
JOSEMILIO GONZÁLEZ
Selección y notas de Alberto Martínez-Márquez
José Emilio González. Poeta
puertorriqueño nacido en Nueva York en 1918. Fue
poeta, narrador, ensayista y crítico literario.
Sus poemarios son: Profecía de Puerto Rico (1954), Oda al mar de Guajataca (1954), Cántico mortal a Julia de Burgos (1956),
Parábola del canto (1960), Soledad absoluta (Diario Poético) (1972) y La niña y el cucubano (1985). Junto a Carmen Cadilla
y Francisco Matos Paoli publica Poemas de sangre:
primer aniversario de la masacre de Ponce (1938). También es autor de Los
poetas puertorriqueños de la década de 1930 (1960), La poesía contemporánea de
Puerto Rico (1930-1960) (publicada en 1972 y reeditada en 1986), La poesía en Julio
César López (1976), Poesía y lengua en la obra de Manrique Cabrera (1976),
Vivir a Hostos (1989), Julia o la intimidad de los
instantes (estudio sobre la poeta puertorriqueña Julia de Burgos, 1992), De
aventura con Don Quijote: ensayos y exploraciones (1993). Como antólogo se
destacan los siguientes volúmenes: Antología poética de Francisco Matos Paoli (1972), Antología poética de Luis
Hernández Aquino (1974) y Antología
selecta de la obra de Manuel Joglar Cacho
(1987). Se destacó como docente del Departamento
de Literatura Comparada de la Universidad de Puerto Rico. Falleció en 1990.
PEQUEÑO CIELO
Este pequeño cielo
que rizo a cada día,
cuya tierna cabeza
se mueve entre mis manos
como una flor que late
bajo el soplo de mis dedos.
¡Oh este cielo
tiene una ala en mi alma!
Su diminuta torre
enciende el sol que agravilla
las frentes;
su estructura empujada
como por lenta nube
penetra el corazón
que agita las palomas;
su estrella concentrada
deja orugas de fuego
en el círculo ardiente de los ojos.
¡Ah tu rostro me duele, y tus flechas de
vidrio,
espejo de mi niebla!
Mirada de lago roto espantando las
fuentes.
Ola pulverizada de diamantes sin luz.
Mas tu cuerpo que alumbra el gemido y la
muerte,
se esculpe en este valle de cumbres
desvalidas
con un tierno murmullo de ruiseñor
nacido.
¡Oh frágil
miniatura que despiertas el canto,
arrecido relámpago que funde mis
cristales
y me dejas subir entre gritos de pluma
hasta donde te llenan de fulgores los
árboles!
OTOÑO
¡Oh qué
frondosidad de árboles muertos
se te va sollozando por el pecho
y qué abortada voz llena el silencio!
Amigo, no te escapes de mi eco.
Tu cuerpo negro es carbón sincero.
Allí el ala se funde con el viento,
allí estallan los ojos en las puntas del
fuego.
Sonar te ví
por los cielos de hojalata,
doblar la aguda cima de tu espejo.
Partir la honda columna enceguecida
y con estrellas frías asaetear tus
dedos.
¡Oh tambor
derramado al pairo de una lágrima!
¿Quién te clavó la mano aserrada en el
tiempo?
Para los que tendidos velamos tu alegría
llueva tu olor de sombra y tu niebla de
cedro.
POEMA DE MI HIJA UNIVERSAL
Construido de pájaros el mundo,
apenas se podría añadir a tu sonrisa
y si tu mirada decayera
jamás un alba nueva podría desgajarse.
Aunque todos los párpados se unieran
ni una guitarra más soñaría en tus
brazos.
Aunque todas las nubes se agolparan en
mi pecho
el resplandor de tu silencio se oiría.
Pues la palabra Nada comienza a
despojarse de sus cumbres
y Todo es como un ángel conmovido de
olas
que avanza derribando las puertas de la
noche
para fundar la ciudad profundo que eres
Tú.
Imposible es quebrar el aire amenazado
de tu presencia,
la campana incesantemente rebotando
contra el sueño
aunque en la sala de todas mis células
te encuentras tú sentada
y en mis volcanes te levantas entre una
fronda de llamas.
