Soliloquio; con o sin nada


Dejaré que todo fluya,
sí, miraré el transcurrir de la ría
y dejaré al aire
mis pensamientos en vuelo.

Mas yo intuía, no,
sabía con certeza
que algo así iba a suceder
cuando llegué con nada

todavía, que no sin nada,
así que miraré la ría
tenebrosamente oscura
y recoseré el propósito

¿pero cuál? ¿qué propósito?
-dudas- ¿traía o no causa?
no, traigo colores claros,
traigo miedo a no saber;

el miedo me mantiene
más vivo aún, más rojo aún
pero más satén y más azul;
no obstante no describiré

aún más el rostro del miedo
este mío, nunca cobardía
¿estoy aquí, no?
sí, soy yo, eres tú -me palpo- soy.

También traigo en el pecho
una tristeza tosca
bajo un temblor vital;
he sucumbido a un pensamiento:

quiero que la luna me ame,
tan linda en su esfera,
tan estirada en plata sobre la sal,
tan compañera, tan exacta,

una mezcla de dulzura y fuerza,
-como una hembra andaluza
de cualquier especie o mujer,
sí, mujer, mujer y canto-

Vestiré sus trenzas lunares,
sus blancos lunares hondos
y la alianza será algo duradero,
que no eterno, que no infinito.

Quiero que el sol me odie a veces,
ya de vivo el día
y la ría de bronce y de espada
con los ruídos propios de la selva

aún en sus blandos rincones;
estoy donde quiero ser
lo que ya soy
sin saber exactamente qué soy;

si digo loco mostraré mi cordura
-sólo el loco no se sabe-
y si digo cuerdo me engaño
¿quizás nadie? sí, con o sin nada.
 

 

              

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