Canto a unos ojos negros

 

I

En tu rostro,
simple como un nombre,
convergen dos arquitecturas,
dos profundas intenciones
de oscuras preciosidades,
dos cristales dulces,
dos rezos y un resplandor
que brilla en la noche
como dos rojísimas heridas
hundidas en espirales;
a veces ojos y a veces no,
girasoles de insomnio,
lágrimas secretas.
En tu rostro hay
dos enormes generosidades
que dejan a la vista el mundo,
una a la derecha de la otra
dos feroces retenciones,
dos fuentes, dos promesas,
dos bellezas negrísimas.
 

II

Son tus ojos de donde
no ha tocado el hielo
las claras aguas del arroyo,
y allí pertenecen siempre
tus ojos nunca míos.
De la pasión y de la entrega,
racimos de verde campo
en tus ojos desarrollan cristales,
partículas de infinitos
amores puros.
y siempre nunca me ven;
sueño en ellos
mareas que a propósito
tumban navíos de papel
en sus centros espumosos.
En tus ojos la luz se ahoga
de tanta luz de golpe,
lo dice el sol en su vergüenza;
son, en la continuación,
dobles astros a todo expuestos.
Tus ojos son el alma
que vive en el cuerpo del día;
aquí la tierra los espera
y la sombra sonríe
porque será más sombra
bajo sus resplandores naturales,
y más ligeras las margaritas,
y más azul pero más blanco el mar,
y más celestes las carnes,
y más transparente todo.
Al final de muchas cosas
se pueden inaugurar,
tus ojos que son terciopelo
en blanda forma y clara.
En la suave novedad,
en la arista de una vereda
o en el centro mismo
de todas las gentes del mundo.
Nadie lo sabe y nadie lo oculta,
solo quedan vivos en un árbol,
como una rosario de aros escondidos,
verdes o negros ojos ¿dónde?
 

III

Del vulgo tránsito
voy y vengo con dos cristales clavados,
de vivo iris, en la carne viva,
en cada gota de palabra.
Sólo una vez encontrados
miraré recorrer sus ejes,
sus dos medidas lunas
o la disposición de los párpados.
Los buscaré en la primera
luz de la mañana,
cuando aún el aliento es cerrado;
la belleza es así.
De la siembra será
el rojo fulgor del fruto maduro,
del sol las cosas propias del sol,
pero sólo yo conozco
el idioma de cada lágrima
y de cada risa;
será mía, sólo mía, la belleza
de tus ojos sobre todas las cosas.
 

 

                     

Hosted by www.Geocities.ws

1