Más allá de la aventura del llanto,
donde los colibrís
mendigan las praderas,
y los ojos caminan hacia los astros
exhaustos
se establece lo que apenas podemos
llamar que es.
Para eso recojo en mis manos tus pupilas
y acumulo la luz donde tu frente se
cierra sin jazmines,
asciendo a tu garganta sobre palomas rigidas
para que azotes tú la torre armada de mi
vida
y rompes los aceros que asesinan mis
trigales y siervos.
VENTANA SOBRE EL HUDSON
El río desenvuelve sus límpidas espadas,
su animal enjoyado caminando en el agua,
su fiesta de relámpagos arde en la
sombra clara.
El río es manantial con memoria de
lágrima
buscando entre lo oscuro la estrella que
lo plasma—
el río es transparente figura de la
llama.
Izan velas los ojos a los vientos del
alma
—los ojos en el río, horizonte rescatan—
Allí, rueda la luna; transcurre la
mirada.
FRENTE DE LUZ
Frente de luz tornada y gema de rocío
cavilando su esquirla de luna, su nuez
tripulada de unánime estrella.
Oreo dorado y laguna tibia,
brisa de ángel callado,
y espejo de música fina.
En el aire celeste la inhábil madera,
sin lámpara teje la angustia que labra
con uña de muerte su ciega persiana.
Húmeda ostra de olvido,
tu sedimento salino
polvo del eco, llovido.
DE: SOLEDAD
ABSOLUTA
2
Todo.
Lo que cae.
El esfuerzo bestial de lo humano.
Las escayolas del saber. El grifo
de la ola perdida.
Cae en silencioso amanecer de angustia.
La mesa donde vi
sentada a mi alma
era mínima y sola.
Se llevaba a los labios
ese pequeño corazón de café negro.
La frente con que empujaba el cielo.
La lengua desbocada. El paladar sombrío.
Los alambres con que maniataba el día.
Todo.
Como una mano cortando los caminos,
arrepintiendo nieves, incrustando en el
polvo
cadáveres de estrellas.
Era un alma de invierno.
La claridad rugía en los balcones.
3
He aquí que recojo el silencio
yh me lo levo a las pupilas
y lo beso.
Y mis hombros quieren romper el techo
y pregunto ferozmente
y nadie contesta.
El armario se me ha vuelto de espaldas.
Transparentes columnas se afirman
en el macizo hueco donde escucho.
Ayer no más un girasol había.
Pero la calle es un descendimiento.
Todo, definitivamente, cae.
5
Sin compasión y sin alternativas,
en el lago macizo de este hueco
que el azar construyó cuadriculado
—algo de tumba tiene, algo de cuna—
sin preguntarle a nadie por su nombre,
con su puerta cerrada como un párpado,
sin ruleta posible ni destino,
aquí, tan levantado en cuatro puntos,
pero sin fuego o hielo, indiferente,
y en su propia materia confundido,
a la derecha yergue y luego dobla
para oponerse a un cielo que no existe,
Todo tan entregado a este silencio,
sin compasión posible, neto y justo.
Desde esta nada o casi nada o casi
en su absoluta desnudez desnudo.
Unidad última que no capitula
ni grita a las paredes ni se inflama.
Ser puro. Ser sin lástima ni idea.
Inexplicablemente vuelve a mi
existencia.
14
Campos magnéticos del ojo.
Telegráficas luces.
Suaves rayos.
Todo busca su centro de locura
mecánica, increíble, desmedida.
Mujeres desbordadas.
Hombres abiertos como riscos.
Multitudes tapizadas de sombra,
Todo en su cenital devanadera
perpetuo engendra y sin cesar destruye.
Parpadeos de espejo.
Semáforos que no esperan madrugadas.
27
Soy un perfecto idiota.
Me la paso mirando las cosas que no
importaban.
¡Qué lindo el atavío de este aire!
Esa hoja que tiembla borracha por el
viento.
Se aparece tu nombre de pie en el
horizonte.
Me creo que tú existes aquí en mi
corazón.
Pasa el cielo volando.
Pasan las nubes rotas.
Mi mano echa una sombra.
Sigo cartas escritas sobre el agua.
Y me imagino
un alma
que no tengo
donde escucho tus pasos
repicarme
la danza portentosa
de la vida.