| LA LECTURA Y LOS LIBROS
LA MEJOR OPCI�N EN EL PROCESO ACAD�MICO � Para qu� los libros, para qu� Dios m�o si este amargo libro de la vida ense�a, que el hombre es un pobre pedazo de le�o que arrastra en sus ondas fugaces el r�o... para qu� los libros para qu� Dios m�o� ( de la m�sica colombiana) La universidad cl�sica y los estudiantes de hace rato, consideraban primordial los discursos del docente en la construcci�n de los saberes; hoy ante la producci�n incontenible de conocimiento, el aula de clase es propia para debates y afianzamiento de ideas, pero no es el espacio ideal para construir de manera total el conocimiento. Sin embargo, hoy no resulta extra�o que los estudiantes a pesar de tener sus programas con bibliograf�as amplias se resistan a ir a las bibliotecas y prefieran el aula y sus docentes aunque sea para dormir pl�cidamente. Esto porque correspondemos a una cultura de poca lectura, una comunidad acad�mica que no se atreve a explorar por su cuenta saberes para confrontar incluso lo que el docente plantea. La tarea del docente es orientar las lecturas, motivar el �nimo por la escritura y la argumentaci�n, facilitar el debate sin dogmatismos y se�alar caminos posibles para la construcci�n de conocimiento. Hoy el docente universitario es m�s un facilitador que un pont�fice del discurso y de la academia, porque el conocimiento ya no es propiedad de individuos ni construcci�n propia, sino el resultado de acciones colectivas. El estudiante que vocifera en la biblioteca por la angustia de no tener a su catedr�tico al lado indic�ndole qu� y c�mo leer padece de infantilismo intelectual. Es necesario trascender esta fase muy propia de los bachilleres que egresan hoy de los colegios con angustias existenciales y con una sobrecarga de pereza mental. La lectura ha de encender el fuego que no se apaga, la sed que no se sacia. La lectura alienta el amor, sin esta hubiera quedado in�dito, en el limbo de las posibilidades desconocidas. La lectura fastidia a las almas d�biles, que prefieren copiar de la doxa (simple opini�n) toda la realidad del mundo. El primer poeta moderno, Petrarca nos dej� un testimonio de su pasi�n por el libro: � Compa�eros bienvenidos, asiduos, siempre dispuestos a aparecer en p�blico o a regresar a sus cajas tan pronto se lo mand�is, siempre listos para hablar o guardar silencio, para quedarse en casa o hacer una visita a los bosques, a viajar o a permanecer en el pa�s, para charlar, bromear, para alentaros, aconsejaros, reprenderos y tener cuidado de vosotros; para ense�arnos los secretos del mundo, la historia de los grandes hechos pasados, las reglas de la vida y el precio de la muerte, la templanza en la fortuna, la fortaleza en la enfermedad, la calma y la tranquilidad en la conducta. Son compa�eros eruditos, alegres, �tiles y bien hablados, que nunca os causar�n tedio, nunca os ocasionar�n gastos, nunca os traer�n llanto, celos ni murmuraciones o enga�o� La angustia que se manifiesta al estar cerca de los libros es la carencia de capacidades para transitar los empinados caminos que conducen a la sabidur�a. Los libros son la esencia del conocimiento, la huella indeleble del hombre que plasm� las ideas y se hizo perenne para la Humanidad. No temas llega hasta ellos atr�vete a violentar las l�neas de su intimidad y eleva tu pensamiento sin temor; no esperes a que alguien te diga al o�do la verdad, recuerda que esta siempre es una b�squeda y que nadie te la ense�a, aprox�mate a ella para que entiendas que es solo posible. Cuando leemos a Borges en su angustia al irse quedando ciego, con todo el amor que sent�a por la lectura, nos queda un sabor amargo, esto se percibe cuando al abordar sus escritos se encuentra un toque de angustia: � Poco a poco fui comprendiendo la extra�a iron�a de los hechos. Yo siempre me hab�a imaginado el para�so bajo la especie de una biblioteca. Otras personas piensan en un jard�n, otras pueden pensar en un palacio. Ah� estoy yo. Era, de alg�n modo, el centro de novecientos mil vol�menes en diversos idiomas. Comprob� que apenas pod�a descifrar las car�tulas y los lomos. Entonces escrib� el poema de los dones, que empieza: � Nadie rebaje a l�grima o reproche Esta declaraci�n de la maestr�a De Dios, que con magn�fica iron�a, Me dio a la vez los libros y la noche� No caigas en la desesperanza ni en la oscuridad a sabiendas de que tus ojos son a�n luz; no te quedes esperando la orden de � qu� hacer� avanza, sapere Aude... atr�vete a pensar, ten el valor de servirte de tu propio entendimiento... no temas a la lectura. EFRA |