POETA INVITADO

 

 

José María Pinilla Ballesteros

Nace en Barcelona en 1951.  Poeta y Editor, su vida profesional se desenvuelve en dos campos: La Administración pública y la docencia—especializado en materia de Comunicaciones y Técnicas administrativas— de la que es director técnico en la coordinación de numerosos cursos y autor de un extenso material didáctico.  En 1971 escribe su primer libro de poemas Poemas a través de un amigo.  En 1972 presenta al concurso “La mano en el cajón” su primer libro de poemas Huellas Ocultas. En 1973 escribe Cantos con piel.  En 1983 da a luz su libro de poemas alegóricos Poemas antigeométricos.  Ha colaborado en diversas revistas del sector. En Tránsito (2002) es su obra publicada más significativa, después de un necesario paréntesis literario. Como último poemario editado en el año 2003, cuenta con RenacerUmbral de Tolerancia se encuentra a punto de publicación.  Ha sido publicado en dos antologías internacionales en Montevideo: Círculo de Poesía 4 y Letras de Babel.   Administra la Comunidad de Poetas “Encuentro Internacional de Poesía Virtual de Poesía Virtual de MSN” y dirige Ediciones Atenas.   

 

 

 

AVE FÉNIX

 

Quiero motilar cabellos de alabastro
en todos los sentidos,
hurgar vacíos, como carne a fuego lento
que brasee el infinito;
volar en nube hacia el paralelo
que otorga al pentagrama el calor prestado
de un beso nunca escrito
y si me dejan hablar, hablar sobre los labios
que tejieron pájaros al vuelo
en finas rodajas sobre el borde del silencio.

 

Renacer,
y amar, amar amando, para que lluevan auroras vivas
sobre el cielo denso,
sobre el cielo abierto de la libertad,
donde el Ave Fénix
gesticula su impulso nuevo.

 

 

 


HABLANDO CONMIGO, SIN TI

 

Anoche conversé con mi pasado
en el secreto que da la intimidad,
—ese silencio lento, no amaestrado
que junta pasos—
cuando las alforjas se vacían de proyectos
y faltan los disfraces de mis dedos
en tus dedos.

Ya nada impide el beso, salvo el beso.
Nos besamos en los besos, no en los labios.
Porque los labios que quiero están distantes.
No son mis labios. Son tus labios.
Son cómo pájaros que vuelan disimulos,
ordenan las cosas distraídas
y archivan los olvidos de tu frente
en mis manos de ciego, cuando callas.

 

Anoche conversé con mi pasado
en medio de los puntos cardinales.
Le hablaba de tu entrega, de tu talle,
de cómo yo inventaba tus caricias,
abotonando la sorpresa que dormía
en el secreto sin secreto
de tu almohada imaginaria;
ya sin traje de descanso,
perfilando los colores de la huida,
en el dibujo de la esencia,
escaparate desnudo del tiempo,
buzón de los abrazos,
todo entero,
caminando hacia el mañana.

 

Anoche, conversé con mi pasado,
y en la arruga del silencio
faltaban tus palabras.

 

 

 

 

TRISTEZA

 

Cada vez que ensayamos el silencio,
las alas del vino recorren huecos
en su dialecto pausado, donde la tilde
aparece con faz bronceada y reflejo de faro.

 

Se diría que los Océanos se fatigan
de dar vueltas por el mundo
con las piernas al descubierto
y para no perder el tiempo
aprietan los dientes y callan muertos.

 

Es un hecho comprobado que llorar a solas
tiene pocos razonamientos
y por muchos incendios que cubran el aire,
seguirá la lluvia su curso indiferente.

 

¡Demasiada tristeza! Cuando parece que acabas,
te reanimas de nuevo, Vienes
engalanada de fiesta,
hacia la quinta estación,
—después del invierno—
pintada de multitud, ausente;
intocable inmensidad.

 

También eres, la palabra fuera de día,
la angustia que muerde,
el cansancio entreabierto,
la barca inexperta navegando corrientes,
la risa encendida, el bullicio y la calma.

 

Eres la historia, el sabor a canela,
el viejo ronquido, el grito acallado.
Si te callas, yo me callo.

Dame tu mano, tristeza
y no pronuncies mi nombre,
que mi boca no te habla.

 

 


 

ANGUSTIA 3:45 A.M

 

No me gustan los besos parciales
donde el roce anónimo de los labios
se presume inexistente.

