POETA INVITADO

 

JAVIER ALVARADO

 

Javier Alvarado.  Nacido en Santiago de Veraguas, Panamá, en 1982.  Entre los premios recibidos se encuentra el Diana Morán de poesía y cuento (1998 y 1999), Primer Premio del Concurso de Poesía Gustavo Batista Cedeño (2000), Premio Nacional de Poesía (2004) y Premio de Poesía Pablo Neruda (2004).  Ha participado en festivales internacionales de poesía.  Sus poemarios son: Tiempos de vida y muerte (2001), Caminos errabundos y otras ciudades (2001), Poemas para caminar bajo un paraguas (2003) y Vendimia de letras y polvo: antología de poemas (2005).  

 

 

De Caminos errabundos (2001)

 

 

VIII

 

Tengo ya el alma ronca y tengo ronco

el gemido de la música traidora…

Arrímate a llorar conmigo a un tronco.

           Miguel Hernández

 

      A Delia Cortés

 

No me mires así, Tiempo, mira que estoy muy viejo.

¿Será así?

Mira mi cuerpo arterial y mi corazón enfermo.

Estoy muy viejo para mirarme en el espejo;

este día ya no es mío;

ya no puedo detener este correr de años

en la inmensurabilidad del tiempo;

no puedo batallar contra la vida

cuando me agota el cuerpo.

 

No me mires así, mira a los retoños que brotan de tus manos

como arcángeles abiertos.

Estoy muy viejo ya y no me he muerto;

he sido todo entero para ti, mi cosecha de vida en el espejo.

 

Ya ha acabado todo, amigo tiempo;

he recorrido el espacio y ni tengo miedo;

sólo quedo yo,

un poeta otoñal y pobre viejo enfermo.

 

 

XIII

 

No tengo restos, sólo un alma vieja

y un dolor de mango enfermo.

Tengo los días agrios

y el calor malsano

de vivir en un abeto.

¿Qué haré con el día?

¿Qué haré con la noche?

Todo se desgasta

en el mustio herbolario de la vida.

 

¿Qué haré conmigo?

¿Qué haré conmigo?

 

¿Qué haré con la vida?

 

 

XVII

 

En la ciudad un hombre fuma,

la cola de humo nace y se expande,

ahuyentando a la muerte

con su fuerte olor de nicotina.

 

Camina una mujer desnudad bajo abrigos,

huye del frío como una gabardina que se llena de olvido,

sobre un vaso muerto de nenúfares y agua.

Llora un niño tierno,

la palabra fresca forma el mugido de infancia,

el gesto de amor que toma el hombre,

que incendia la mujer

con las alas de su inmenso corazón de patria,

mientras un poeta escribe a las cosas,

piensa en su pluma que petrifica el tiempo

en un mundo futuro

o en una idea vagamente lejana.

 

 

XXIX

 

Sueño una inclinación de fe, un párpado mirando tu rodilla

imagino tus manos y las voces de mi pueblo.

¡Ay! se despuebla el hombre

en un minuto de silencio.

 

He enterrado tus designios, cabellera improdigable;

beso las rutas del oasis en busca de tu océano de selvas,

rezo el rosario junto a un crucifijo de madera

sintiéndome vivo en cada emanación de seres vivos.

 

Soñamos juntos, poeta interno

y fundamos la ciudad que vive en nuestro sueño.

 

 

XXXIX

 

Espejuelos rotos y negros de mi vida,

manos cercenadas que brindan el calor humano

de lo ajeno y de lo propio.

 

¡Oh mi ciudad inmensa, en mi ciudad de patria,

mi llanto de delfín y mi nocturnidad de cuervo!

 

Baldosas húmedas, grado centrisolar,

pasión de fiebre,

paisajes de multitud que me atormentan,

pasos y pasos que se vuelven lejanos,

gestos de dulzura y de amor que se alejan para siempre.

 

¡Oh, tiempo tan mío y tiempo tan nuestro!,

dentro de mí hay una ciudad interna

y los hombres, tristemente, la desconocen.

 

 

 

 

De Tiempos de vida y de muerte (2001)

 

 

LIBRO SEGUNDO

MEDITACIONES INTERIORES

 

I

 

Mirarte a través del tiempo es un mundo diferente,

chopo de agua, imagen de hierro, corazón humeante,

silogismo lunar de la esperanza

en una corteza adormitada en el recuerdo;

cuando el necrángelo de luz inunda la memoria

en un horizonte vasto de conciencias

que buscan el gesto pensante del hombre que obnubila

la tristeza de la historia y el altar de las moradas

rodeando la sombra del astro que desgarra

la soledad del hombre, aferrado a una nostalgia,

tratando de romper los barandales

de este misterio que nos calla.

