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LA CLARIDAD Y LA SENCILLEZ
LENGUAJE DE LA SABIDUR�A
Cuando se trata de la expresi�n oral o escrita existen diferentes concepciones y estilos; unos emplean la fluidez y los extranjerismos, otros aplican la sencillez y la claridad, para hacerse entender por un mayor n�mero de personas; a estos �ltimos har� referencia en este ensayo.
� Tambi�n las lenguas que hablan los pueblos nacen y mueren.
Pero el saber que las lenguas son mortales no tiene que producir
en nosotros ning�n desconsuelo. Es en t�rminos muy ampliados,
un conocimiento similar al de nuestra propia mortalidad. En sana
filosof�a, la certeza de que vamos a morir no disminuye sino que,
por el contrario, acrecienta el valor de nuestra propia vida, y
depura nuestra valoraci�n del universo.�
Y qu� mejor manera para abordar este escrito que los referentes ling��sticos de nuestro escritor William Ospina, quien desde su pluma erudita nos recrea por los espacios de la literatura universal con la sencillez y la claridad que debe utilizar un hombre de letras que est� conectado con la vida cotidiana.
Es desde la sencillez, la claridad y la elocuencia como los grandes ensayistas han pasado a ocupar los grandes escenarios de la historia; jam�s se ha tenido noticia de que aquellos que hablaron o escribieron en lenguajes figurados y complejos hayan pasado como eminentes escritores o poetas; aquellos como Cervantes que describieron el alma humana a partir de la creaci�n de personajes sencillos como el Quijote y Sancho; o personajes como Shakespeare que desde su poes�a en pocas palabras abarca el mundo de los sentimientos: � hazme inmortal con un beso� estar�n ocupando los mejores espacios separados para los genios universales.
En la expresi�n escrita el ensayo es la mejor oportunidad para desarrollar un tema y crear inquietudes siempre y cuando en �l se advierta sencillez y la erudici�n; es una manera de ordenar la cabeza as� mismo la que en su construcci�n nos advierte la lucidez o la torpeza. El ensayo es el motor de la reflexi�n, generador de la duda y la sospecha; es una forma de expresi�n que diluye las verdades y enfoca los colores de la vida y la acci�n humana.
Cuando un ensayo tiene inspiraci�n, erudici�n y sencillez, saca la intocable ciencia de su excesivo formalismo, y no teme en establecer analog�as entre el arte y la l�gica; la sencillez y la claridad son el lenguaje de la sabidur�a; la arrogancia y la exagerada erudici�n que se exponen en un ensayo con el �nimo de confundir a los lectores se convierten en expresiones propias de la estupidez intelectual.
La esencia del ensayo radica en la claridad y en la capacidad para juzgar; los ensayistas saben que no existen verdades eternas, y que toda doctrina tiene su contrario; que todo esquema contiene sus propias fisuras; desde la sencillez y la claridad el ensayista no hace otra cosa que � hurgar� remover grietas de las estructuras. En esencia, el ensayo es el espejo del pensamiento.
As� las cosas, vamos tomando la claridad y la sencillez en el espacio de la escritura teniendo como referente el ensayo; me detendr� en este caso en un escrito del poeta y escritor colombiano William Ospina para demostrar que la claridad y la sencillez no ri�en con la erudici�n para acompa�ar con elegancia la expresi�n escrita.
En este caso he hecho referencia a la sencillez en el arte de escribir; la claridad en la expresi�n escrita; la elegancia y la erudici�n en el ensayo. Abordar escritos que rebosan de palabras rebuscadas resulta a veces fatigoso; el ensayo al que he tratado de referirme desde la perspectiva de William Ospina, corresponde a una estructura del pensamiento provisional indudable. Ese cuya permanencia reside en su aspiraci�n de aprisionar lo mudable de una situaci�n o de un hecho sensible.
El ensayo, el escrito que lleva consigo la sencillez y la claridad influye mucho m�s all� dl breve t�rmino de las p�ginas que lo aprisionan y alcanza a fecundar otros campos de la creaci�n humana. Es por momentos ut�pico porque alcanza a llevar la imaginaci�n a situaciones solo imaginables y esc�ptico porque puede sembrar semillas de duda.
El ensayo al que me refiero a partir del importante poeta y escritor colombiano es aquel que adem�s de la claridad y la sencillez est� en el principio de las aspiraciones intelectuales y se opone, por definici�n, a los sistemas que llevan a conclusiones indiscutibles. Lo que tiene la certeza de haber concluido pone fin a la extraordinaria aventura del pensamiento. Ning�n ensayo concluye, porque si esto sucede ha empezado una extra�a muerte de la capacidad creadora y una decadencia clara del pensamiento. |
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