
GELINDO CASASOLA
Nacido
en Udine, Italia, en 1956. Emigra con sus padres a Venezuela en 1957. Muere en Mérida, Venezuela, en 1980, a la edad
de veinticuatro años. Formó parte del
grupo literario Laurel de Mérida y estuvo vinculado a Talión de Valencia, en
cuyo suplemento cultural publicó por primera vez. Publicó en vida el poemario Pasturas (1980). Luego de su muerte aparecieron El honguero apasionado (1993) y Argonáutica
(1998), que recoge los poemarios publicados y los textos dispersos en revistas
y periódicos.
JARDÍN
Una mariposa matemática blanca.
Hierba esmeralda.
En la verja del jardín las rosas
floreadas
plantadas a la sombra de las hojas.
Fresco.
El aire azul elevándose.
PERRO Y PERRA
La lengua roja del perro que cruza la calle
tan fatigado
y su marrón impudicia balanceándose.
Azules los ojos mirando a la perra
que está al otro lado de la calle.
POEMA FANTÁSTICO A UNA ILUSORIA CAMINATA
Porque hoy no ha llovido como otros días
podemos bajar por estas calles claras
donde ni el rumor de los tranvías
ensordece.
Ha anochecido.
Esperábamos quizá algo antes de la quietud,
pero las avenidas son rectas y vacías
siempre hacia el mar.
La noche huele a melocotoneros.
ODESSA
Aunque nunca estuve en Odessa
recuerdo la ciudad y su vida.
Esperar llegar a ella es inútil
porque nunca ha existido
y tan sólo sombras son sus muros
proyectados al mediodía.
Vacía es ella.
Nosotros la recordamos.
A UNA BAILARINA
Tu forma suave en el aire
y la inútil soledad que muestras
te hacen tierna y sensitiva,
pequeña bailarina que no descansas.
¿Qué cielo conoces mientras vuelas?
porque nada de nosotros seguramente ves
allá en tu alta magia,
cayendo, siempre sin caer,
¿Ves?, eres leve
para estos ojos que te miran celestes.
EL TRAPECISTA
Para Rafael Garrido
El aire que respiras, allá arriba, mientras
danzas en el trapecio –quizá junto a los ángeles—
es tan brillante,
pero, ¿es el mismo que nosotros
conocemos aquí duramente?
Has sido premiado con el vuelo
en maravillosas cuerdas, y eres feliz,
lo sé, hasta que caer
sobre una imposible red que no te detiene.
LEOPARDO
Leopardo mío, crecido cerca de mí
con luminosa precisión:
ha visto como tus músculos
parecían arqueadas danzas.
Si tu piel fuera aún más
brillante cegaría
toda la timidez de las otras
bestias,
que no te aman.
Como un honguero entusiasmado
al sol náyade que relucía hoy en
Venus comí las granadas,
y esmeraldas entumecidas desperta
ron a la luz de ese mediodía.
Era mi país, ¡oh príncipe
de los
perfumes! tan cristalino como
el tuyo que es una perla.
Una perla yo era volando
en tibias alas que la brisa
me había ceñido, con púrpura
en los ojos iluminándose
y mariposas, mariposas
cubriendo todo el campo.
CATÁLOGO
Mudado de parecer verdearon las colinas
y el río con sus cabras blancas corriendo
hacia las sacristías del aire
mudaron el parecer de las águilas.
Las colinas verdeando
verdeando
verdeando verdeando.
Nunca había visto las naranjas y se doblaban
las ramas.
Rotan las flores en círculos concéntricos
perfectos
me despido del arcoiris
puro el iris
y la hierba corre larguísimamente verde, larguísimamente
verde
y el cementerio de las aceras.
Nada se mueve.
Estallan espigadísimos los caballos sin jinetes
corre el viento.
Valía todo.
Las manzanas en constelaciones minúsculas
las estrellas en constelaciones blancas
la luz rabiosa de las yeguas
la luz rabiosa de las yeguas
y piedras arqueadas como camelias
como vino
plácidamente sentado
caballo de las cosas
humanamente.
LUZ EN LAS HOJAS
La sombra de los mangos me hiere los ojos
mientras paseo por las blancas alamedas.
El verde crepuscular de la hierba
bellísimo
bajo las verdes palmas.
La luz en las hojas.
El prado malgastado sueña.
Los ladrillos, los ladrillos purpúreamente
rojos
donde no había flores.
El cielo era un atardecer infinito
y el viento mecía las cosas.
Preparado por Alberto Martínez-Márquez