Hoy llegué por azar al sitio www.latinoamericano.cl y estando allí me detuve en una entrevista del 2003 a Javier Silvera. Me llamó la atención la lucidez de este músico-gerente al hablar de la música chilena, la uruguaya, las ventas, los mercados y sobre su entonces idea de grabar un disco, el cual me parece concretó muy fiel a lo que él imaginaba entonces que debía ser.
Pero hacia el final, en las ultimas dos respuestas se desliza una crítica general a los artistas chilenos respecto a su actitud de separar la labor artística (creación, interpretación) de la labor de marketing. Silvera explica así el que algunos sellos no apoyen a determinados artístas, porque si no son capaces de articular ellos mismos sus carreras incorporando el aspecto de cómo venderse, menos lo va a hacer una empresa externa.
Desconozco las experiencias particulares que él vivió, pero puedo imaginar que se haya topado con artistas "empelotados" en los cuales cuesta confiar y más invertir. Sin embargo, aunque en principio tiendo a estar de acuerdo, esta opinión suya me lleva a la reflexión -nada original por cierto- sobre las consecuencias de integrar en la propuesta artistística, las restricciones de mercado (un cuestionamiento similar se desarrolla respecto al cine chileno en la última edición de Wikén).
El cantautor que no busca venderse hará temas de estética íntima, personal, vanguardista, etc., pero muy pocos llegarán a conocer su arte. Por otra parte el cantautor que "busca una palmera para componer una canción que venda copias a granel", al poco andar sufrirá el autocuestionamiento (y eventualmente depresión) por haber tergiversado su intensión artística original para hacerla más comercial.
Si no les incomoda la analogía con las matemáticas, podríamos decir que es demostrable que en el primer caso la canción llegará necesariamente a un valor igual o más alto de su función objetivo, porque el espacio factible no se encuentra limitado por restricciones, como sí ocurre en el segundo caso. Nótese que lo anterior es válido tanto para restricciones de mercado (compongo para vender) como restricciones políticas (compongo bajo ciertos códigos de compromiso social).
Ahora bien, ¿en que situaciones hay suficiente libertad para componer?. Yo diría que básicamiente cuando no estás obligado a vivir de la música, ya sea porque tienes otra actividad remunerada o porque te mantiene tu mama/señora/hermano. Pero si vives de la música, el gran desafío es armar una propuesta que no traicione tu intención original de hacer un tipo particular de música/versos, y arreglarla/producirla para poder seducir a los auditores y poder pagar la cuenta del agua.
Para finalizar me quedo con la duda de si le cabe a los sellos un rol en la búsqueda de nuevos talentos. Yo entendería que si los sellos capitalizan ingresos por artistas más antiguos, deberían invertir parte de esos excedentes en la búsqueda de artistas que no son tan "ordenados" pero que son buenísimos en su arte. Pero al parecer los sellos no están en eso ni piensan estar. La señal de los sellos parece ser "autogestiónense, prodúzcanse, endéudense y si les va muy bien entonces puede ser que les demos un 7% en un contrato".