívar o la trayectoria de un delirio heroico (1987) y La dimensión antillana en el epistolario de Eugenio María de Hostos (1996).  Cultivó un curioso género, híbrido de prosa y poesía, al que denominó “desconciertos,” que abarcan seis volúmenes: Cuadernos de los desconciertos (1973), Doble fondo (Desconciertos II, 1975), Torre sin control (Desconciertos III, 1978), Borrones y borradores (Desconciertos IV, 1979), Trazos en trozos (Desconciertos V, 1982), Goteras en el buzón (Desconciertos VI, 1986).   Julio César López fallece el 31 de julio de 2004. 

 

 

 

CLAMOR

 

Y me dicen: el tiempo

sanará las heridas.

Y me declaro, entonces,

un enfermo permanente.

 

Y dicen del amigo:

su muerte será

menos sensible

con los días.

Y me declaro, entonces,

un vivo permanente.

 

Ni enfermedad ni muerte

se terapian en tiempo.

El corazón no ritma

con relojes

ni la pasión humana

palpita en calendarios.

 

Déjame, Dios, la herida

irrestañable.

Déjame, Dios, la amistad

sin relojes.

Déjame, Dios, con este desamparo

para que el hombre redescubra

su lágrima.

Déjame, Dios, con esta vida

para que el tiempo

doble rodillas

ante mis amigos.

Déjame, Dios, una herida

incurable de vida

y una vida curada

de muerte

para mis amigos.

Déjame, Dios, un poco

de tu compañía

y la compañía total

de los míos.

 

 

 

 

RECIPROCIDAD

 

No conozco mi voz

¿Destemplada?

¿Sosegada?

¿Cristalina?

Dímelo tú

con la tuya

que no conoces.

 

No sé si es piedra

que desgarra el aire

o que va dibujando

cinturas en el agua.

 

No sé si es trino

madrugador en ramas

o grito mefistofélico

en la noche.

 

No sé si es agua

que se anudó a la piedra

o fue arrastrando cantos

entre las piedras

conjugando azúcares

y sales en epílogo azul

de su jornada.

 

No sé la vibración

de sus campanas

hasta cuáles oídos

de una tarde

cultivarán sus ecos.

 

No sé, no la conozco,

no conozco mi voz

porque ya en su regreso

me la devuelve el viento

tatuándola de mundo

y es hija de mi sangre

manchada en otras sangres

que a su vez no retornan

ilesas a su arteria.

 

No conozco mi voz

si tú no la presentas

con la voz de tu sangre

que habré de presentarte.

 

 

 

 

NADA

Es hora de callar.

Es hora del silencio.

Es hora de amarrar

la lengua al diente

enciado de modorra

como yeguas sabatinas

de mi infancia.

 

Siempre habrá un sábado

para quedarse sin palabras

y bostezar el hambre de la nada.

 

Siempre habrá un mediodía

de grises moscas inocentes

rondando silenciosamente

el párpado cerrado de la hora.

 

Siempre habrá un silencio total

de empedrado pueblo en siesta

tendido tercamente en el alma

como el cadáver último

de todas las palabras.

 

Nudo.  Silencio.  Pueblo.

Mosca.  Saliva congelada.

Bostezo.  Patíbulo del verbo.

Es la hora de la nada.

 

 

 

 

 

MAÑANA

 

I

 

Con su silbido cítrico

invadieron los pájaros

mis árboles

amaneciéndome en azul

y verde

que el amarillo horadaba

con punzones de dulce luz.

 

 

II

 

Como pétalos fijos

(traslación del rocío)

se cuajaron las nubes

en fragmentos de nata:

pequeños algodones

para curar el día

de tanto azul.

 

 

 

 

PREGUNTA

 

En la caverna del libro

hay unas letras

moradores con pasado

de tinta, juventud de plomo

y esta presencia negra

en la caverna blanca.

 

Un fuego de lectura

levanta sus banderas

sacudiendo las letras

liberadas del molde.

 

Pero el fuego ilumina

un desfile de hormigas

que las letras,

en el asombro mineral

de sus entrañas,

perdiéndose en verrugas

de la rocosa piel iluminada,

interrogan desesperadamente:

¿Son ustedes, hormigas,

la realidad o el sueño?

