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Recto y risueño Porque estoy sin ti y no muero, muero por conservarme para cuando estés darte lo mejor de mí en los paisajes que en tu cuerpo me enseñan nuevos auxilios, y me manifiestan las horas disponibles para que el tiempo no interrumpa, para que el verano no prolongue más la luz que nos espesa repentinamente. Que mi cuerpo en ti no se hastíe a cada poco, cuando tocas con un pecho formas de yedra y dejamos el alma en la silla -que no se resienta el alma- cuando decidamos volar en el espanto en alardes de violencia pactada siendo dos extremas ferocidades; así para ti me conservo, oliendo aún en mí lo que de ti me dejaste la última vez que te inventé cuando el tiempo se detenía y el verano callaba.
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