
EDWIN
YLLESCAS SALINAS
Nacido en Managua, Nicaragua en 1941. Publicó Lectura y otros poemas en 1969. No fue hasta el 1996 cuando
volvió a publicar otro volumen de poesía. Se trata de ocho libros agrupados
bajo el título Algún Lugar de la memoria,
publicado por la Editorial Nueva Nicaragua.
DESDE OTROS OJOS
La veo caer, caer y
quedar sola,
y vacía como un oboe difunto y triste.
Sebastián Salazar Bondy
Lo verás desde
otros ojos.
Desde otros
brazos en otro abrazo.
Vigilarás su
sueño en otro sueño.
Caminarás a su
lado en otros lados.
Pasarás
de alto su corazón. Su rostro.
Y cuando ya nada
de él sea tuyo.
Muy tarde,
comprenderás, que sólo él era tuyo.
Que
sólo eso has tenido en tu vida.
Y tus recuerdos
florecerán buscándolo
donde ya nadie podrá encontrarlo.
Donde ya nada
podrán probar sus palabras
LA CARNE DE LA
DIOSA
No invito a
comer a una mujer levantisca
aunque podría invitar a la sosegada.
Sin embargo,
no haré ninguna de ambas cosas.
Es mejor pensar
en el viejo lema.
Cenar junto a la
alberca,
acostillado en la necia.
Pero sólo estaba
soñando.
La necia odia mi
carne sollamada.
ES FUGA,
DISPARATE
Amo la claustromanía de estas líneas.
Recorro sus
paredes.
Semilla dentro
del fruto
adoro el encierro de mis prisiones.
Teñirlas de
color cualquiera,
desteñir su olvido y soledad
es fuga,
disparate que por una mujer
mis manos no emprenderán jamás.
COSAS DE LA
MEMORIA
Buscar y no
encontrarte,
buscarte y apuesto que no te encuentro,
tal vez sea tu costumbre.
Tu viejo y
alegre rencor.
DE FÍSICA
HERMOSURA
Alguna vez Goethe y Dostoeysky
discurrieron sobre física hermosura.
La encontraron
afirma Cernuda.
Y esto para
siempre los salva.
En cambio
-pregunto yo-
en la escuela de Annie,
¿qué encontró este viejo campeón?
Acaso estas
simples líneas.
POSTAL DE ÚLTIMA
MIRADA
Extrae tu
cepillo.
Una y otra vez,
cepilla la negra cabellera de muchacho.
Ahora te
inclinas sobre el cuaderno de notas.
Como final del
adiós,
reluce la raya del centro.
Los largos dedos
oliváceos,
arrojan alguna hebra reventada.
El observador,
la guarda junta a otras noches.
Ahora me inclino
sobre tu cuaderno de notas.
Dibujo esta
postal de última mirada.
Final del adiós
furtivo.
La reluciente raya,
eterna entre nosotros.
UNA MUCHACHA QUE
SOÑABA
Hace mucho
tiempo,
en un pueblo al Norte de Nicaragua,
conocí a una muchacha
-oropéndola
en la ventana-
que soñaba con pájaros y árboles.
La encontré en
otra ciudad de Nicaragua.
Tenía tres
hijos. Un laurel repleto de zanates.
Al cruzar la
boca calle,
una vez la oí
preguntar por los melones y las piñas.
Al tacto
adivinaba la rosada carnosidad.
Cuando me
acerqué
discutía el precio de las naranjas
..............................................
Lontana
come in uno specchio.
Y todavía quiero
besarla.
AL FIN Y AL CABO
Algunos días me
arrepiento
de no tocar la guitarra
como el negro Mc Field.
Además de
escribirte estas líneas,
podría tocar y cantar una canción.
Estaríamos en la
portada de algún disco.
En el cuarto de
alguna pareja.
Y esa canción la
cantaría en todos los parques
hasta que todo el mundo conocería el cuento,
y se convirtiera en flor de parque.
Hierba donde
estuvimos. Polvo
como el que ya le echamos al asunto,
porque—al fin y al cabo—quién
se acuerda de los trovadores del amor.
HELÉNICAS
I
A
pesar de todo
sigo
escribiendo su nombre
como a Ud. siempre le gustó.
París.
II
Supe
por palabras tuyas
puestas en
boca
del filial Agamenón
que toda
historia se repite
y que vos
el Notario
y esta Guerra de Troya
no
serían la excepción.
Menelao.
PORQUE NADIE
VOLVERÁ DOS VECES
I
No espero
volver, pero todas las noches
estoy, espero, oigo, veo que retornas,
te sumerges en las aguas del mismo río.
Algo que tu Heráclito nunca soñó.
II
Tu silueta, tu
cuerpo, tu cosa aquella,
la brasa que nos arde entre las piernas
todo eso que el viejo de Efeso
nunca soñó
todo eso, y más de dos veces, muchas más,
se baña en las aguas de la misma memoria.
III
Hay un río de
eternas aguas que vos y yo,
torpes y descarados inventamos cada noche
entre humaredas que a él le fueron negadas.
IV
Donde quiera que
te encuentres:
Heráclito de Efeso,
créemelo,
casi todos nos bañamos dos veces
en las brasas del mismo río.
Preparado
por Alberto Martínez-Márquez