 

 

 

 

POEMA A IRIS CHACÓN

 

I

 

Remueves la gelatina de tu cuerpo

en un vaso de música electrizada.

En ti danza la sangre

sus más crudos ardores.

¿Cómo no ver la vida en movimiento

si tu cuerpo convoca

el estremecimiento primitivo

de la tierra

en una geología

de fantasmas epilépticos?

 

¡Oh iris inquieta de la carne!

Quiebra de todos los colores

en sísmica irrupción de los ardores.

Tu ondulación histérica pulveriza merengues.

La miel enfurece ríos en tus cabellos.

Las serpientes flagelan todas las riberas.

Naufragio de balances en tu cintura.

El mundo borra sus cuatro puntos cardinales

en fatal desconcierto de la cartografía.

 

Propietarias de espaldas inatrapables,

tu movimiento diluye brazos y piernas

en frenesí de células quemantes.

Dislocamiento rector de los impulsos.

Se desmantelan todos los sosiegos

en la febril pantalla de los ojos.

 

Sacudimiento de las primeras aguas

en loca marejada

de senos, de frutales muslos,

donde la piel del mundo

se ha erizado

en eclosión oceánica del sexo.

 

 

II

 

Plutónica efervescencia

de sentidos.  Danzarina

de comarca tectónica,

¿en qué región habita

tu verdadero rostro?

¿Cómo localizar en el desfile hirviente de tu cuerpo

una triste magnolia de estación solitaria?

¿Una embolia recóndita te fabrica su esquina?

 

Escultora de meteoros lúbricos,

semilla para el fuego,

imán de los furores,

enemiga de silos,

resorte heracliteano,

válvula de fragores,

en ti todos los ríos se despeñan,

en ti se quema el fuego,

en ti celebran los volcanes

su concilio de lava.

 

Dime, ¿reposa alguna espiga

en la entraña de la serpiente?

¿hay un junco naciente por cada cable alzado?

¿Recaptura la ola su espuma estremecida?

¿Descubrirá el remanso su raíz

en tu baile de embrujadas cortezas?

¿Cuándo dimitirán tus convulsiones

para que el mundo recupere su imagen?

 

 

III

 

Baile, baile, baile antillano.

Nuevo pigmento para los huracanes.

Resonancia de estrépito africano.

Crepitación del trópico en los poros.

Deponiendo al oriente su contorsión de seda.

Antillas en espasmo de nuevas tempestades.

Torbellino de nervios girando en el Caribe.

Modalidad caribe del temblor de estos tiempos.

 

Para el tiempo caribe de tu cuerpo,

para tu baile de tronantes jarcias,

para el sensual tumulto de tus mástiles,

yo pido, Iris Chacón, una mirada tierna,

un vuelo sosegado de paloma,

una serena estela de capullos marinos,

una herida espacial de golondrina.

 

Para el tritón encabritado de tu baile,

yo estoy pidiendo, Iris, otros aires,

otras anclas para amarrar impulsos,

tranquilo cabo en una oscura dársena,

un menudo velero que regresa

a buscar su verdadero puerto,

el inocente aire de su rada

en la tranquila piel de su ciudad.

 

 

 

 

DESNUDEZ

 

Me resbala

tu rostro

por el cuerpo.

Ignoro

los colores

que me pintan.

Hay un júbilo

redondo

que palpita

en mis células.

Abro mis brazos

para tragar

tus horizontes.

Yo estoy en ti,

mar, como tú

está en mí,

licuando

el cielo

en una desnudez

de cuerpo

que le ha quitado

toda la ropa

al alma.

 

 

 

 

EXISTENCIA

 

A Franqui y Tavi, que han compartido tan generosamente muchos aspectos de mi trayectoria.

 

Yo sé que un día

hubo un cuerpo,

hubo un cuerpo de niño.

Y hubo un nombre,

hubo un cuerpo,

para un cuerpo de niño.

 

Lo que llegó después

agrandó el cuerpo

sin agrandar el nombre

de ese cuerpo.

