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Donde habito Habito ávido de muchas cosas como el humo que sigue a los trenes a lo lejos, en el volumen insonoro de las piedras, ahí, con la hermana gaviota que revolotea sobre las redes. Donde la frecuencia no existe y el mundo es una mano abierta, ahí, donde la vida ni el aire tienen festivos o gemelos, donde en la ausencia no se pierde el nombre de la patria. En los oídos de nadie, ahí habito. Los ríos me siguen en un manojo de días muertos, y ahí, entre los ajenos y yo, de silencio se levantan murallas donde se cierran los ojos. Pues mi casa es el viento, la piedra y el río, la vida y un manojo de aire, y ventanas y puertas llevo conmigo hacia el amor o la derrota siempre hasta que se me reclame.
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