Nada me limita


No me limita nada
cuando nadie ve lo que me limita,
el rellano de una hoja en blanco
que tiene el mundo,
un relámpago de fuego.

Ajustado voy a solas;
miro mis manos deshojar fronteras
en rotunda constancia
y mis ojos levitan en vano color,
después todo baila y estalla.

¿Quién sabe de mí? ¿yo?
esas veces que me deshago
y me invento,
como el humo que sigue a los trenes
de inercia conmovido.

En cambio
¿qué soy yo en la batalla?
de puro amor consternado,
a medio vuelo entre las cosas,
soy un guerrero sin nombre.

En el ejercicio del hastío
la vida separa más vida,
tal vez diferente
pero sombra y luz,
desposesión o gloria.

¡Oh, en la tierra llana!
levito sobre tumbas de música,
entre huesos buscando mis huesos
de la clavícula, de las rodillas,
al fin huesos muy míos.

Yo no decidí el silencio perfecto
que sucede tras las voces,
no pedí olvidar mi justo tono
-no recuerdo la gravedad de mi voz-
en el hueco al fondo del patio.

Pero a solas conmigo
nadie sabe ser nadie mejor que yo
en la disciplina del desorden,
nadie tiene navíos sobre la mesa,
ni es soldado en mi guerra de versos.
 

 

 

 

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