El nombre quedó niño.

 

Y el alma de ese cuerpo

no tuvo nombre.

Se lo ganó al tiempo.

Y se lo dieron

cuando ya se iba

del cuerpo.

El nombre nació grande.

 

Después,

mucho después,

lo recordaron,

por el cuerpo,

por el nombre,

por el alma.

Era un hombre.

Y ya no nació más.

Vivió.

 

 

 

 

TAMPOCO POESÍA

 

Tanta luz agrava miopías

Tanta ternura mata corazones.

Tanto verde escandaliza las hojas.

Tanta agua ultraja la sed.

Tanto amor no deja vivirlo.

Tanto pecado debe ser virtuoso.

Tanta vida busca la muerte.

Tantos ojos fabrican tinieblas.

Tanto trino tumba las ramas.

Tanto odio debe ser amor.

Tanta semilla cosecha cruces.

Tanto vuelo conquista tierra.

Tanta lágrima seca el corazón.

Tanta pureza llega a indiferencia.

Tanta cáscara suprime pulpa.

Tanta letra embrutece.

Tanta obesidad esconde hambres.

Tantas manos matan dedos.

Tantas cosas nos dejan sin nada.

Tantos pies se quedan sin caminos.

Tantas voces anulan gargantas.

¡Tanto verso no hace poesía!

 

 

 

 

SUGERENCIA CANINA

 

Como si dibujara

un cinturón

con huesos y tendones,

trazando la frontera

de una fugaz morada,

mi perro forma un círculo

girando con su cuerpo

como si reservara

espacio redondeado

para tranquila alcoba

de sueño simulado.

 

Después,

Sultán remueve

su pelambre,

se vuelca

sobre el punto común

del centro construido,

hacia donde la realidad

dispara con sus rayos,

se tumba,

esconde uñas

y enrosca el cuerpo

como serpiente

que defiende

íntima geografía.

 

Yo entiendo su mensaje:

Construye con tus nervios

un cerco invulnerable

para hacer de los versos,

en su vórtice mágico,

recinto venerable,

un cuerpo respetable

en las indefinidas

fronteras

de los sueños.

 

 

 

 

INSTANTES

 

Repito con palabras

la belleza tocada

en el silencio.

 

Yo sé que los momentos

son verdes siempre.

Los pongo a madurar

con las palabras.

 

Todo instante

es nuevo

sobre el mundo.

 

El rocío

es criatura permanente

que disfraza sus pasos

por las rocas.

 

Nómbralo en tu boca

y también en mi boca

resplandece.

 

Hablemos, háblame

con la vejez

de las palabras

sobre

la juventud

de los instantes.

 

 

 

 

PUENTE

 

Pensar en ti

desde la oscura piedra

de mi soledad

es recordar

que sobre  los helechos

de la mañana

sigue cuajando el rocío

la ternura de los cristales.

Porque pienso en ti

y tu amor me tiende un puente

hacia la transparencia

de todas las cosas.

 

 

 

 

PETICIÓN

 

Acuesta tu ceniza.

Allana tu soberbia.

Tiéndete en paz.

Déjame florecerte.

 

 

 

 

INSTANTES

 

1

 

El fuego de tus ojos

sobrevive

en el hilito de humo

que se fuga

hacia las nubes

de mi pensamiento.

 

 

2

 

Todo lo retribuyen,

mujer,

todo lo retribuyen:

la espiga te revela

el secreto de su cuerpo

cuando de tu amor

el secreto revelas.

 

 

3

 

hay un rumbo aceptado

que revela el silencio.

Hay un temblor varado

tras la lluvia del beso.

 

 

 

 

CIUDAD

Sobre la calle pasan,

en un turbión

de masas anhelantes,

colores de los autos,

los flecos de saludos,

el sudor descolgando

del árbol de la vida

el fruto de las sales

de angustias cotidianas.

 

El neón con su leche

domesticando estrellas.

Amasijo de cables

intestinando el aire

entre los postes.

Voces de cal bucean y bracean

en túneles de huesos.

Arrancando pedales,

se retuercen la prisa.

