Caminar hacia mis imposibles
No son los pechos
apoyo para mi fantasía,
ni una mano sola la que guía
la otra mano por mi cuerpo;
no es la boca imán mío
ni la forma en que gobierna
las palabras que conversa
y luego silencio y camino;
no son las singulares caderas
bruscas maneras de fuego,
ni enloquece mi deseo
o hacen reir a mi tristeza;
no son los muslos
dos navíos entre papeles
aunque abiertos impelen
la suavidad del mundo;
no inunda el cuello
mis ojos de claridad,
ni las rodillas de cristal,
ni un ángel en la voz,
ni las venillas azules
que gritan cuando huyen
-ahí estás corazón-
Ahora bien,
si amanezco entre unos pechos
que apoyaron mi fantasía
en la noche y las manos
actuaron como un equipo
y la boca supo gobernar
suavidades en actos rebeldes
mientras me quemaba
rompiendo a cada poco la risa;
si enarbolado en sus caderas
los muslos fueron mares,
y el cuello fue la base
donde reposar su pelo,
su pelo muy negro, ah,
si las rodillas como diapasones
alentaron al ritmo -más, más-
y a gritos la sangre
puso un ángel en la voz;
si todo sucedió en una mujer
es que volví a caminar
hacia mis imposibles.
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