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Sí, soy poeta Hace ya bastante tiempo que me conozco, pero aún hace más tiempo que no me conozco, y hay veces, muchas veces, todavía más veces, que dentro de mi piel alguien me habla a menudo, muy a menudo, todavía más a menudo, y creo reconocerme en esa voz hueca y no. Pero ya cayeron las murallas, ya no me ofendo si me llaman poeta; poeta soy, sí, de la palabra simple y no porque mi verso sea bueno o no ¡qué sé yo! Soy poeta porque me lo dice la sangre más cerca del sentimiento que de la filosofía; sí, soy poeta quizás sólo en este momento, no sé con qué motivo ¿mañana? mañana no sé, yo hablo de este instante de efímeras uniones, hombre-palabras, padre e hijos. Ahora invito a aquellos de allá que dicen que no conozco al hombre; bien, no lo conozco -les digo hipócritamente- que mi verso es un vacío ¿y? ¿mañana? mañana está lejos, mañana no sé si al decirme poeta se me ensanchará la vida; en el último verso os presentaré al hombre- O si me veré, como en esta hora perfecta, en la boca de un niño y en la mirada de un anciano ¿mañana? ¿quién habla de mañana? no sé mañana -reitero- si estaré en los ojos grises y en los labios de la supervivencia, o si de un zarpazo, como ahora, muere el poeta; di mi palabra, me llamo Luis.
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