Prefiero el arrebato,
la caída en desorden,
la lumbre que alimenta el cansancio.

 

Ni me gusta la leña que calla al fuego
cuando el aire descansa en las hojas
y hay un diálogo de manos
que tartamudea entre las olas quietas,
bajo el secreto de una prórroga anunciada,
mientras lavamos las nostalgias
en la humedad del llanto,
esas lágrimas purísimas
que se adormecen entre almidones ciertos.

 

Es el dolor sin prisas.
No es el dolor urgente.
Es la angustia contenida
que trajo el viento,
entre el arroyo y la sombra,
entre la luz y el silencio.

 

Es esa angustia precisa
—perdónenme por repetirles la palabra—
que a las 3:45
viene a verme casi siempre.

 

 

 

 

OLOR A LIBERTAD

 

¿A qué sabe la palabra libertad?
¿Con cuántos dedos desabrocha la camisa
del lamento? ¿Por qué le sangran
los dedos de los pies?
Y siempre,
siempre huele al ayer o al mañana,
nunca a presente.

¿Porqué se calza con renuncio y
se escribe de prestado?

¿Por qué no huele a flor, a danza
o a tarde de septiembre?

 

Tan ciega, con su postura de perdón,
sin cobardía, ni arrogancia,
pura inercia por la gloria,
abierta a la sonrisa de la aurora,
fuego, fuego que nunca se agota.

 

¡Miradla! Es la confianza en la conquista,
ni huele a tierra, ni sabe a cielo.
Cocina la ternura, reposa del fracaso,
y anda,
sin limosna, entre restos,
temblores de ruido,
fiesta suspendida entre los ojos,
siempre con su vocabulario novedoso,
sin dinero, ni pobreza,
sin saldo en su tarjeta, torpe
como un inventario o un balance,
intentando ordenar un tiempo,
una claridad o un desencanto.

 

¿A qué huele la palabra libertad,
si no es a nieve,
a propiedad o desahucio?

 

 

 

 

OLVIDO AZUL

Las campanas suenan sin razón
y nosotros también

con ese sonido
de miradas arrastradas
de viejas alternativas
de lágrimas prisioneras
de manos desecadas
de cintas de agua
de olvido azul
de discretas tormentas
de limosnas negadas
de resplandor en las piedras

con este sonido
callado
invisible

entre las manos que tiemblan,
a veces
el amor escribe una página nueva.

 

 

 

 

ERA EL AMOR

El amor.

Entre el asfalto y la piedra,
con sus jirones de barro y sus corceles al viento,
como un gorrión a medio cielo,
urgentemente
pintando de abedules los recuerdos,
no importa en qué mes
—entre julio y diciembre—,
se vistió de primavera la mañana
entre palabras blancas y algún pañuelo.

Mientras... crecía la sonrisa,
al amparo de la noche,
crecía
y poco a poco, el pecho,
con sus sonidos nuevos
de lunas conmovidas
andaba a la pelea, sin pared ni miedo,
por ser secreto y dicha
entre el vuelo del pájaro, la piedra seca
y el nombre escrito.

Era el amor, pasajero del silencio, con sus ojos y sus manos.
Sus manos blancas, como lirios,
su frente abierta al beso permanente, al beso que te besa.
¿Quién no ha oído ese ruido inmaculado
del asombro y la ternura? ¿Quién no ha visto crecer
en el aire, en los rincones,
la locura desatada que me invento?

El otoño rememora con su paso
la magia delicada del olvido.
Un largo camino entre la lágrima y el grito.
La lágrima que arroja canto,
que tiembla hasta tu corazón ausente de mañana;
y el grito que corona la luz viva,
cuando el beso, más que beso
se convierte en manjar para la sed,
en agua fresca,
en fuego y viento.

 

 

 

 

AL ABRIGO DE LA AUSENCIA

La ausencia del secreto, es lo obsceno.

Una mujer desnuda es puro engarce
con flecos de topacio y amatista,
donde anidan las certezas y sus dudas
en las líneas difusas de lo exacto.

Pura niebla para retocar la sombra
que a la piel se deviene en fino trazo,
cuando el tacto apenas se hace tacto
y mano a mano, se equivocan los contornos.

No hay mayor liturgia
que la razón desprovista de anclajes.

No me digas que llegaste,
dime sólo si has llegado.

 

 

 

Página preparada por Alberto Martínez-Márquez

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