POETA INVITADA

 

 

 

 

ETNAIRIS RIVERA

 

 

Nacida en San Juan en 1949. Su obra poética ha sido incluida en importantes antologías de Puerto Rico y Latinoamérica. Ha publicado WY dondequiera (1974), María Mar Moriviví (1976), Pachamamapa Takin (1976), El día del polen (1981), Entre ciudades y casi paraísos (1989), El viaje de los besos/De la flor , del mar y de la muerte (2000; mención honorífica del Pen Club de Puerto Rico) e Intervenidos (2003).  Su poesía ha sido traducida a varios idiomas.

 

 

EL POEMA TUERCE LAS MANOS EN MI ESPALDA
 
El poema tuerce las manos en mi espalda
intermediaria.
Detrás de la oreja, entre los dedos,
descubrió el deseo silábico
preñado de congas.
Porque es fuerte y apetecible
prefiere el sudor de untarme el vocablo,
de seducir para mí el sonido.
Andariego en mi contorno
el poema se hunde,
el poema me encuentra.
Y rompe el temor a los dioses
escondidos en el arco del pie,
en la mano izquierda.
Rompe la silueta calurosa contra la mía
y baila desnudo el poema.
mi alfarero diestro
en piel de palabras diestras,
poema sobre mí.
 
 
 
Volvimos al dominio de la tierra
 
Justamente ayer volvimos a entrar
bajo el dominio de la tierra.
Surca la virgen de los espacios
emanando su cuidado desde los cielos,
poderosa la constelada mujer
que despierta de lo insondable al magnetismo de la tierra.
Despierto yo, el extraño anillo de fuego que me habita
y soy la tierra y tú a mi lado más tierra
o tal vez ¿dónde? pero en mí, 
en lo más rojo del atardecer, desde allí
ámame,
confíame el sueño extrañado de anoche
y tu más reciente melodía.
Bebe de mi pecho el sonido de tu kena.
Yo te alimento sin que me veas la cara.,
soy la madre de todos tus hijos,
el innegable fantasma amante de tu lengua.
No preguntes cómo llamarme, ámame.
Justamente ayer volvimos a llamarnos tierra.
Soy la madre de tu sexo y la vasija.
Yo te amo, eres tú y tu madre y nuestro hijo y todos
eres también el viento que esparce el trigo y me siembras,
la semilla esa que brota de mis surcos más alados,
de mi surco secreto bebe,
ahí guardo yo el calor de los rayos de la cabeza de mi padre.
Ámame vagabundo, habitante de la tierra.
Yo conduzco tu viaje
y me manifiesto en tu boca.
Amo tu boca, tu húmedo labio como si lloviera,
la geografía de tu cuerpo, tu piedra jaspe,
la extensión toda de tu canto,
tu estaño, tu almendra
y el solito momento de tu duda
mas no dudes, vagabundo,
reposa en mi valle, piérdete en mi selva,
ámame,
 que conoces el dolor de mi estación de fuego...
 
 
 
Volver al mar
 
Es mejor volver al mar
y frente a semejante dios
hallarte libre.
El beso al fin lo trae el fluir de cada día,
en algún momento sin prisa,
cuando menos lo esperas o lo sueñas.
Es mejor saber que creer en el amor
o en promesas de hombre loco,
saber que al alba empieza la vida a cada rato,
y que el alba nace en la piel de los amantes furtivos
así como en el corazón de los eternos amantes,
los que insisten en el reencuentro.
Es mejor volver al mar para todo,
para olvidar y celebrar,
y frente a semejante dios desnudarte
con placer y sin temores, festiva y sin complejo.
Es mejor volver al mar
y frente a semejante dios
hallarte libre...
 
 
 
Canta, Madre
 
Canta, Madre.
El que enturbia los mares,
el que usurpa la tierra,
el que priva del fruto,
el que quema los bosques y maltrata al indígena,
descuartiza, desconoce,
el que ordena las bombas
mastica malamente un idioma enlutecido.
Canta, Madre, alumbra y canta.
No nos abandones a las serpientes que amenazan
con engullir nuestras cabezas
mientras dormimos el sueño de los siglos y las
cadenas.
Canta y bésanos y devuélvenos
a Dios, el que parece olvidarse.
 

