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Rebeca Martín Gil |
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Telebasura (1)
La fugaz amante de un futbolista inglés se lamentaba, indignada, de que ahí los museos cerraban demasiado pronto. Los tertulianos trataban de corregirla: “querrás decir las discotecas”. Ella, sin embargo, con su mirada lánguida, mantenía que no, que los museos, como el British, la Tate...
Telebasura (2)
“¿Os enamorasteis en el programa?”, pregunta el presentador, aludiendo a la telerrealidad. La feliz pareja sonríe, avergonzada, y aclara que no, que el amor llegó más tarde, como por error, entre las estanterías de una biblioteca. El presentador bebe un trago de agua y, aturdido, da paso a publicidad.
Escucharte recitar
Escucharte recitar la canción de amor de la joven loca. Cerrar los ojos y poder ver tus labios, sentirlos cerca. Notar tu cálido aliento.
Que se pierda mi mano en tu pecho o en tu cuerpo, desconocido laberinto, que me estremezca yo, recostada.
Sí, yo también te invento en mi mente; sí, también yo soy incapaz de amar. Será por eso que me pierdo en fantasías.
Porque así está lejos la realidad.
La vecina del Quinto B
La vecina del Quinto B se ha arrancado los ojos, asegurando que quería verse con los de su amado. Joven loca que se quedó para vestir santos... ya no sucumbirá a la tentación del espejo.
No más imágenes, lucha iconoclasta. Se arrodilla frente a la ventana y acaricia con sus dedos lo que alguien llamó en su día esmeraldas.
Para cuando me hagas el amor
Para cuando me hagas el amor, quiero una luz rosada.
Como la inocente Daisy, niña rubia despreocupada, víctima de la sociedad burguesa. Deshojando una margarita. ¿Me quiere? ¿No me quiere? (No me ha querido nunca. Nunca me querrá.) Sin más realidad que un campo de flores ni más certezas que un ojalá.
Cierro los ojos. Diez, nueve, ocho... no existe otro mundo que el que yo imagino, que el que la luz rosada me ofrece. Siete, seis, cinco, cuatro... no quiero que me veas los michelines, los granos, las cicatrices. Tres, dos, uno... La margarita ya no tiene pétalos y la pequeña Daisy y yo desaparecemos tras una gran explosión.
Quiero una luz rosada y tu cuerpo sediento para cuando me hagas el amor.
Que si lloran los robles en primavera
Que si lloran los robles en primavera, decía, y giraba sobre sí misma, mirando al cielo, suplicando a Dios que le respondiera.
Que si lloran los robles en primavera, gemía, y parecía que la locura fuera a acabar con ella.
- Yo no lo he hecho nunca. Se compara con las amapolas, que si frágil, que si quebradiza...
Pero seguro que los robles tienen sus penas y lloran en primavera.
Ella nace y muere sin que nadie se dé cuenta. Que si lloran los robles en primavera, o en otoño, o en verano, o en invierno. Que si llora alguien que no sea ella.
Hay
Hay días redondos y noches cuadradas. Hay primeros amores que se marchan; otros que nunca llegan. Hay hombres-lobo que aúllan a lunas invisibles. Hay vírgenes ninfómanas de su propia mano. Hay calles vacías y ciudades asaltadas. Hay banderas izadas y símbolos que renacen. Hay calendarios rotos y meses que se escapan. Hay sentencias firmes, otras que se recurren. Hay verdades que duelen y mentiras fragmentadas. Hay trenes de vuelta de ninguna parte.
Será
Será porque te has ido que ya no te quiero.
Será por eso, muerto en mi mundo, enterrado bajo siete lápidas y mil llaves. En el olvido.
Y en tu tumba te callas. A veces, pregunto. Silencio. Dudas. No regresarás. Ni regresaremos.
Será porque te has ido, porque ya no te quiero, porque nunca te quise.
Sirenas
La sirena de la fábrica y la sirena del barco que anuncia su arribada al puerto suenan estridentes, son un lobo herido que aúlla su dolor en medio de la noche, en mitad de la nada. Y estas sirenas ensordecedoras y metálicas no han oído nunca hablar de esas otras sirenas, las inexistentes, las silenciosas, las que en tardes de niebla, seductoras y coquetas, creían ver los marineros enloquecidos por las aguas y por la soledad, embriagados de alcohol y de ausencia de calor femenino, que no distinguían un animal acuático de la hembra con curvas con la que soñaban, mar adentro, mano a mano.
© Rebeca Martín Gil
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Rebeca Martín Gil. Nacida en Barcelona en 1983 y Licenciada en Periodismo por la UCM, obtuve el 2º premio en el certamen de poesía Jesús Diego Jiménez de Priego (Cuenca), en 2001, por el poema Ha caído la noche. Ese mismo año fui seleccionada y publicada en la antología “Poemes per a un món millor”, de UNICEF, por Alarga la mano. En 2002, fui una de los finalistas del certamen de poesía Nobel por el poemario Azul y naranja. Participé en el ciclo de lecturas “Poesía Ultimísima” del CMUNSA, en 2002. En febrero de 2008, gané el concurso de microrrelatos del programa “Qwerty” de Barcelona Televisió. Publicación en “Los inéditos del Síndrome” del blog de narrativa http://elsindromechejov.blogspot.com (selección de 16 escritores inéditos) en marzo 2008 de los relatos: Sobre un crucifijo, Bolas de nieve, Ascensor y Alfa muerta. Selección y publicación del poema Se estremece la calle en el libro “Poemas para un minuto II” editorial Hipalage, abril 2008, así como del relato Gatos y ratones, en “A contrarreloj”, de la misma editorial. En mayo de 2008, publiqué en el blog http://luzdelimbo.blogspot.com, del periodista peruano Víctor Coral, un artículo sobre el libro “Conversaciones con José Pepín Bello”.
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Revista Literaria Remolinos