Los buenos padres



Van los buenos padres
con sus buenas esposas,
con sus buenos hijos
en las tardes de otoño
a los parques de otoño,
padres entregados
en el fuego y en el pan
ignorando la desmemoria
de los actos cumplidos.

Mis buenos amigos van
achicando sus casas
con el júbilo infantil,
mientras el tiempo,
sigue su inmaterial
pose cenicienta.

Vienen de haber venido
en sus viejas edades
los trabajados abuelos
por el patio de la tarde,
con sus gruesos anillos
en sus reblandecidos dedos
al naranjo de noviembre,
a los hombros ágiles
en la sangre de sus nietos.

En la noria cuentan
cuando ellos eran
los buenos padres,
con sus buenas esposas,
con sus buenos hijos
y caminaban por el hambre
homicida y el desaliento.

Ciego en ser buen padre,
voy y vengo en las duras hélices
oxidadas del olvido.



 

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