 

Todo rueda sin ruedas

en órbitas de ropas y correas

pobladoras del viendo y de azoteas.

La ciudad recaudando

la nada de los cuerpos

en los rieles torcidos

de las caricias muertas.

 

 

 

 

VIBRACIÓN

 

Presiento en retrovisor

ilusionado

la imagen de tu rostro

acicalado

que perfora cristales

para verme

como ingenuo piloto

de tus vías.

Llégame con el viento

de tu cabello en niebla

para alumbrar caminos

no trillado.

Yo te miro mover

tus manos tiernas

sobre el panel

incierto

de tu auto

y me complace

reducir distancia

para vibrar en tiempo

del intenso pedal

de tu mirada.

 

 

 

 

RETORNO

 

Torbellino de cimas

en latitud

de niebla descendente.

 

Un follaje que escapa

en cuenca leve,

rumiando noches

que el silencio

pastorea

humildemente.

 

He descendido al valle

en el tropel

sangrante

de los días

como grietas

en muros

oscureciendo

seres y cosas.

 

Vuelvo a mis cimas,

mi fría soledad

de indecisas espigas

donde el sol

es polizón maligno

y la luna acecha

la ternura implacable

de las sombras.

 

 

 

 

QUE AMANEZCA

 

Noche, déjame entrar

por tu puerta

de oscuras arañas indecisas

para buscar a la Poesía.

 

No quiero ver estrellas:

ni las que coquetean

en el claroscuro

de los párpados,

ni las que enganchan enaguas

en el biombo inaudito del silencio.

 

No quiero ver la luna

ni en la opulencia

de tus caderas,

ni en la tisis

de su pestaña mate.

 

No quiero ver estrellas

ni morder luna,

ni tragar más silencio

ni secar trapos

del amor derrotado

en la luz miserable

de los aerolitos.

 

Déjame, Noche, escalar

tu azotea de baratos aceites.

Sólo quiero orinar

para que amanezca.

Soltar el cobre de mi vida

en otro amanecer de sangre.

En la poesía de la noche.

En la noche de la poesía. 

 

 

 

 

DESCONCIERTOS (Selección)

 

***

Si sólo aplicas a tu vida la aceleración centrífuga, serás siempre una bala perdida.  Si sólo aplicas a tu vida la aceleración centrípeta, serás siempre un laberinto.

 

***

 

Conversación de sobremesa:

-¿Qué es un soneto?

-¡Qué sabrosa estaba la tocineta!

 

***

 

Espejismo: Una gata moribunda se retuerce en medio de la calle.  ¡No! Era la portada de un periódico que, moviéndose en una de sus esquinas al impulso del viento, mostraba en grandes titulares: “Marido celoso estrangula a su mujer.”

 

***

 

Disco rayado. Papel rayado. Caminos diferentes. Efectos diferentes. El primero, se toca a sí mismo, en trayectoria sustancialmente circular. El segundo, se autolimita en un marco cuadrado cuya transgresión arroja al abismo de la madera o de la loseta. El primero raya oídos. El segundo raya ojos. Pero el disco rayado despista y el papel rayado rectifica rumbos. (¿Se rectifican los rumbos por ser rectilíneos?)  El disco rayado es la oblicuidad del sonido. El papel rayado es rectitud impuesta en la vicisitud del pensamiento o de las emociones. Pero también al papel lo raya la pluma transeúnte. Lo raya y lo rasga. Pluma. Aguja. Riesgo de herida cuadrada. Riesgo de herida redonda. Sonido. Letra. Oído. Mano. Disco rayado. Papel rayado. ¡Mal rayo me parta!

 

 

***

 

Un oriental me enseñó que la historia quita lo que el paraíso da.

 

 

***

 

¿Quién hizo el molde para la fabricación de los erizos?

 

 

***

 

Los espejos comienzan a envejecer en las orillas así como los ojos van enterrando reflejos en las grietas de los párpados.

 

 

***

Hay pensamientos que inclinan la cabeza y con una mano cubren boca y barbilla como si temieran el escape—¿bostezo o vómito?—de ideas cuajadas en los pisos superiores.

 

 

Página preparada por Alberto Martínez-Márquez

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