EL REFLEJO |
Entr� sin hacer ruido. El coraz�n libraba su propia batalla. Latido a latido, las fuerzas me abandonaron, y el cuerpo cay� rendido. Pero la curiosidad, incansable batalladora sigi� su eterno camino y, sin ser visto, asist� a amores perdidos en la memoria de los que hoy estar aqu�. Tambi�n vi fantasmas llevando mensajes de esperanza. Palabras precisas que, al ser recordadas, a�n se clavan como lanzas. Y, desde entonces, continuo buscando la frontera de deformado cristal que separa los sue�os de esta vida tan real... ATRAS |