 

 

II

 

Créeme esta luna ha existido

en la patria, en el espejo, en los alcatraces del sueño.

Esta luna siempre ha estado fija e inmóvil

en esta risa marinera de sales y de tierra;

siento cada día símbolo de luz, roquedal de río, alianza eterna, viento de años y agitación de maderas muertas.

 

Nos fijamos a un movimiento de luces,

a estos barandales furibundos que recorren el pasado

como un beso que se derrite en la nieve

musitando la plegaria de azogue

bajo una luna adormilada en el recuerdo.

 

 

III

 

La jarcia seca, el lamento lúgubre del campo;

su olor a litoral, tu olor a madreselva virgen,

el astro vegetal y la niebla conmovida,

la mirada acuclillante y tu olor a crisantemos.

 

Olvidemos esta trova y la ninfa que recorre

tus designios de luz, tu teorema perforado;

elevemos esta ancla nebular del arca y el milenio

en el designio propio

de la hierba y el orgasmo.

 

Alcancemos aquellos barandales

que nos hablaron de un patrimonio seco,

de una piedra que habla, de una roca que espera.

Escuchemos la palabra perfecta

y entonemos la voz superficial del aguacero.

 

Enterremos en el pasado el rito dela novio y de los pájaros

al compás de una cítara olvidada

que perturba y que enloquece

creciendo junto al árbol sin retorno.

 

Alcancemos aquellas promesas que un día se desgastaron

alcancemos ese otoño que habita nuestro cuerpo,

deshojemos nuestra vida propia

para volver a nacer en el milenio.

 

 

IV

 

Esta vida será totalmente nuestra,

nuestra e inviolable como la gota del milenio

que perfora la mirada entre las trenzas de la Amada.

 

Ensayemos esta vida y caminemos juntos,

sin pactos crueles, ni corazones enfermos;

pensemos en el ser supremamente derrumbado,

en el equinoccio mítico y en la rosa sin perfume,

pensemos en la era

y en este abismo que se abre por la tierra,

 

 

V

 

Busquemos estos puertos y estas ganas de congelar el tiempo;

empuñemos el puñal que gime y que alcanza;

elevemos la mirada tórrida y el pájaro inexorable de la era;

ensayemos el ritual perfecto que fecunda nuestro odio

para volverlo a enterrar sobre la tierra.

 

 

 

 

De Vendimia de letras y de polvo: antología de poemas (2005)

 

 

POEMAS ESCRITOS EN PAREDES Y ESPEJOS

 

1.

 

Llegará el día en que nos despojarán nuestros huesos,

de la dulce hambre, de la quieta residencia del palacio prestado de la reina.

Habrá un dolor de fuente sin agua, aullando en la ribera;

del ciego amor, que abandoné perdido.

 

 

18

 

Recuerdo de primavera.

 

Tu estacional falda cantando.

 

A lo lejos, duerme mi pantalón, colgado al mundo.

 

 

35

 

Algún día nos asaltará el fantasma de la vejez

de seguro, desnudos, voltearemos nuestros rostros.

Nos entregaremos y cada uno recuperará su paraíso.

 

 

 

 

22 HUELE

 

Y como no decir perfume

es olfatear la realidad,

hallar descanso a mis huesos

y dejarme sacudir del polvo

de otras vidas y otras averías

ocultándome de tu cicatriz y de tu mano griega

ato mis ojos a las cuerdas vocales del día,

la mirada entonces empieza a cantar.

 

 

 

 

SONRISA SONETEICA AL GATO DE CHESCHIRE

 

Eres la oscuridad de la sonrisa

portando vida con tus siete muertes

siete vidas nos dejas como suertes

llama de humo en la greda de la brisa.

 

Y no es la soledad, locura pisa;

rabo y magia, las fábulas que ensuertes

niñas y marionetas cuando sueltes

acertijos de loca y nueva risa.

 

Nos bullirá la creación entera

y la inmemorial bruma en lejanía

cuando tomes camino hacia la nada

 

escogiendo la nunca primavera

de tus ojos, la tierra umbría, umbría

nos deja como casa abandonada.

 

 

Preparado por Alberto Martínez-Márquez

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