
HJALMAR FLAX
Nacido
en Bayamón, Puerto Rico, en 1942. Es
poeta y abogado. Ha publicado 44 poemas en 144 poemas en 2 libros (1969), Los
pequeños laberintos (1978), Tiempo
adverso (1982), Confines peligrosos
(1987), Razones de envergadura
(1995), Cuestión de oficio (1995), Poemas de la bestia (1999) y Abrazos partidos y otros poemas (2003). Su poesía ha sido incluida en numerosas
publicaciones de Puerto Rico, Hispanoamérica, España y Estados Unidos. Sobre la poesía de Hjalmar
Flax ha expresado el crítico y poeta Julio Marzán: “De los
poemas de Flax emana la música que se oiría en las oficinas,
los tapones, las máquinas, los balcones y las paradas de guaguas, si se
apagaran los morotes de los automóviles, se bajara el volumen del tocacintas portátil y se escuchara bien. Es una poesía urbana, escrita a la sombra de
un edificio, sobre la mesa de un café. No es el estereotipo ni de poesía “caribeña”
ni de poesía “popular” aunque contiene elementos caribeños y populares. Con sobriedad, con un sentido de ironía sutil
y tajante, hasta quirúrgico, comparte sus pérdidas personales, de amores, de su
madre, temas que para otros poetas serían motivos para lirismos y escapismos
retóricos…”
YO SÉ
Yo sé las tardes grises
como claustros trapenses.
Tardes son
sótanos inmensos.
Tardes como zaguanes sin salida.
Tardes como rincones.
Tardes ancladas, mohosas
en los muelles del cielo.
Tardes,
en que el silencio afila los sonidos,
y perdura.
Yo sé la eternidad de un instante,
desperdiciada.
Y he visto el tiempo
dormido
sobre los tejados.
SÍ
Sí,
porque tus ojos
son
de laguna, o de pájaro asustado.
Salvajes
como las lianas, o como los peces.
Fuertes
como la hierba nueva.
Intensos
como el rocío.
Tibios
como la aurora,
y delicados,
como cangrejos recién nacidos.
Porque tus ojos,
tus ojos quietos como el arco tendido
en que la flecha tiembla,
me comunican tristeza, más que tristeza,
tragedia.
Y si te he besado un párpado,
fue para que no me miraras
con esos ojos sabios,
para evitar la vida, y esconderme
entre los ruidos, y las cosas ciegas.
EVOLUCIÓN ERRÁTICA DE UNA CITA DE NERUDA
(en el Colegio de Abogados con M.
R.)
“Ahora me doy cuenta
de que no he sido un hombre
sino varios.”
Ahora me doy cuenta
de que no he sido un hombre
sin ovarios.
Ahora me doy cuenta
de que no he sido un hombre
sino ovarios.
INJUSTICIA POÉTICA
Sé bien que pronto
(quién sabe si bien pronto)
algo imprevisto, por el estilo
de un cáncer, un derrame,
una trombosis coronaria, etcétera,
aportará el final indispensable
a mi canción donde suenan
más y más a menudo
pequeñas notas discordantes.
POR CAMINAR
Por caminar cualquier camino es bueno,
pero el mejor es uno mucha veces andando
donde el piel de su propia inteligencia
evita tropezones, huecos, excrementos,
cuando no es convincente llegar a ningún sitio
ni encontrarse con alguien para hablar un momento,
cuando sólo se busca caminar hacia fuera
para salir al fin de un pensamiento.
EL PADRE NUESTRO
Padre nuestro que estás en la oficina,
reverenciado sea tu nombre.
Benefícianos en tu herencia.
Hágase tu voluntad en casa
como en el despacho.
Danos hoy el filete, las papas fritas
y el mantecado de chocolate.
Perdónanos las coles de Bruselas
y nosotros perdonaremos a la cocinera
si el filete le queda muy cocido
y las papitas mongas.
No nos tientes con promesas falsas.
Regálanos coches deportivos.
Ampáranos de la policía.
Excúsanos de servir en el ejército.
Pues tuyo es el país,
el poder y los pesos,
por los siglos de los siglos,
amén.
HOMANJE A EZRA POUND
(de “Tame
Cat”)
Me encanta sobarme el pene
entre mujeres hermosas.
¿Podré admitirlo?
Repito.
Me encanta sobarme el pito
mientras converso con mujeres hermosas,
aunque sólo hablemos pendejadas.
