LA DOCENCIA UNIVERSITARIA

Quiero referirme  en este art�culo a un tema  que me preocupa desde hace alg�n tiempo: �la preparaci�n pedag�gica de los docentes universitarios�, por ser este un tema que se ha observado despectivamente desde las esferas intelectuales y acad�micas de la educaci�n superior, en la mayor�a de universidades del pa�s.

Si entendemos por pedagog�a: �la disciplina que conceptualiza, aplica y experimenta los conocimientos referentes a la ense�anza de los saberes espec�ficos en las diferentes culturas...refiri�ndose tanto a los procesos de ense�anza propios de la exposici�n de las ciencias, como al ejercicio del conocimiento en la interioridad de una cultura�  (Olga Zuluaga y otros Educaci�n y pedagog�a una diferencia necesaria), es claro que ello no es objeto de estudio ni de inter�s de todos los programas universitarios, por la l�gica interna de  estos. Ello es comprensible: cada programa tiene un n�cleo tem�tico que lo direcciona y hacia ello apuntan sus objetivos.

Ahora bien, aquel sujeto que asume la posici�n de docente, independientemente del �rea tem�tica de la que provenga, s� tiene que prepararse en la disciplina que conceptualiza, aplica y experimenta los conocimientos referentes a la ense�anza de los saberes espec�ficos en las diferentes culturas; es decir, prepararse en pedagog�a.

Y debe prepararse m�nimo por dos razones: primero porque en la formaci�n que obtuvo en su saber espec�fico no conoci� absolutamente nada de lo que es la pedagog�a y la did�ctica. Segundo, porque el  hecho de estar en un aula de clase frente a un grupo de estudiantes requiere una formaci�n  para poder asumir esa tarea con responsabilidad y calidad; te�ricamente por ejemplo, se debe tener bien claro una noci�n de educaci�n, aprendizaje y conocimiento. Pero adem�s se debe tener bien claro desde qu� pr�cticas puede el estudiante acceder  f�cilmente al conocimiento. Es decir se  deben tener las bases de una did�ctica espec�fica, entendida esta como el arte de ense�ar un saber.

Cuando el sujeto que adopta la posici�n de docente no tiene este proceso de formaci�n, soy  de la opini�n que se convierte en un DICTADOR DE CLASE.  Entendiendo por dictador de clase  aquel que se limita a repetir  ideas y a transmitir informaci�n sin ninguna motivaci�n; aquel que mide la calidad de su oficio por el n�mero de rajados en su c�tedra y no por los que le aprueban; aquel que llena el tablero con muletillas y c�digos y asume actitudes arrogantes  cuando no se le comprende; aquel que no advierte el cansancio de sus alumnos porque supone que la clase la inicia y finaliza el reloj,  ignorando  que el intercambio gluteico es la mejor se�a de que � lo que la mente no capta, el trasero no lo resiste�.

El dictador de clase  suele emplear un discurso encopetado y  lleno de palabras  propias de  diccionarios especializados. Ni  siquiera se imagina que el �xito del docente tiene que ver en gran medida con el lenguaje empleado, dado que solo desde  el di�logo productivo en el aula de clase  se puede acceder con alegr�a al conocimiento.
Ahora bien, no podemos desconocer que el dictador de clase es fruto de los  vicios de un modelo universitario  que no se ha detenido a pensar qu� es la educaci�n, el aprendizaje y el conocimiento. Un modelo universitario que sigue la l�gica  de  la racionalidad instrumental, centrada  en aspectos  estrat�gicos y tecnicistas. Una universidad est�ril, alejada cada vez m�s de la producci�n del conocimiento y preocupada por egresar grandes masas de profesionales. Una universidad que no sigue procesos serios de selecci�n de sus docentes, que contrata por ratos, por c�tedras, pensando solo en ahorrar unos pesos a expensas de la calidad educativa. Universidad que hace a un lado las hojas de vida de profesionales con una s�lida formaci�n acad�mica y pedag�gica porque supone que a este hay que pagarle un poco m�s.

Por todo lo anterior, creo que  el docente universitario  y la universidad  en su totalidad no pueden evadir la pregunta por los procesos de ense�anza-aprendizaje. No podemos  seguir proporcionando espacios a dictadores de clase. Por el contrario, se deben abrir las puertas  a  maestros que con su  solvencia intelectual y con su discurso motivan la b�squeda del conocimiento; tener en cuenta a  aquellos profesionales de la educaci�n  que tienen como preocupaci�n  la construcci�n de comunidad acad�mica desde su  labor. Aquellos que no se molestan porque sus alumnos pregunten, o porque le advierten en su momento la monoton�a de la clase. Aquellos que no hacen de la c�tedra una barricada ni asumen como amenaza cuando surge alguien con mejor discurso. Aquellos que est�n aportando desde  sus escritos y reflexiones al debate acad�mico universitario. Es decir aquellos que asumieron la did�ctica y la pedagog�a como elementos fundadores de su actividad docente, son los que pueden aportar a la construcci�n de universidad desde un proyecto acad�mico concreto

Efra�n Alzate S
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