Las piedras rojas del olvido
El olvido edifica en piedras rojas,
y así, sin duda,
en las rojas piedras del olvido
¿quiénes tocaron con sus aceites
los virginales roces al fondo?
Ah, agua milagrera de la vida,
en su agua fue mucho más
que esa honda caricia de agua.
Voy por los bordes de la tierra
como por los bordes del delirio
mientras se estrecha la noche
y la lleno de hojas, sí, de hojas
en amarillo que buscan el agua,
otras aguas en otro rostro,
otro rostro donde amar duela
y la felicidad sea eso, ser feliz.
No quiero que el sol me toque
de nuevo la frente sin sueño
ni que el mar odie las ausencias
del alma y del cuerpo doloridos
-sé que amé por el dolor grave-
quiero que el bloque de mi espíritu
rompa la cárcel que lleva mi boca,
marchar hacia donde nada se pula
y donde nadie vea mis errores
ni en mosaico asome mi cobardía;
ah, del pecho el amor en el aire
donde no se inclinen las roturas,
donde pueda hablarme sin oírme
y caminar en urbanas condiciones
no exista en las edades por cumplir,
donde tu nombre sea mi puerta.
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