Las palpitaciones
de sus vaginas invisibles
son deleitosas y a la vez bienvenidas.
LECCIÓN DE POESÍA
Largo amor es la espesura
de nuestros cuerpos, ya quietas
las sonoras bocas incansables,
duras, líquidas lenguas que reposan
tras el silencio de los labios tersos.
Largo amor en la brisa
de nuestra piel y nuestro pelo.
Fabricadoras manos de caricias.
Ceramista de bellas sensaciones
sobre mi piel de arcilla,
sobre tu piel trigueña
tahonero del pan de cada sueño.
Largo amor de lagartos entre piedras
enlazados, extáticos y quietos.
De halcones entre nubes encontrándose,
cayendo… cayendo…
remontándose,. encontrándose,
cayendo… cayendo…
Cuando llegué con libros
para leerte en ellos lo selecto,
te descubrí dormida,
cerrados ya tus ojos, tu boca y tu sexo.
Dormían en tu cuerpo.
Y pequeñas penumbras
se empozaban en tus párpados,
en el pudor del vello de tu vientre,
y en los suaves pezones de tu seno.
Me puse a contemplarte
desde la soledad, desde el silencio,
el subir y caer de tu pecho mecía
mi corazón a una distancia.
Comencé a recordar.
largo amor en la espesura…
Largo amor en la brisa…
Largo amor de lagartos entre piedras…
De halcones entre nubes…
De pequeñas penumbras…
Y escribí esto.
NO ES LO MISMO
Me pregunto qué hago
con la vida metida en el bolsillo
como si fuese un libro.
Pregunto qué me hago
con la vida metida en el bolsillo
como si fuese un libro.
EARTHBOUND
¿Qué tendrá de distinto
este encuentro en el tiempo y el espacio
que valga perdurar?
¿Esto que escribo
por tu presencia instante
provocado?
¿Qué tendría de distinto
este frágil abrazo,
o acaso más importa
cuanto más se parezca al amor?
POEMA CIRCUNSTANCIAL
Madrugada de octubre
sin estrellas y fría.
Menos mal que está quieta
como estatua de bronce
la brisa que reina en la Plaza de Isabel Segunda.
Si no, jamás hubiese
escrito este poema
sentado en este banco.
Estaría durmiendo,
soñando mis sueños consabidos y prosaicos.
POIESIS
Y
todo lo que saben en poco cabe.
Escribe el escritor y al escribir
desde la más profunda soledad
donde se empoza impuro el sedimento
del sueño y la vigilia que es su vida,
a ese rincón de olvidos, a ese sótano
secreto acude, escarba, yace, busca
consigo estar callado en su desorden
entre sus trastos como un trasto más.
Entonces, quizá entonces sólo, a veces,
alguna oblicua luz que no le llega
de sol ni de bombilla, le relumbra
el papel sobre el cual junta sonidos,
cadencias de palabras, que no caen
desde el instante mundo, sino desde
su propia sangre viva, hasta su mano
menguada ya la fuerza originaria,
dejando trazos que parecen versos.
FUGA
Hastiado ya de argucias,
cansado de pulir, como los ríos,
las piedras del camino de mi vida,
quiero ser agua clara que riela,
no agua hosca que escarba,
y superficialmente bajo el cielo
deslizarme hacia el mar, agua que pasa
sobre la cuenca sin rozar el fondo,
bajo los puentes sin tocar la arcada,
por el recodo sin hollar la tierra,
retirada del junco y de la vaca,
sin floridos jacintos que me cubran
ni peces que me naden. Quiero
nada.
Pasar. Fluir hasta la mar sencida
y allí
agotar la gota de mi vida pequeña y desdichada.
EL AZAR Y YO
Mi ciego me conduce por el mundo
con voluntad de acero y mano lenta.
No el importa que llueva ni que escampe,
ni que pasen los días, ni que brillen
la luna y las estrellas, ni que toquen
a mi puerta ilusiones cotidianas.
Cayado de mi ciego el lápiz tienta
la blancura invisible de la página
y emborrona un trayecto titubeante.
Va citando paredes sordomudas,
escaleras babélicas, pasillos semioscuros,
que conducen al lecho donde duerme
mi ciego el mismo sueño: garabato,
mancha que a sí se oculta siempre igual.
la noche vuelca sobre mí la noche
cuando cierro los párpados
sobre ojos que no ven, que nunca vieron
y que jamás verían lo que mi ciego
intuye y equivoca.
Página
preparada por Alberto Martínez-Márquez