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HACIA UNA PAZ AUNQUE NO NOS UNA
� HACIA UNA GUERRA TOTAL QUE NOS DESTRUYA
Jam�s los procesos de paz adelantados en los Estados que han vivido terribles y catastr�ficas guerras han dejado para la historia im�genes de abrazos y besos como muestra de satisfacci�n plena entre quienes han tomado las armas para imponer su verdad
Cada grupo armado, pregona sus propias razones y considera tener la certeza para actuar como lo hace, y expresan con orgullo su ideario, a tal punto que con sus consignas y acciones prefieren la muerte antes que claudicar o renunciar a lo que a su modo de ver es lo justo.
Soy un esc�ptico frente a la supuesta guerra que se vive para el caso colombiano; el caos y la anarqu�a que se mueven entre los bandos enfrentados en nuestro pa�s, no corresponden en lo m�s m�nimo con lo que hist�ricamente ha significado una guerra como tal. Hasta la guerra, cuando es guerra tiene unos lineamientos de orden �tico. No cabe en este aso entrar a profundizar si esto es de verdad �tica, tal como la definen los paradigmas hist�rico- filos�ficos. Basta con decir, que en la guerra, los guerreros deben tener un comportamiento y unas directrices que como m�nimo llevan a tratar con dignidad al enemigo que ha sido vencido en combate, y a respetar la vida de quienes no pertenecen de manera concreta a un bando armado; en este caso hablamos de poblaci�n civil.
Hoy en Colombia, aparecen las actitudes fariseas y oportunistas, cuando se plantea un deste�ido �procesos de paz� con las AUC grupo que ha cometido innumerables atrocidades, con el �nimo de vencer a las guerrillas que desde hace m�s de cincuenta a�os existen en Colombia; los financiadores de este grupo, personas prestantes y adineradas del pa�s se equivocaron al crear esta m�quina de guerra; la receta result� peor que la enfermedad.
A mi modo de ver, quienes han coordinado, financiado y organizado las masacres, desplazamientos y asesinatos selectivos desde este grupo, cayeron en el extremo y en la crueldad de los grupos que dec�an combatir. Sin embargo a esos extremos lleva una lucha armada que no reconoce los m�s sencillos elementos del Derecho Internacional Humanitario; se pasa de un estatus supuesto de guerrero a la observancia de una conducta criminal, o al de simple mercenario que hoy dispara con este bando, ma�ana con otro; matar se convierte en este caso en una forma de vida.
Desde mi formaci�n en el campo del humanismo, que avala y defiende las cualidades del ser humano, considero asesina la bala que mata, venga del bando que venga; igualmente el ladr�n es tambi�n un ladr�n, aunque sea de cuello blanco, y aunque le hayan dado la casa por c�rcel.
Aquellos que esperan ver saldadas todas las deudas que ha dejado la an�rquica lucha armada en Colombia est�n muy equivocados; ning�n proceso de paz adelantado en el mundo ha sido perfecto, ni mucho menos ha dejado plenamente satisfechos a todos los afectados o comprometidos en la guerra. Y para el caso de nuestro pa�s es mucho m�s complejo el asunto, toda vez, que no se da una guerra declarada con unos fines pol�ticos y econ�micos claros. Quines han tomado el camino de las armas, no se han ganado el estatus pol�tico y se han disuadido en acciones aisladas de violencia.
Los proyectos sociales que fueron enarbolados en el momento de surgimiento de estos grupos, se perdieron en el traqueteo indiscriminado de metrallas; en las fosas comunes, en los desplazamientos forzados, en la muerte de dirigentes pol�ticos y en el discurso militarizado de los gobernantes.
Es posible que se entienda mi posici�n como una defensa a las ideas del presidente Uribe, quien se�ala con insistencia que en Colombia no existe ninguna guerra, sino que existen grupos terroristas; o que se da a entender que a quienes han cometido cr�menes atroces sean absueltos de un momento a otro con un perd�n y olvido total; no, esa no es mi postura. Observo con atenci�n lo que sucede y expreso algunas ideas que pueden aportar al debate que ahora mismo recorre el pa�s, y que se aprecia con sumo cuidado desde las instancias internacionales.
Mi posici�n, no es uribista, ni mancusiana; mi posici�n es la de un ciudadano com�n y corriente que ve con dolor, la manera como se vuelve cenizas nuestro pa�s; en el escenario colombiano de hoy, extra�a el valor de los � soldados de la patria� tal como los llama nuestro presidente mostrando con valor la muerte de muchos guerrilleros, o de alzados en armas.
Igual se aprecia en las filas de la insurgencia un cierto valor por demostrar que ante sus ataques cayeron determinado n�mero de soldados; estas acciones de bando y bando, a mi modo de ver no conducen a mostrar la grandeza de los enfrentados; se est� mostrando los excesos de un conflicto armado, que se distancia de las apreciaciones de nuestro presidente, al reconocer que solo existe amenaza terrorista. Si no es conflicto armado, qu� significado tiene la gran inversi�n econ�mica que se est� haciendo en armas y equipo b�lico, para ganar la guerra.
Las tanquetas militares, los helic�pteros de guerra, los aviones que bombardean, los soldados enfrentados en las monta�as, los pueblos arrasados, la gente desplazada, que abandona sus tierras para defender su vida, son un ejemplo de que independiente del nombre que se le quiera dar a lo que vivimos en la lucha armada, estamos asistiendo a un conflicto que va tomando serios visos de guerra. |
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