El poeta invitado

 

FLAVIA GARCÍA

 

 

Selección y notas de Alberto Martínez-Márquez

 

Nace en Argentina en 1964.  Reside en la ciudad de Montreal desde hace 19 años, donde ejerce la profesión de profesora de francés y autora de libros de gramática (Éditions HMH Hurtubise et Didier). Escribe en español y francés.

 

 

 

Sueña

 

Sueña con los ojos bien abiertos

Clavados en la vida y dime

Aquello que no ven tus propias manos

Cuando están cerradas como celdas

Sueña con los pies tocando el cielo

Y dime lo que no tocan tus palabras

Dime con que tinta se escribe

El color de la sangre

Por que caminos andan

los que se han cansado de buscar

Sueña con tu voz rota

Sueña con tu mirada de fuego

Sueña con tus dedos en llagas

Y dime porque has faltado a la cita

Sueña, corazón, sueña

Que está brillando la noche

Que está rezando la aurora

Que aunque tu no lo sepas

Está el sueño trabajando en tu penumbra

Alumbrándote por dentro

 

 

 

 

 

Los secretos del mar

 

Desmayado entre mis brazos de arena

el mar esconde sus secretos

Inventa su noche de cuentos

Entre recuerdos de otros cuentos

Sacando a flote pedazos de mitos olvidados

Arrastra el silencio hasta la orilla, lo escucha

Y lo encierra en el quejido de un caracol nocturno.

Una y otra vez, yendo y viniendo por los sueños

El mar acuna la pena entre sus brazos

Reinventando la música del alma

Ahí van también los sueños

Navegando por el mar indoblegable

Trayendo otros cuentos, otros versos

A la arena blanca y fresca

De un amanecer como cualquiera

 

 

 

 

 

Cuerpo oceánico

 

Se ha desatado el mar entre nosotros

Y me va quedando lejos, tu cuerpo oceánico

Prisionero en el laberinto de las olas plateadas

Abierta de par en par, la noche grita tu nombre

Y me sorprende el parpadeo azul de los espejos

Ahogándose en la líquida llanura

Hemos perdido

Tu algo mas de mi

Yo algo mas de ti

Se ha desencadenado el alma antagónica

Y me he quedado a solas con mi sombra

No soy mas que el instante

suspendido en la memoria

Caminando a ciegas entre ayeres y mañanas

Mas allá de la luz, de la tormenta

El mar como un violín desafinado

Inventa los sonidos de la ausencia

La soledad se ha acostumbrado a mi presencia

Y ha llorado bastante la noche

Solo me queda un pobre rosario de horas tristes

Anudadas a la ronda del silencio

Y sigue el tiempo inalterable

Arponenado mi cuerpo

Con su ilusión de eternidad.

 

 

 

 

 

El  puente

 

Entre tu y yo

el abismo inventó

una palabra

Etérea, impronunciable

Y la cosió al tiempo

con hilos de fuego

Esa palabra nos recorre

como un puente

Tendido entre el pesar

y la alegría

Entre la esperanza...

y la agonía

Una palabra

oscilando

entre dos soledades

Entre dos islas

hermanas

Del corazón

cerrado con cadenas

A las manos

abiertas como un himno

Acompasando el ritmo

parejo

de las horas sin dueño

sin siquiera detenerse

ante el vaivén del mundo

redondo

entre nosotros

Vamos de la orilla a la orilla

Va por nosotros

gestándonos

la palabra muda

Dos torres de rodillas

arrastrándose

Al pie de la frontera

Que nos reúne y nos divide

Entre lo humanamente eterno

Y lo eternamente humano

Del alma al pecho

Nos atraviesa como un rayo

el tiempo

Y no podemos

A pesar de la palabra

tendida entre nosotros

Ser mas de lo que somos.

 

 

 

 

 

Escucho a los lobos

aullando en la llanura

Y al viento

aullando con los lobos

Escucho al desierto

aullando con el viento

Quieta, mi alma escucha

El silencio rompiéndose

Contra el silencio

Ahí llegan los lobos hambrientos

A devorar al viento

En la llanura

 

 

 

 

 

Regreso

 

Ir hacia ti como va el mundo

A la belleza inefable y vuelve ciego

Cuando la noche opalina se detiene

Para beber gota a gota la impostura

Entre tus llamas de acero

Así, se desnuda asimétrica la luna

Queda cosido el grito en tu garganta

Se derrumban tus nombres pasajeros

Como una montaña de pecados sin nombre

Y enmudece el amanecer

Para velar los retazos de tu cuerpo anochecido

Para volver de ti como se vuelve ciego

de la complicada geografía del deseo

 

 

 

 

 

Canto a la luna

 

Luna que te sueño

Que me sueñas

Luna nueva

échate a correr por mis caderas

sacude el miedo pegado a mis carnes

de arena

Luna que te sueño

Que me sueñas

Luna creciente

Échate a volar

Como un desafío

A lo largo de mis pechos

Luna que te sueño

Desangrada

Tiritando en las olas

Luna de fuego

Abrasando a la tierra

Como una plegaria

Luna que me sueñas

Perfumada

Por la perfecta inocencia

Del recuerdo

Luna sin dueño, sin madre, sin patria

Llora tu tragedia de nube y de barro.

Luna abisal encadenada

A tu locura

Escucha el canto de la tierra

Cuando duerme, cuando muere

Luna que te sueño llena

De presagios

Apagados en la blancura de tus huesos

Luna menguante

Que de pronto calcificas al amanecer

Rompe los espejos que son como mentiras

Incrustadas en tus ojos de acero

Dentro de tu vientre

Duerme una promesa

Y te sacudo como a un sonajero

Para arrancarte al sueño que me sueña

En otro cuerpo, en otros pies,

En otras manos

 

 

 

 

 

Vientre de desierto

 

No dejes que me muera sin decirte

Que he pasado por el mundo para amarte

Para incendiar tu frente adormecida

Para caminar desnuda por tus párpados

Para desmayarme en el rîo desbocado

De uno solo de tus besos

He pasado por la tierra, por el hueso, por el fuego

Me he hundido en la roca,

he hecho carne con el árbol

me he derramado sobre el cielo

y el dolor me ha abierto los ojos

Sin embargo, corazón

voy ciega por tus manos

No dejes que me muera sin haber consolado

El llanto de la noche demente

Ni el fragor huyendo por las veredas de tu rostro

No dejes que la noche te apague ni me apague

No dejes que deje de inventarte

Una y otra vez, como si fuera la primera

Y si acaso no pudieras, corazón

Que lates como el viento

Deja que se deshaga entonces

Tu cuerpo de arena

En mi vientre de desierto

 

 

 

 

 

El peso del silencio

 

Detrás de la palabra

el silencio imperturbable espera

Que un grito lo arranque al tiempo fracturado

Y lo devuelva

A la belleza intacta de la tierra

Al sonido mudo de un caracol viejo

Olvidado en la resaca

El peso de la noche cae sobre mis párpados

Cada sombra agrieta las promesas

Y Espero

Como esperan los silencios

Detrás de una palabra

Detrás de los velos del deseo

Amarrada a los vestigios de mi historia

Recorriendo al revés

El espiral del tiempo ennegrecido

Por el vaivén de los adioses

Escucho a la luna mendigando en la espesura

Recogiendo a su paso los restos del amanecer

Y mi alma insomne

Sonajero de milagros

Me condena

A seguir soñando con los ojos abiertos.

 

 

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