 

 

Amor de fin de siglo

 

Es cierto que he amado

con la ceguera de cien años atrás,

con la desesperación

de los que creen en una fidelidad inventada.

He renunciado a los alimentos y a la luz del sol

porque el cruel quebró el brazo que sostenía la llama.

Incluso, languidecida al despertar,

he querido morir, envenenada,

gravemente enferma de amor,

como cuando se caminaba en calesa

y el sereno apagaba los faroles.

 

Ah, pero también

he amado sin temor a los cánones

ni a las víboras.

He contado el sublime placer de los cuerpos,

su degustación sólo comparable

con la energía del mar.

He desafiado, desde mi interior,

el orden establecido por todo tipo de déspota

y hoy he roto el farol de ayer

con la furia de mi mano derecha.

Es cierto que persisto

en la contentura de vivir y brindar por ello

con un amor de fin de siglo.

 

 

 

 

PREFIERO ESTA SOLEDAD DE GAVIOTA

Prefiero esta soledad de gaviota

sin nombre,

esta condición natural de lejanía.

Volar es disolverse en el mar,

eliminar el tiempo tiempo

que hemos pasado de escondite en escondite

en toda la distancia del amor.

El ángel ha escrito tres veces NO

sobre mi mano izquierda,

el ángel sabe la ruta libre de arena indiferenciada

que realmente prefiero.

Soy la misma ausencia misma,

esta familiaridad innata don las alas,

con el ojo rojo de la paloma

que no puede quedarse ni regresar

sino seguir buscando

el presentido horizonte más claro

donde aprenden las gaviotas su canto

detrás del atardecer.

Prefiero su vuelo inseparable del mar

y este sonido de olas que me libra de los nombres…

 

 

 

 

UN HOMBRE HERMOSO EN MI BOCA

La idea permanece lozana

de mis luces hacia adentro.

No cambias la piel del deseo

porque las líneas del ojo se marquen con rabia.

Oh, tiempo, dios ingrato,

para mí, un hombre hermoso en mi boca.

Lo demás es río que pasa.

 

 

 

 

BÚSQUEDA

 

Este oscuro pasaje en el que me busco

con obstinación, hasta el agotamiento,

me niega el espejo donde pueda descansar.

Pena de no ver qué me empuja,

qué hilos me atan con fervor a ese primer portal

donde el hombre y su esbelta forma apetecible,

domo el aire,

arroja sus máscaras sobre mi deseo.

En ese obscuro pasaje me debato

en lucha con mi escudo solar,

pasaje concéntrico, vorágine que no explico,

que frente a mí gira desbocado

y me abandona, sola

guerrera, contenta y valerosa.

A tientas extiendo mis brazos

como ramas crecidas,

como imán que guía las horas.

Extiendo un arco imaginario,

una flecha de imaginado fuego,

en este pasaje oscuro en el que me busco.

 

 

 

 

EL VIAJE DE LOS BESOS

 

El viaje de los besos me place y lanza

a la más deleitosa aventura,

la más ignota hasta el momento:

cuerpo de samurai que en sus ojos lleva el mar.

Atrapado por esa extraña soledad

que provoca la vida en fuego,

condenado con miedo a medio vivir,

este puerto, que ha sido mi extensión completa,

provoca el beso.

Este vuelco de la vida pide el cielo,

un acto radical y decisivo,

ser libre, pleno.

 

 

 

 

AZUL PÁJARO EBRIO

 

Tú eres el azul

sobre este campo en pájaro ebrio.

Tú persistes y tu pincel abstracto

con el intenso rojo de tu franja

erguido sobre mi cuerpo.

Tú miras y el azul es mío

durante días hasta el encuentro breve,

dibujarnos el paso por la vida.

Tú eres el azul

y yo la ciencia de sentir la noche.

 

 

 

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