
IVÁN FIGUEROA LUCIANO
Nacido en Santurce, Puerto Rico, en 1958. Poeta, ensayista, pintor y artista gráfico. Su libro inédito Tránsito en ambas direcciones, escrito junto a Dennis
Roberto Berríos, fue premiado en el certamen de poesía
Evaristo Ribera Chevremont, auspiciado por la revista
Tríptico en 1988. Algunos de sus poemas
han sido publicados en El límite volcado:
Antología de la Generación de Poetas de los Ochenta (2000). Ha venido
laborando en el semanario Claridad como
ilustrador, diseñador y editor del suplemento cultural En rojo. Su obra plástica ha
sido expuesta en diversas galerías de Puerto Rico y Chicago.
alguien piensa todo el futuro
el olor del salitre en una casa,
el sabor futuro del cuerpo en la mañana,
todos los agostos que serán,
el aire entre las sábanas en un patio que
no existe,
la forma exacta de la flor en la mesa,
el vago color en la penumbra del amor
pero la lluvia el 23 de diciembre, 10:00 pm
revienta su empeño en esta casa extraña
y busco entre los calendarios el día
preciso
de la incertidumbre, el cuerpo único
que proyecta la sombra inmóvil
como un puente en la noche
imposible creen en algo
sino en las manos maltrechas
trabajando la luz que estalla en la superficie
en la promesa de la música
en las palabras que siguen creciendo
después de muerto el corazón
sí que no sirve de nada
acaso no haya mayor belleza
ahora quiero recoger mis espadas
implacables de otro tiempo
en el cuerpo exacto del despojo
deshabitado sin distancia viajo
hacia la estrella
mi cuerpo se desplaza en el aire
de una voz ajena:
amapolas y calas
caen desprendidas a mi paso
como un niño torpe
no tengo mapas
sigo las calles sin mirar los nombres
entro en las casa y saludo
porque no tengo donde ir
nunca me quedo
tengo amigos en la noche
que muestran el camino más corto
con precisión de luz y sin metáfora,
vivo regresando
como si conociera los lugares de antemano
como si hubiese vivido en ellos mucho tiempo
si la sangre recorre el mundo cuando viaja
por mi cuerpo
el universo es un gran corazón agonizante
condenado al delirio incesante de la maravilla
a la fortuna fatal de la nada enamorada
se desgaja imperceptible cerca de cada
estrella
en cada roce con las atmósferas profundas,
pero avanza
cometa inverosímil que agota las galaxias
para retornar a la boca, al aire de la voz
volver el pulmón para exhalar penas y glorias
nombrar la tierra acantilada de historia
disuelta en minerales, dilatado mar de archipiélagos
impreciso
cansada se aleja una vez más
arde la esperanza
soy lo que no tengo
el sueño de mi hijo en la madrugada
la voz de mi hija en la canción del rocío
los espacios sagrados en el techo
que la mariposa no toca
la música eterna de mis hermanos
la distancia que recorre la mirada cansada
de mi padre en los atardeceres
la rabia ancestral de mi amigo
el aliento profundo del pordiosero
lo que tú soñaste y olvidaste para siempre
el amor que perdura entre los dedos
soy la flor púrpura al pie de la tumba de
mi madre
RAQUEL
Volveremos una tarde de septiembre
a tomar tu café y hablar de nada,
nos buscaremos en los ojos
aquellas cosas que se quedaron sin decir.
Retornarás más bella,
libre tu boca de la miseria
de la fábrica y el cañaveral,
libre tu frente de los surcos
de la mala tierra.
Volverás cantando
y el barrio se vestirá de plena,
de romance y flores nuevas.
Caminarás orgullosa
y alguien volverá a enamorarse
de tus rizos de negra.
Vuelve ahora,
vuelve pronto,
tomemos un café,
háblame…
alíviame el peso de las cosas
que no puedo decirte.
esta memoria de papel y carne
quiere recuperar el futuro
entrar al corazón como su sangre
esta memoria quiere tener la costumbre
de pertenecer a un cuerpo
y aprender la ruta de la piel
cuando tiene frío
esta memoria destruye los espejos
porque te encuentra en la casa del mar
soñando mareas en plenilunio
otro nombre tendrá el atardecer
y la sombra perfecta del sauce
cuando el recuerdo abandone sus palomas, sus
banderas
y el viento que anuncia la lluvia
parezca nombrarte
esta memoria envía un largo abril
a tu canción de espuma
y sueña un mar de isla
que limpie sus despojos
para no morir de amor
ni de frío
abierta al sol
la mano quiere escuchar
lo que tu mano calla
voz apretada
verbo que se ahora
en el puño;
piedra blanca en
cofre cálido
de sangre y tierra
abierta al mundo
mi mano quiere ver
el color necesario
para el gesto
el lugar futuro
de la palabra;
valle dilatado
página blanca
mi mano abierta
naufragando
en la otra mano;
eclipse
en el espacio de la mano semicerrada
habita el futuro de la caricia,
duerme un ave azul,
late un corazón sangre lenta,
erótica fluye hacia el resto
entre los dedos el calor respira
carne ausente, trampa de nostalgia
del olor ajeno repitiéndose alevosamente
es tan pobre la mano así, tan sola
con sus líneas de mapa
con sus uñas de cristal viejo
soñando caricias para la inmortalidad,
golpes de retribución,
herramientas del futuro,
la tibia tecnología del amor
en el espacio de la mano cabe el mundo
(tu mano sería
suficiente)
Preparado
por Alberto Martínez-Márquez