Poema sin título
Desde la roca soy el cuerpo
que toca el agua,
el árbol y echa hojas.
Con el fantasma disoluto de mí,
vaga mi yo iracundo y se pierde;
llego a una imagen,
se destroza y la rehago,
- por eso soy el de las manos rotas
y el corazón ardiente - sí,
ese que veis de espalda al mundo,
el que alza el rostro al cielo
y se pierde con las aves bellas,
el que besa con los ojos
muchos libros diferentes,
el común hombre similar
a otros hombres comunes;
¿quién miró los astros sin emoción?
Todo está en la orilla esta noche,
las estrellas a lo lejos
en un abrazo inmortal de luces y mar,
mientras una parte de mí,
esa que atañe a la inexorable
existencia de las inquietudes,
busca la otra mitad tranquila
para el orden de las cosas.
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