Ardiente
(recitado
por ranyana)
Hay oro en la mirada de una mujer ardiente,
como una tormenta, como la lluvia ladeada,
agua pura que divide y cristaliza una espada
de sal en los ojos de la zarza hiriente.
El vacío es el todo que queda lleno de nada
en el corazón del hombre de tarea porfiante,
el músculo al que otorgamos amor; es sangre,
son pálpitos que se encienden y se apagan.
Inocencia de la tierra pura, mi querida indolente
a punto de la miel turbia y de la fragua,
cuerpo que se inclina en la tarde clara
sin saber que viene muriendo desde la fuente.
Mas con esa muerte sonreímos; aparece el alma,
dueña del menester del vacío anhelante,
tenebrosa almena, lágrima cuyo estandarte
en la mujer son dos cruces y una navaja.
Blanca mujer de la nada entre las gentes
o de todo mineral pulido en oro o en vasta plata,
vendrá el hombre con la luz nueva de la mañana
y tú saciarás su sed y su hambre lentamente.
Después llenará el vacío la soledad encadenada,
sonámbulos del quebranto al humano discordante,
dibujarán en la nada del espacio un punto distante
lleno de todo, lleno del rocío que vacía el alba.
Al fondo está tumbada, al fondo ella duerme
y su sueño debe ser un todo múltiplo de nada
y del patio ¡ah, del patio vacío de la casa!
En el patio sólo la flor del agua no es indiferente.
En la herida del mundo eres todo y eres nada,
cenizas de la carne viva en tu desnudo ardiente,
y el hombre ¡qué pobre soy! sólo un combatiente,
un nada que colma el vacío que lucha en tu batalla.
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