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Carlos Justino Caballero |
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ARENA
Taciturno, cavilante, el trapiche hacía arena como el mar.
Las uvas resecas se alejaban del vino por olvidos del agua.
Se volvió fuego la viña, desamorada de la sequía y el sol.
Y pude verme dentro de esa figura abstracta: todo arena, sin un parral.
EL MISTERIO DE AMARSE
El misterio de amarse sólo puede explicarse en lo divino, en el deleite vivido y el ardor del proyecto compartido.
En silencio los cuerpos
se exploran y se avienen encubridora y cómplice. La piel se estremece al contacto amado y corren por los cuerpos las estrofas que cantan al misterio.
Hay una pausa entre palabra y beso -saliendo del abismo- con todo el ser sintiendo el amor en presente, sin límites ambiguos. Y después, despiertos, sin haber dormido y tras la bondad de lo vivido, una playa amanecida los recibe con los pies descalzos.
SI ME RONDARAS ESTA NOCHE
Es de noche y el silencio se esparce. Está dormida la ciudad y no me siente ni siento a la ciudad y sus rumores; sólo en el tic tac del reloj hallo patente la realidad nocturna.
Y en esta insistencia de la noche por ser noche silenciosa y quieta, se duerme el alma y despierta la nostalgia que te busca entre fanales verdes.
Si me rondaras esta noche, si esta noche te acercaras a mi lado y no te fueras por un rato, despertaría la ciudad adormecida y quedaría despierta hasta que vuelvas.
TRATAS DE OLVIDAR
Tratas de olvidar y no hay olvido. Sólo el esfuerzo puesto en parir la dicha, es lo que late sobre la dicha muerta. Y la dicha, muerta a los pies, se fue por causas ajenas a tanto ardor, a tanto celo. Y así, muerta la dicha, solo sientes que tu también te mueres...
de a poquito
MI MUNDO
Mi mundo estaba entre dos puntos: una casa de ciudad y una de campo. Y siguió siendo así cuando fui grande. Tenía cajones escondidos donde ocultaba secretos, secretos tan imaginarios como lo eran los cajones. Y vivía en la ciudad o en el campo llevando siempre mis cajones cargados de lo inexistente.
Pero yo sabía, que la vida estaba fuera de cajones vacíos y que mi evasión en el refugio -de imaginaria plenitud- estallaría un día.
Y al paso de los años -después del estallido- viviendo siempre entre ciudad y campo, pero sin cajones almacenando irrealidades locas, pude saber que toda esa locura era tan real y tan palpable como un dogma de luz.
© Carlos Justino Caballero
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Carlos Justino Caballero, nació en Córdoba en 1946. Tiene cinco hijos y seis nietos. Es médico, recibido en la Universidad Católica de Córdoba en 1971. Obtuvo el título de especialista en Medicina del Trabajo en la Universidad Nacional de Córdoba. Desarrolló su tarea asistencial como médico clínico, siendo posteriormente Director Médico del primer servicio de atención pre-hospitalaria de alta complejidad en la Argentina. También se desempeñó como médico forense.“De sentires y sentires” es su cuarto libro de poemas. Publicó anteriormente “De soles y de escarchas” (2004), “De alboradas y de ocasos” (2005) y “De cumbres y de abismos” (2007). |
Revista Literaria Remolinos