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En la esquina Yo quisiera por un momento estar en la esquina de algo que no existiera y allí, en esa soledad, ser una equivocación perfecta, un grave error, la profundidad que todo grito sin ser hondo no tiene. Yo quisiera no conocer la mujer indomable de mis fantasías, ni sus curvas como cuchillos, ni su boca tan imaginada, ni sus pies o sus puntas, esa mujer que en la esquina se nutre de mi sufrimiento con exacta rotundidad. Yo quisiera que esta soledad fuera abril, y mayo la extensión de septiembre en la esquina donde esa mujer me calma las noches en vela entre sus pechos rosales; quisiera que siempre fuera verano de largas luces. Yo quisiera no saber nada -ya sé todo lo que hay que saber de no saber nada- y envolverme en la desolación hija de la ignorancia; yo quisiera dormir contigo, y averiguar el sentido de la soledad porque la soledad sólo al final tiene sentido.
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